“Nos tocó cremar a familias enteras”

Nezahualcóyotl, Méx.- Víctor Cruz seca el sudor de su rostro con su antebrazo izquierdo, resalta un tatuaje de la Santa Muerte, con la mano derecha, en donde tiene tatuada la imagen de San Judas Tadeo, carga los guantes y el casco de “astronauta” que usa todos los días en su trabajo como cremador en el Panteón Municipal de Nezahualcóyotl.
Desde que inició la pandemia, la vida del hombre de 30 años cambió de manera radical, conforme aumentó el número de defunciones llegó a tener jornadas laborales de más de 20 horas, también aprendió a cargar cuerpos “frescos” y cremarlos lo más rápido posible, porque como hornero se enfrentaba a un desconocido enemigo: el SarsCoV2.
El hornero reconoce que el trabajo ha bajado en comparación de diciembre y enero, durante la segunda ola de contagios por coronavirus; sin embargo asegura que para él, la situación más crítica la enfrentaron en mayo y junio de 2020, durante el primer pico.
“Había un miedo enorme porque nos tocó cremar a familias enteras, antes pues venían y enterraban a un difunto y pasaban dos o tres años para volver a ver a esa familia, en mayo me acuerdo que un día vinieron los hijos de una pareja, primero enterraron a la mamá, a los dos días al papá, luego a unos tíos y a una hermana, fue muy difícil ver situaciones así y lo más increíble era que no creyeran en la enfermedad del covid”, narra.
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