Consolidar la 4T
El Presidente AMLO ha sido enfático en advertir que, una vez abierto el proceso de definición de la candidatura a la Presidencia de México por parte del partido político con más posibilidades de ganar esa elección el año venidero, léase MORENA, se intensificarán los golpes bajos de los adversarios y enemigos políticos del proyecto de transformación institucional del país. En términos de la vieja teoría política de izquierda se plantearía que, a las condiciones subjetivas que prevalecen en la mayoría del pueblo mexicano, en términos de avalar la gestión del presidente AMLO, se opondrían ideas de conservadores que ya estarían trabajando un proyecto alternativo de nación que a sus intereses de grupos les acomode, pero resulta que no hay tal acometida intelectual de la derecha sino, apenas, expresiones de re-sentimiento, que rayan en el odio, por la pérdida inesperada de privilegios que implicó el cambio político profundo iniciado en 2018. Ante la falta de ideas, por supuesto que campean las expresiones ancladas en la visceralidad del momento. Para muestra, con el botón grotesco de la señora Téllez es más que suficiente.
Pero resulta que no solamente se trata de condiciones subjetivas que van delineando el horizonte de la disputa política venidera, sino de condiciones objetivas que apuntan a un ambiente, sobre todo económico, propicio para garantizar paz social y estabilidad política para la continuidad del proyecto de transformación del país. Y lo antes referido no viene precisamente de los promotores de la 4T, sino de observaciones de agencias financieras externas que, sabido está, al final del día, no tienen patria ni bandera, sino simplemente cálculos fríos de ganancias lucrativas. De tal suerte que, cuando esas agencias de capital financiero advierten que las condiciones para un cierre de gobierno son estables política y económicamente hablando, ni modo de alegar que se trata de manipulaciones de la realidad.
Lo anterior viene a cuento porque, recientemente, Jaime Serra Puche, presidente del consejo de administración de la filial mexicana de BBVA, declaró que: “es muy probable que México llegue al final del sexenio actual con estabilidad en los campos político y económico”. Y ya se sabe que no es lo mismo lo posible que lo probable porque, como planteara un intelectual como Carlos Castillo Peraza (cuando había ideas, de derecha, pero ideas al fin): “es posible que un elefante vuele, pero a la hora de hacerlo es improbable que lo haga”). Así, personeros de la derecha arrecian sus campañas de lodo en contra de la 4T y señalan que es posible que México padezca una seria crisis de fin de sexenio… nomás porque así ocurrió en gobiernos anteriores que hicieron lo que les vino en gana cuando advirtieron que el fracaso sería el sello de sus mandatos.
Pero el grupo BBVA va más allá y señala que: “la oportunidad de México ante el fenómeno de la relocalización de empresas y el hecho de que el consumo interno sea el motor que impulse la actividad económica, elevan la proyección de crecimiento para este año en un punto porcentual adicional” (en “La Jornada”, 7 de junio de 2023). Ante la tradicional incertidumbre política y regulatoria que conlleva la eventualidad de cambios legales o reglamentarios con una nueva administración pública, se impone la estabilidad política y social que conlleva una visión estatal de largo plazo para consolidar la transformación institucional. Adelantar la sucesión presidencial también tiene que ver con previsión y perspectiva, para que las condiciones objetivas de la transformación institucional no padezcan frivolidades, mezquindades o visceralidades propias de ciertos gobiernos que, antes, hicieron de las suyas como si nada. Y, diría un clásico, “si alguien tiene algo que objetar, pues qué objete”.




