Ciro
No voy a repetir lo que ya se sabe del cobarde atentado en contra del periodista Ciro Gómez Leyva la noche del jueves, pues ya se ha dado amplia cuenta del desarrollo de los hechos, de manera detallada, en medios de comunicación y redes sociales.
El historiador romano Suetonio dijo: “En un Estado verdaderamente libre, el pensamiento y la palabra deben ser libres”.
Hoy en México no vivimos en un Estado verdaderamente libre. No lo es desde el momento que las voces críticas al señor López son atacadas, señaladas, vituperadas, insultadas y amenazadas desde Palacio Nacional, cada mañana, en cada oportunidad en la que el fascismo se dirige a sus adeptos.
En la revista “Razón y Palabra” escribió en febrero pasado Rafael Gerardo Vargas Pasaye un artículo titulado “La Conferencia mañanera de AMLO y la cultura de la cancelación” (visible en https://www.revistarazonypalabra.org/index.php/ryp/article/view/1871/1724). En el texto el autor anota: “La dinámica, la forma y el fondo responde a los de otros mandatarios populistas (Urbanati, 2018) pero en lo que respecta al tema de la cultura de la cancelación podríamos enumerar al menos tres puntos que son los que de primera mano el presidente López Obrador tiene para su explotación: 1. Decidir a quien dar la palabra. Dejando con ello sin posibilidades a quienes él no desea se expresen en ese foro. 2. Responder de acuerdo con su estrategia. No importa la pregunta, si el mandatario no la desea responder lo expresa tal cual o se recarga en la expresión conocida como los otros datos cancelando un posible debate pues la información ya no es el tema, sino quién tiene la razón. 3. Señalar quién dice la verdad. El citado espacio llamado ¿Quién es quién en las mentiras? cuyo objetivo es desvelar a personas o grupos opositores al gobierno, de acuerdo con el mismo gobierno, y en su mayoría periodistas.”
Sigue diciendo el texto citado: “De esta forma en tres años se ha pasado de buscar reconstruir el espacio público, a buscar controlar la agenda, a intentar dictaminar la verdad, y todo en un manto religioso que soporta el tema de la moralidad, las expresiones del tipo No somos iguales, nosotros no robamos, y similares se enuncian en ocasiones sin fundamento, y ante las pruebas el argumento de los otros datos, o el no respondo, hace que el debate se cancele.”
El ambiente creado por el señor López se convierte entonces en caldo de cultivo idóneo para que se puedan tomar decisiones canallas, como es el caso del atentado contra Ciro. Para una acción contra alguien de tan alto perfil se requiere una anuencia de alta esfera. Alguien se sintió con el poder y la impunidad suficiente para decidir atacar al comunicador, confiado en que, como es nuestra realidad en México, nada va a pasar.
Y no es que se pueda atribuir a López en forma alguna participación en estos hechos, sino que genera el entorno en que se desarrolla la percepción de que existe un sector de individuos a los que no se toca ni con el pétalo de una flor, que se protege desde la presidencia y que jamás deberán temer enfrentar a la ley y, menos aún a la justicia que igualmente vilipendia el mañanero palaciego en cuanto tiene oportunidad. Viene a la memoria el culiacanzo.
López es el artífice de la cruzada contra la libertad de expresión, usando todo lo que tiene a mano. Escribe Vargas Pasaye: “A todo ello hay que sumar el gran apoyo en redes sociales digitales con el que cuenta el presidente en diferentes frentes y desde hace años, lo han demostrado en sus pasadas campañas electorales (2006, 2012 y sobre todo 2018), esos grupos sin menoscabo, y sin preguntar, simplemente recibiendo instrucciones pueden empezar una campaña de desprestigio o de cancelación hacia quien se ordene, sobre todo a quien ha sido declarado o descrito como enemigo del presidente”
Para, Ciro Gómez Leyva, mi solidaridad y mi admiración. Los disparos contra él, fueron disparos contra todos los mexicanos que creemos en poder decir libremente lo que pensamos.
@jchessal
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