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Se quedan sin educación por la violencia y covid-19

Por El Universal

Diciembre 27, 2020 03:00 a.m.

A

Zirándaro, Gro.- “Yo no entiendo muchas cosas, pero le echo ganas porque quiero que mis hijos por lo menos aprendan a leer y escribir”, dice Dioselina, una mujer que desde noviembre de 2019 le da clases a sus dos hijos.

Dioselina es una de los 3 mil 100 habitantes de las comunidades de San Rafael, El Limoncito, Los Cimientos, Cuajilote, Guayameo, La Piedra, El Guajolote, Los Alacranes, La Barranca y Santa Teresa, todas en la sierra de Zirándaro en la Tierra Caliente de Guerrero, que salieron huyendo de sus casas cuando los criminales convirtieron estos pueblos en un campo de batalla; las balaceras, las desapariciones y los asesinatos se hicieron recurrentes.

Desde entonces, sus dos hijos no ven a sus profesores, y la escuela donde estudiaban, la primaria Guadalupe Victoria está abandonada, llena de basura, con los salones llenos de humedad y los muebles deteriorados. Por la violencia, los maestros dejaron de asistir.

Dioselina regresó a su pueblo, San Rafael, apenas en junio de este año, tras siete meses de estar desplazada. Regresó porque en la zona se vive un momento de tranquilidad que no se sabe cuánto va durar. Los que no han vuelto son los profesores, ahora por la prohibición de las clases presenciales debido a la pandemia de Covid-19.

Dioselina continúa haciéndose cargo de la enseñanza de sus hijos. Lo hace como puede: estudió hasta secundaria y las herramientas tecnológicas en San Rafael son escasas. “Cuando comencé a darles clases sentía que me iba a morir, me ponía bien nerviosa y sentía el estrés aquí en los hombros, en la nuca, no sabía qué hacer”, recuerda parada en la puerta de su tienda que luce semivacía.

Estar conectada a internet es complicado: hay que pagar 35 pesos diarios por una ficha. Y conseguir esos 35 en San Rafael es más complicado. En el pueblo hay muy pocos, muchos aún no regresan y otros no piensan volver: los criminales les robaron todo y para comenzar de cero cualquier lugar es bueno; otro tanto se niega a vivir de nuevo esos días de terror.

Mientras San Rafael esté semivacío, a la tienda de Dioselina muy poco se acercarán. No hay trabajo, no hay nada que vender y pocos tienen para comprar.