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Campañas y desarrollo local

Por Marco Iván Vargas Cuéllar

Febrero 22, 2024 03:00 a.m.

A

¿Qué relación tienen las elecciones con el desarrollo de nuestra comunidad?. En este espacio he insistido en la idea de prestar atención a la importancia de los procesos electorales locales porque es en ese ámbito de responsabilidad en donde se encuentra el núcleo de producción política con mayor incidencia en la calidad de vida de nuestras comunidades.

A pocos días de que inicien las campañas proselitistas para la Presidencia de la República, he advertido que existe un riesgo de que en una elección concurrente como la que tendremos en 2024, la discusión y la construcción de la agenda de asuntos públicos que habrán de discutirse durante las campañas proselitistas esté más centrada en el debate nacional mientras que los temas locales pueden quedar subsumidos a un nivel de importancia secundario. Y este es un riesgo que tenemos que evitar.

Esto podría generar en algunas candidaturas locales, un fenómeno semejante a viajar de polizón -o free riders en alguna literatura de las ciencias sociales-. Es decir, que el esfuerzo por la construcción de la narrativa de su candidatura esté más basado en el debate nacional que en su capacidad de establecer diagnósticos, propuestas y compromisos específicos para la localidad que se propone servir o para su ámbito de responsabilidad. Un ejemplo de esto último pueden ser las candidaturas a un espacio legislativo que formulan propuestas o adquieren compromisos que no son competencia de una diputación o de una senaduría. De esta manera puede haber candidaturas que dediquen un mínimo de esfuerzo narrativo y se aprovechen de la fuerza de la discusión del ámbito nacional para hacer campaña.

Es por eso que resulta fundamental visibilizar la importancia de los puestos locales y elevar la demanda de calidad de políticas en este ámbito de responsabilidad. Y éste es un esfuerzo compartido que requiere de personas promotoras de la calidad del debate público y de la comprensión pública de lo que habrá de votarse. La autoridad electoral debe asumir el reto de emprender un esfuerzo institucional de educación cívica y de promoción de la participación ciudadana que parta de una idea bastante más completa que la mera promoción del voto. Pienso que todas y todos podríamos estar de acuerdo en que una elección es más legítima en la medida en la que participa una mayor cantidad de personas. Y esto es así porque la abstracción de la voluntad popular se perfecciona en la medida en la que existan más voces que la alimenten; sin embargo, desde hace un tiempo he estado sosteniendo que importa tanto la cantidad de personas que votan como la calidad de la comprensión pública de lo que se vota. 

Este desafío no es un asunto menor. La manera en que se hacen campañas proselitistas en nuestro país ha cambiado mucho en las últimas décadas. La irrupción de las campañas en las redes sociales no tiene ninguna novedad pero sí es relevante considerar que la sobre simplificación de los mensajes políticos es atractiva y peligrosa. Captar la atención del público en unos pocos segundos en un video de TikTok podría tener más impacto que horas de discurso en un mitin político. Lejos de arrinconarnos en una discusión sobre cómo deberían de ser las cosas, resulta bastante más pertinente entender cómo es que se construyen y se distribuyen de manera eficaz los mensajes políticos el día de hoy. 

La aspiración pública por contar con una elección que esté basada en el voto informado no sólo requiere de un conocimiento más profundo de las candidaturas y la contrastación de sus propuestas, sino además, del análisis que cada persona habrá de hacer para evaluar si la oferta política se ajusta a sus expectativas. Algunas estarán basadas en la satisfacción de necesidades básicas inmediatas, otras pensarán en las condiciones estructurales que pueden determinar el desarrollo local. Todas son necesarias, todas son legítimas. De esa pluralidad también está hecha nuestra democracia.

X (antes twitter): @marcoivanvargas