Biopoder
No se termina de superar, por completo, la crisis de salud pública desatada por la pandemia del virus “Covid 19”, cuando ya se mencionan otras enfermedades raras como la denominada “viruela del mono” que se propaga, así sea de manera aún limitada, por algunos países como España y Portugal. Pareciera cumplirse un destino inexorable de la humanidad que, por ejemplo, Michel Foucault, refirió como manifestación específica de una época de instauración del “biopoder”, en sustitución de la anterior tecnología disciplinaria de cuerpos, en lo individual, del capitalismo clásico. El ejemplo típico de una crisis de salud pública en esa época anterior sería el de las pandemias que mermaban, de cuando en cuando, los cuerpos de algunos grupos de personas; en tanto que, el sello de las sociedades del biopoder, sería la instauración de crisis mórbidas endémicas, esto es, de más largo plazo y con alcance poblacional más amplio.
Un nuevo tipo de disciplinamiento que habría obligado no sólo a seguir el saludable hábito de lavarse las manos con mayor frecuencia, usar gel anti-bacterial y cubre-bocas en espacios cerrados, sino también a prepararse para improvisar cuando se presentan inconvenientes inesperados asociados al riesgo latente de padecer un contagio de Covid 19. Un ejemplo curioso de esto último es una nota, un tanto chusca, que se hizo viral en redes sociales, refiriendo el caso de una novia que tuvo que bailar el vals del día de su boda con un hombre de cartón, literalmente, toda vez que al novio “se le ocurrió enfermarse de Covid” la víspera del casorio. Jocosidad aparte, es una muestra del grado al que se ha llegado con los problemas de salud pública en la época presente y, en efecto, pareciera una manera novedosa de acostumbrarse a una suerte de control social que, junto con pegado, se traduce en problemas económicos por la ralentización de las actividades productivas.
Esa ralentización de las actividades productivas, en distintas regiones del mundo, configura una nueva etapa que tiene ya algo de tiempo y se corresponde con un proceso de larga duración, tal y como lo refiere José Antonio Rojas Nieto, siguiendo un texto clásico de Fernand Braudel (“La Jornada”, 8 y 22 de mayo de 2022). Esa etapa bien podría empatarse con lo que se conoce como neoliberalismo y que, con todo y sus crisis estructurales, parece que aún tiene cuerda, rondando ciclos de hasta 50 años, pero que, de todos modos, ya empieza a mostrar los alcances de sus límites temporales y, por eso, mismo, el aprovechamiento de situaciones que contribuyen al enriquecimiento de unos pocos porque el tiempo es cada vez más corto.
Por eso, no extraña el dato que se ha presentado, recientemente, acerca de las ganancias extraordinarias logradas por las grandes farmacéuticas en el mundo con la crisis de salud pública que, dentro del prolongado ciclo de epidemias sucesivas que se han presentado (por ejemplo las últimas de la influenza y el Covid 19) en los últimos años, se ha vuelto culturalmente endémica (algo como lo que sugiere Jean Braudillard en “El espejo de la producción”). Así, para la pandemia Covid 19, se tiene que “en los años 2020 y 2021, el valor de mercado de grandes farmacéuticas como Moderna, Pfizer, BioNtech, AstraZeneca, Novavax y Johnson & Johnson se incrementó en 227 mil millones de dólares, aún y cuando en 2022 se ha frenado porque se ha avanzado ampliamente con la vacunación, además de sucesos como la guerra de Rusia con Ucrania” (en “La Jornada”, 8 de mayo de 2022).
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