De archivo
El pasado lunes cuatro de octubre apareció en medios impresos y electrónicos (entre ellos un desplegado en este mismo diario), un posicionamiento signado por 186 personas en su mayoría historiadores e investigadores sociales, quienes exponían al gobernador del estado, una serie de puntos referentes al Archivo Histórico del Estado de San Luis Potosí (AHESLP). Sin ninguna intención de reclamo o confrontación con la autoridad, buscaba exponer de manera precisa la génesis de la noble institución, su desarrollo y consolidación, a partir del año 1979, y despertar su sensibilidad en el tema, así como solicitar la reconsideración respecto al nombramiento del titular.
El texto de inmediato tuvo eco en la dirección del Archivo Histórico y entre detractores y simpatizantes del contenido y sus emisores. Llama la atención que el director de la referida institución se enfocó en señalar que este documento emergía de los intereses desestabilizadores de ciertos grupos y personajes políticos, sin otro fin que atacar al nuevo gobierno. De igual forma, refirió que él había platicado con poco más de 20 firmantes, y que éstos señalaron su desconcierto por no haber otorgado su anuencia para la publicación.
Otros, elevando el pebetero del fuego amigo, referían la tibieza del texto, considerándolo incluso timorato y voluminoso, semejante a los textos que los integrantes de la comunidad de historiadores acostumbran a leer. Generosos también en suspicacias, cuestionaron lo referente al método en cómo se obtuvieron las firmas que acompañaban el texto, desacreditando el objetivo ya que seguramente muchos de ellos, no sólo no conocen el Archivo Histórico, sino posiblemente ni siquiera sepan dónde se encuentra ubicado el estado, dentro de la geografía mexicana. Seguro se les dijo, firma y firmaron.
Dado que los comentarios de ambas partes circularon profusamente en redes sociales, y en medios electrónicos, es necesario puntualizar de manera precisa sobre la inexactitud de esos señalamientos; sobre todo considerando que el texto referido no fue ideado en la obscuridad del refugio de alguna gavilla política, sino partió del interés y preocupación genuinas por el adecuado funcionamiento del AHESLP.
Por otro lado, debe quedar claro tanto para tirios como para troyanos, que el texto fue compartido con cada uno de los firmantes, y luego de señalar su solidaridad otorgaron su anuencia para que apareciera su nombre. En efecto, un gran número, pertenecen a diversas comunidades académicas establecidas fuera de San Luis Potosí, e incluso fuera de México. Por ejemplo, aparecen en bloque casi todos los investigadores del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM.
Señalar que tras de estas firmas se encuentra algún ente político enemigo del actual gobernador, es menospreciar en lo absoluto la capacidad de discernimiento de cualquiera de los ahí enumerados. Muchos de éstos, es importante que se enteren quienes suponen que no están familiarizados con el Archivo y contexto potosino, han desarrollado a partir de su trabajo como usuarios investigadores de los fondos que resguarda la institución. Me viene a la mente el nombre de un historiador holandés, que aunque tampoco tendría por qué saber dónde se encuentra nuestro estado, realizó una buena investigación sobre el cacicazgo santista.
Así también resulta conveniente establecer que en ningún momento se pretendió embarcar a los firmantes en una confrontación o reclamo contra el gobierno del estado; como lo dije líneas atrás, la única finalidad era resaltar la importancia del AHESLP, y despertar la sensibilidad y el respeto por la institución. Los enérgicos reclamos quedarán para quienes en el fragor de la lucha política estén acostumbrados y dispuestos a utilizarlos.
Otros más señalaron como “intelectuales orgánicos” a los firmantes, hecho que resulta curioso, ya que bastaba leer con detenimiento para detectar algunos nombres vinculados directamente con la Cuarta Transformación. Así, si el gobernador Ricardo Gallardo se asume como lópezobradorista y afín al proyecto presidencial, debería estar agradecido con algunos de esos signatarios, que más que advertirle, lo invitan a observar una preocupación genuina en el gremio.
Frente a la solidaridad de los nombres que acompañan el desplegado, sorprende también el desinterés o abulia, matizados en medio de la cortesana diplomacia, manifestados por la Facultad de Ciencias Sociales de la UASLP, y el Colegio de San Luis, instituciones que por ser los principales formadores de historiadores, e investigadores sociales, debieron involucrarse de una manera directa y emitir alguna opinión en lo individual o colegiado. Esperemos, sinceramente que en un futuro no se lamenten por su notable desinterés.
Se insiste, el posicionamiento sólo se concretó a abordar la situación del Archivo como repositorio de uno de los fondos histórico documentales más importantes del centro norte de México; la cuestión de los salarios de sus trabajadores (que supongo son burócratas estatales y no contratados directamente por el AHESLP) es cosa que compete a la administración estatal. Por otro lado, el saqueo documental que refirió su titular, de ser cierto, deberá investigarse y sancionarse, aunque resulta sorprendente que en tan pocos días hubiera logrado revisar y contrastar inventarios con documentos, para identificar los faltantes.
Otorgar el beneficio de la duda, y esperar a que se cometan los primeros desaciertos, fueron buenos consejos que se escucharon y se agradecen, pero me gustaría ver a quienes así lo dijeron, otorgar el beneficio de la duda y esperar a que cometa el primer desacierto, un fontanero habilitado como cirujano, en la atención en quirófano de alguno de sus allegados. Esperemos que la lustrosa institución, mientras se otorgan ambas consideraciones, no pase de archivo histórico a un centro cultural en el que se festejen verbenas y baile la mochitanga.
Gracias por la lectura.




