30 millones

Hoy termina, afortunadamente el sexenio peñanietista, que pasará a la historia tristemente como uno de los que deja peores resultados a la nación, y mire que ha habido muchos malos, pero no tanto. La corrupción desenfrenada, su ineptitud completa para contener la violencia en el país y hechos que escandalizaron al mundo como Ayotzinapa y la Casa Blanca de Las Lomas, son solo botones de muestra de ello y obliga a los mexicanos a preguntarnos què hemos hecho mal o què hemos dejado de hacer para que este tipo de personajes se puedan encaramar a los puestos mas altos del poder político del país.
¿Qué tienen Corea del Sur, Francia, Alemania, Japón o EUA que no tengamos los mexicanos? Me parece que lo principal, es que tienen un efectivo Estado de Derecho. Donde ha sentado sus reales el respeto a la Ley y un orden social que tiende a atenuar la riqueza de los más poderosos y a mo derar la pobreza de los sectores débiles. También, me parece, son sociedades, como por ejemplo Sud Corea, en las que en su sistema educativo está muy firme el reconocimiento del mérito de cada individuo y se estimula su buen desempeño, no solo en la educación, sino en los ámbitos de trabajo, de la política y del deporte. Corea del Sur, que en los años 60’s tenía un ingreso per cápita inferior al de México, hoy lo supera en cuatro tantos más.
En Política nunca hay triunfos “para siempre” ni derrotas definitivas. Las circunstancias son cambiantes, las simpatías de los electores suelen ser temporales, efímeras. Los 30 millones de votos que le dieron a AMLO la presidencia 2018-2024, por su promesa de acabar con la corrupción y la inseguridad, si no da los resultados prometidos, se le pueden revertir más rápido de lo que piensan los regocijados morenistas (antes priistas muchos de ellos), que lo rodean felices de que prolongarán su acceso a las mieles del presupuesto nacional. Además, esos votos que representan el 53% de los que acudieron a las urnas, son en realidad solo una tercera parte del universo electoral, es decir del padrón de electores registrados, donde casi dos terceras partes de los ciudadanos mexicanos, NO votaron por AMLO, votaron por otras opciones o simplemente no votaron.
Sí. El país requiere de una verdadera transformación política. Pero no cualquiera, sino una que abra el paso a una transformación social y económica que dé oportunidad a todos los mexicanos por igual para acceder a un modo de vida digno, que les permita educarse, trabajar y gozar de un nivel de vida con acceso a los bienes de la cultura, de la libertad y de la justicia. Que dé paso a un verdadero estado de Derecho donde el respeto a la Ley sea la regla y no la excepción, en el que no sea la impunidad el principal acicate para el delito y la prevaricación. En el que los gobernantes que faltaron a sus deberes, como lo fue EPN, sea sometido a proceso justo (Aunque AMLO se oponga), y de proceder, sufra las consecuencias de sus faltas y omisiones, sin ánimo alguno de venganza, pero sí de justicia. Un país en el que verdaderamente se privilegie el mérito y el esfuerzo de las personas, para que sean siem pre los mejores mexicanos, los más capaces, los más honestos, los que no tienen antecedentes de vida oscuros, quienes lleguen a escalar los altos puestos en el servicio público, en cada municipio, en cada estado y en la escala de lo nacional. Pero esa transformación, no es la que está llevando a cabo López Obrador, porque aún sin haber tomado posesión del cargo de presidente ya está tomando decisiones políticas que dañaràn a los mexicanos. Ojalà que sus hechos de gobierno sí se traduzcan en genuino bienestar para todos.
Y en última instancia, su triunfo electoral no le otorga infalibilidad. Así lo hubiera votado el 100% del padrón, seguiría siendo, como cualquier humano falible y sujeto al error. Seguiría estando expuesto a la ceguera que produce casi siempre el ego que se infla con el halago de quienes a la sombra del poderoso medran y abusan del poder. López Obrador en estos cinco meses que ya transcurrieron desde su triunfo del 1º de julio, ha dado ya múltiples ejemplos de su talante auto ritario, de sentirse el dueño absoluto de la verdad y de aparentar que escucha las discrepancias, pero no se mueve un milímetro de lo que su voluntad o su capricho le dictan. Con el aplauso y el incienso de su amplia mayoría en ambas cámaras, que igual lo elogian si dice que Peña Nieto encabeza la Mafia en el Poder, como ahora lo elogia y le da garantía de impunidad, o rechaza categóricamente la militarización de la seguridad pública durante la campaña, como ahora decide incrementarla con 50 mil elementos más de la Guardia Nacional. Con desparpajo anuncia que enviará a cada estado de la república una especie de super delegado que tendrá amplia injerencia en las mas delicadas responsabilidades del manejo de los presupuestos estatales, atropellando la soberanía de los estados consagrada en la Constitución General de la República y en la de los estados.
Dice que va a elaborar una “Constitución Moral”, y afirma reiteradamente que en su código personal tiene tres reglas que son: NO MENTIR, NO ROBAR Y NO TRAICIONAR al pueblo de México, ¿Puede, sin contradecir y su código y su constitución moral otorgar amnistía o perdón al gobierno más corrupto de la historia, como lo es el de EPN? ¿Puede hacerlo sin proteger valores como la familia, el respeto a la vida y la Solidaridad? ¿Puede López Obrador otorgar ese perdón por el saqueo desatado de fondos que no son de su propiedad, sino de los mexicanos? ¿Sus epítetos y faltas de respeto a ciudadanos o periodistas que discrepan, ayudan a unificar a los mexicanos?
AMLO está cayendo todo el tiempo en contradicciones que no auguran buenos tiempos a este país