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Al tiempo

Por Catón

Febrero 19, 2026 03:00 a.m.

A

El cuento que en seguida narraré no aspira a ser surrealista. El surrealismo, movimiento en el cual se inscriben nombres como los de Breton, Dalí, Buñuel y México, es una categoría demasiado elevada para un relato que apenas puede merecer el modesto título de absurdo. Helo aquí. Aquel circo ofrecía como su máximo espectáculo a "El Increíble Gran Bertini". En la función de estreno se presentó el artista en traje de baño y con una capa de terciopelo rojo. Grandilocuente, el director de pista anunció: "El Gran Bertini subirá a un trampolín de 10 metros de altura, y se tirará de clavado ¡a un barril con agua!". El audaz clavadista dejó caer su capa -el traje de baño no-, y ágilmente subió por una escala de cuerda. Desde el trampolín saludó con elegante ademán al público, que aguardaba en silencio expectante la prodigiosa hazaña. Luego se lanzó de clavado al barril. ¡Qué clavado fue aquél! Me hizo recordar a Joaquín Capilla. Cayó el Gran Bertini en el centro del barril con agua, y emergió de él indemne y orgulloso entre el atronador aplauso de la concurrencia. "Ahora, damas y caballeros -proclamó el empresario- el Gran Bertini subirá a un trampolín de 15 metros de altura, y se tirará de clavado ¡¡a una cubeta con agua!!". El asombro del público no conoció límites, si me es permitida esa expresión inédita. ¿Cómo era posible tal proeza? Un ayudante trajo una cubeta o tina que contendría apenas unos 7 litros de agua. El Gran Bertini subió hasta el trampolín y se arrojó de cabeza a la cubeta. Cayó en ella y otra vez salió sin daño y con sonrisa de triunfador. Los asistentes lo ovacionaron de pie, y luego se dispusieron a salir. ¿Qué más podía verse después de aquella prodigiosa hazaña? Los detuvo la voz del director de pista: "¡Momento, señoras y señores! ¡No se vayan! Todavía falta lo mejor. El Gran Bertini subirá a un trampolín de 20 metros de altura y se lanzará de clavado ¡¡¡a un trapeador húmedo!!!". Los presentes no podían dar crédito a lo que sus oídos escucharon, si se me permite otra inédita expresión. De pie, atónitos y estupefactos, vieron cómo el ayudante colocó el trapeador dándole un giro a fin de que quedara extendido, y en silencio miraron al Gran Bertini trepar por la escala de cuerda hasta el vertiginoso trampolín. En aquella altura casi no se podía ver al clavadista. Hubo ahora redoble de tambores, y allá viene de clavado el extraordinario atleta. Tan grande fue el trayecto de caída que alcanzó a dar dos maromas en el aire antes de caer en el trapeador. ¡Oh espanto! El Gran Bertini se levantó todo golpeado, tundido y lacerado, con tres costillas rotas, descalabrado, herido, arrojando sangre por todos los orificios naturales de su cuerpo. Preguntó hecho una furia: "¿Quién fue el hijo de la chingada que me exprimió el trapeador?"... Poco a poco se va exprimiendo el de la 4T. Defecciones, expulsiones y traiciones están abriendo grietas en la que antes parecía monolítica estructura del nefando sistema obradorista, que tantos y tan graves daños ha hecho a nuestro país. No será la oposición, inexistente ya por lo demás, la que hará caer al régimen. Caerá por su propia descomposición. Demasiadas manzana podridas hay en su interior que acabarán por pudrir a ese pernicioso engendro. Al tiempo. Mientras tanto daré salida a un chascarrillo final... "Acúsome, padre, de que anoche dormí con mi novio". Eso le dijo Pirulina, pizpireta chica, al padre Arsilio. Acotó el sacerdote: "Lo malo es que no duermen, hija. De penitencia rezarás 10 padrenuestros". Sugirió Pirulina: "Que de una vez sean 20, señor cura, porque hoy en la noche le vamos a seguir"... FIN.