Hoy viernes el diputado José Luis Romero Calzada Tekmol vuelve a su curul siendo ya precandidato a diputado federal por el segundo distrito; y tiene razón de ser, mientras sea sí o sea no, para qué renuncia a su circense terapia ocupacional y dietas que le genera el Congreso del Estado. Si todas son como Romero, menudas fichas las del Revolucionario Institucional para puestos de elección popular.
Pero mientras el PRI se muestra indeciso, vulnerable y sin perfiles idóneos a los distintos cargos de elección popular, el PAN hace gala de una aparente variedad de excedentes entre su militancia; tantos que muchos fueron los que no alcanzaron carro en su proyecto por contender por alguna diputación.
De entre los que se quedaron fuera destacan, por ejemplo, en el segundo distrito Laura Gama Basarte a la que no bastó el apoyo de su hermano, Marco Antonio. En el tercer distrito se quedó con las ganas Xavier Boelsterly quien, aunque carente de trabajo partidista, fue uno de los principales actores en el acercamiento entre la dirigencia del PAN estatal y Xavier Nava Palacios.
Reincidente en la degustación de las mieles legislativas del cuarto distrito fue Miguel Maza, quien a pesar de que cuenta con bastante trabajo partidista se quedó con las ganas; fue preferido el conductor de televisión Ricardo Villarreal Loo, operador en Canal Siete, de Javier Azuara, a quien entrevistaba rumbosamente un día sí y otro también. Y habrá quién diga que el chayote no existe.
Octavio Pedroza, eterno amartelado de los cargos públicos, que amenaza con convertirse en dinosaurio azul (si no es que ya lo es), quedó fuera del séptimo distrito. Quizá mucho derive de que no ha sabido restañar las lesiones causadas al interior del PAN luego de su rompimiento con Anaya y haber votado la ley de seguridad interior. Lo cierto es que su interés en una operación cicatriz no debe de ser muy fuerte, ya que está más ocupado con los dividendos que le genera su vice representación senatorial, que mínimo le garantiza un millón de pesos mensuales.
También suspirante al séptimo distrito, Marcela Zapata Suárez del Real quedó fuera; se rumora –no obstante– que alguien que le es cercano judicializará una acción afirmativa por equidad de género. Podría ser una buena legisladora, desde luego, pero le falta práctica con la operación política; sigue presente la imagen de regidora apabullada por el alcalde capitalino.
Los dos anteriores fueron desplazados por José Antonio Zapata Meraz, primo de Javier Azuara y de Héctor Meraz González, coordinador de Finanzas en el Congreso (hijo del diputado con licencia Héctor Meráz Rivera, candidato a la alcaldía de Tanquián). Que luego no se diga que en Acción Nacional no hay preocupación por la unidad familiar.
En el caso del candidato a senador que representará al PAN en su alianza con el PRD –que irá representado por una mujer–, merece especial atención el curso que siga la designación. Se han registrado Marco Gama –secundado por don Paco Salazar–; Juan Pablo Escobar –con suplencia de Juan Antonio Gutiérrez, y Alejandro Lozano González, con la suplencia de Rubén Guajardo Barrera, secretario adjunto del CDE del PAN, muy vinculado a Jorge Arturo Manzanera Quintana, obscuro operador del panismo nacional.
Nada indica que vayan a ser los terceros, aunque es fácil considerar que éstos sean los favoritos en las dirigencias local y nacional; sin embargo, una vez que se sepan los nombres será fácil suponer por dónde irán las aguas.
A propósito de la alianza amarillo y azul, continúa la moneda en el aire; sigue la urdimbre en la designación del candidato a la alcaldía capitalina. Aunque en un principio todo indicaba que Ricardo Gallardo sería el candidato natural para el cargo, cerrando así toda posibilidad a Xavier Nava Palacios, el registro de éste último bajo el membrete panista hace replantear el panorama.
