Ciudad de México.- Con una pose seria y nada triunfalista, el próximo mandatario de México, Andrés Manuel López Obrador, adoptó un discurso conciliador con el aún presidente Enrique Peña Nieto y con los poderes económicos del país, aunque sin renunciar a su promesa de “cambio radical” que lo llevó a ganar los comicios.
El presidente Enrique Peña Nieto refrendó a Andrés Manuel López Obrador la disposición del gobierno de la República a fin de brindarle el apoyo que requiera para preparar el inicio de la próxima administración federal.
El objetivo de esta coordinación, añadió, “concluir de manera ordenada y eficaz la actual administración y ofrecer al futuro gobierno las mejores condiciones para que pueda iniciar una gestión exitosa”.
Tras reunirse durante más de una hora con Peña Nieto en el Palacio Nacional, López Obrador ofreció su primera conferencia de prensa tras las elecciones del domingo.
A propuesta de Peña Nieto, ambos líderes acordaron que hasta que el Tribunal Electoral de México nombre oficialmente presidente electo a López Obrador, no comenzará el proceso de transición de poderes, que se alargará hasta la toma de posesión del nuevo presidente el 1 de diciembre.
López Obrador, que ofreció la rueda de prensa en solitario, y de la misma forma que en la noche electoral, quiso tranquilizar a los mercados reiterando que será “respetuoso” de la autonomía del Banco de México y los “equilibrios fiscales”, y aseguró que “no habrá injerencia en temas financieros” y que respetará los compromisos del Estado con bancos y empresas.
Todas estas palabras amables, sin embargo, no mueven ni un ápice a López Obrador en su voluntad de impulsar lo que él llama la cuarta transformación de México, tras la Independencia, las reformas liberales del siglo XIX y la Revolución.
“Queremos un cambio profundo, un cambio radical. Que nadie se asuste; radical viene de raíz, porque arrancaremos de raíz los privilegios”, aseveró.
López Obrador afirmó que va a convocar al papa Francisco y a otros dirigentes religiosos y de derechos humanos a México para evaluar la seguridad en el país y lograr la paz.
También prometió que cobrará menos de la mitad que el actual presidente, reiteró que no usará el avión presidencial y rechazó vivir en la residencia presidencial de Los Pinos, que quiere convertir “en un espacio para las artes y la cultura”.