Benefician más al PAN –y a Anaya– la nominación de Gallardo, pues trae con él los votos de siete municipios más la capital, que la de Nava, quién por el contrario, les restaría votos al dividirlos en cuatro sectores: los del panismo de nueva era y algunos congelados; los del panismo tradicional y escéptico a la alianza, que saben que de alcanzar el triunfo Nava, les aplicará la misma que a Gallardo: si fuimos, ya no lo somos; los del navismo histórico e inclaudicable –que miran a Xavier como un traidor por sus sucesivos amarres–, y los navistas flexibles partidarios del proyecto. En realidad representa poco capital en votos, ya que los segundos en parte y los terceros en totalidad, se canalizarían a MORENA.
Que no le hagan al misterio del conejo; si ustedes saben de lectura entre líneas, la respuesta –parece ser– ayer se dio en Las nueve esquinas, a propósito de cierta entrevista a horas que no son propias de gente decente. Gallardo pudiera ir con su color amarillo –en alianza matizada con el priísmo–, y así redituar votos a Meade.
Si Carreras todavía se encuentra conectado al mundo de la razón, sabe que en estos momentos no puede garantizar ni las tres cuartas partes de votos con los que él alcanzó la gubernatura; se encuentra frente a un bajo nivel de aceptación. Ir sólo con el PRI implica una cantidad absurda de sufragios, la única manera de asegurarlos es mediante esa alianza. Los costos y beneficios negociados, o todavía sobre la mesa, sólo la santísima trinidad los sabe.
A propósito de uniones libres y matrimonios simultáneos, el propio Gallardo lo señaló hace unos días: El matrimonio es un gran compromiso en el que la confianza y la alianza son claves para que la unión perdure con el paso de los años.
Y mientras a algunos generan miedo los procesos de elección de candidatos, a una gran parte de la ciudadanía genera terror el retorno de José Luis Urban Ocampo a una dirección de seguridad, aunque en esta ocasión municipal. Todavía está fresco su tránsito por la estatal durante el nada lejano sexenio de Fernando Toranzo; otros recuerdan cómo buscó apropiarse de los bienes de una difunta cronista.
Los hechos y sus actores siguen igual, otros peores; continúan presentes vínculos sanguíneos y negocios familiares; arreglos en lo obscurito y a plena luz del día; cinismo y locura; vaguedades; cerrazón, irracionalidad, inestabilidad, incertidumbre. De todo, como en botica.
Óscar G. Chávez
Pero mientras el PRI se muestra indeciso, vulnerable y sin perfiles idóneos a los distintos cargos de elección popular, el PAN hace gala de una aparente variedad de excedentes entre su militancia; tantos que muchos fueron los que no alcanzaron carro en su proyecto por contender por alguna diputación.
De entre los que se quedaron fuera destacan, por ejemplo, en el segundo distrito Laura Gama Basarte a la que no bastó el apoyo de su hermano, Marco Antonio. En el tercer distrito se quedó con las ganas Xavier Boelsterly quien, aunque carente de trabajo partidista, fue uno de los principales actores en el acercamiento entre la dirigencia del PAN estatal y Xavier Nava Palacios.
Reincidente en la degustación de las mieles legislativas del cuarto distrito fue Miguel Maza, quien a pesar de que cuenta con bastante trabajo partidista se quedó con las ganas; fue preferido el conductor de televisión Ricardo Villarreal Loo, operador en Canal Siete, de Javier Azuara, a quien entrevistaba rumbosamente un día sí y otro también. Y habrá quién diga que el chayote no existe.
Octavio Pedroza, eterno amartelado de los cargos públicos, que amenaza con convertirse en dinosaurio azul (si no es que ya lo es), quedó fuera del séptimo distrito. Quizá mucho derive de que no ha sabido restañar las lesiones causadas al interior del PAN luego de su rompimiento con Anaya y haber votado la ley de seguridad interior. Lo cierto es que su interés en una operación cicatriz no debe de ser muy fuerte, ya que está más ocupado con los dividendos que le genera su vice representación senatorial, que mínimo le garantiza un millón de pesos mensuales.
También suspirante al séptimo distrito, Marcela Zapata Suárez del Real quedó fuera; se rumora –no obstante– que alguien que le es cercano judicializará una acción afirmativa por equidad de género. Podría ser una buena legisladora, desde luego, pero le falta práctica con la operación política; sigue presente la imagen de regidora apabullada por el alcalde capitalino.
Los dos anteriores fueron desplazados por José Antonio Zapata Meraz, primo de Javier Azuara y de Héctor Meraz González, coordinador de Finanzas en el Congreso (hijo del diputado con licencia Héctor Meráz Rivera, candidato a la alcaldía de Tanquián). Que luego no se diga que en Acción Nacional no hay preocupación por la unidad familiar.
En el caso del candidato a senador que representará al PAN en su alianza con el PRD –que irá representado por una mujer–, merece especial atención el curso que siga la designación. Se han registrado Marco Gama –secundado por don Paco Salazar–; Juan Pablo Escobar –con suplencia de Juan Antonio Gutiérrez, y Alejandro Lozano González, con la suplencia de Rubén Guajardo Barrera, secretario adjunto del CDE del PAN, muy vinculado a Jorge Arturo Manzanera Quintana, obscuro operador del panismo nacional.
Nada indica que vayan a ser los terceros, aunque es fácil considerar que éstos sean los favoritos en las dirigencias local y nacional; sin embargo, una vez que se sepan los nombres será fácil suponer por dónde irán las aguas.
A propósito de la alianza amarillo y azul, continúa la moneda en el aire; sigue la urdimbre en la designación del candidato a la alcaldía capitalina. Aunque en un principio todo indicaba que Ricardo Gallardo sería el candidato natural para el cargo, cerrando así toda posibilidad a Xavier Nava Palacios, el registro de éste último bajo el membrete panista hace replantear el panorama.
Benefician más al PAN –y a Anaya– la nominación de Gallardo, pues trae con él los votos de siete municipios más la capital, que la de Nava, quién por el contrario, les restaría votos al dividirlos en cuatro sectores: los del panismo de nueva era y algunos congelados; los del panismo tradicional y escéptico a la alianza, que saben que de alcanzar el triunfo Nava, les aplicará la misma que a Gallardo: si fuimos, ya no lo somos; los del navismo histórico e inclaudicable –que miran a Xavier como un traidor por sus sucesivos amarres–, y los navistas flexibles partidarios del proyecto. En realidad representa poco capital en votos, ya que los segundos en parte y los terceros en totalidad, se canalizarían a MORENA.
Que no le hagan al misterio del conejo; si ustedes saben de lectura entre líneas, la respuesta –parece ser– ayer se dio en Las nueve esquinas, a propósito de cierta entrevista a horas que no son propias de gente decente. Gallardo pudiera ir con su color amarillo –en alianza matizada con el priísmo–, y así redituar votos a Meade.
Si Carreras todavía se encuentra conectado al mundo de la razón, sabe que en estos momentos no puede garantizar ni las tres cuartas partes de votos con los que él alcanzó la gubernatura; se encuentra frente a un bajo nivel de aceptación. Ir sólo con el PRI implica una cantidad absurda de sufragios, la única manera de asegurarlos es mediante esa alianza. Los costos y beneficios negociados, o todavía sobre la mesa, sólo la santísima trinidad los sabe.
A propósito de uniones libres y matrimonios simultáneos, el propio Gallardo lo señaló hace unos días: El matrimonio es un gran compromiso en el que la confianza y la alianza son claves para que la unión perdure con el paso de los años.
Y mientras a algunos generan miedo los procesos de elección de candidatos, a una gran parte de la ciudadanía genera terror el retorno de José Luis Urban Ocampo a una dirección de seguridad, aunque en esta ocasión municipal. Todavía está fresco su tránsito por la estatal durante el nada lejano sexenio de Fernando Toranzo; otros recuerdan cómo buscó apropiarse de los bienes de una difunta cronista.
Los hechos y sus actores siguen igual, otros peores; continúan presentes vínculos sanguíneos y negocios familiares; arreglos en lo obscurito y a plena luz del día; cinismo y locura; vaguedades; cerrazón, irracionalidad, inestabilidad, incertidumbre. De todo, como en botica.
Óscar G. Chávez

