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De la herejía en la política nacional

Por José Ramón Jiménez Martínez

Diciembre 08, 2022 03:00 a.m.

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Es muy conocida la frase de Don Jesús Reyes Heroles (1921-1985) que señala: “en política, la forma es fondo”; a propósito de las expresiones verbales, corporales, referenciales de quienes se desenvuelven en el campo de la política por el poder de gobernar. 

En este marco, traemos a cuenta el posicionamiento público que el senador Ricardo Monreal Ávila y el diputado Santiago Creel Miranda, en el contexto de la XVI Reunión Interparlamentaria España-México hicieron desde aquel país, en relación a la “reconciliación nacional” y la “gira por la unidad”.

Formalmente, el senador Monreal, se declara fundador del grupo (hoy partido político) Morena, compañero de lucha del actual presidente de la república Andrés Manuel López Obrador y aspirante desde este partido político a la presidencia de la república para el siguiente periodo del ejecutivo nacional.

Sin embargo, siguiendo la conocida frase de Don Jesús Reyes Heroles, las formas en las que incurre el senador Monreal: su relación con el diputado Creel y su pretensión de recorrer el país convocando a la unidad nacional, más bien parecen una herejía política.

Ahora bien, cabe aclarar el sentido de la noción “herejía política” con el que calificamos las formas del senador Monreal.

En principio, es preciso señalar que hay una noción arraigada en el sentido popular que proviene del uso que, hacia el siglo tercero de nuestra era, en el periodo de la Patrística (en relación a los padres de la iglesia católica), se utilizó para referirse a las personas que preferían los libros religiosos previos a la constitución bíblica que integraba los nuevos evangelios. 

En este punto, es necesario destacar que, desde entonces, “hereje” hacía referencia a quienes eligen o prefieren entre dos opciones contrapuestas y que, tal sentido es el que ha trascendido en la historia, muy seguramente, como un rizoma que se desarrolla e instaura en el sentido popular durante el periodo medieval.

Esto es; hablamos de la “Bula Gratia Divina de 1656” (periodo de Alejandro VII) donde se definió la herejía como: creencia, enseñanza, o defensa de opiniones, dogmas, propuestas o ideas contrarias a las enseñanzas de la Santa Biblia, los Santos Evangelios, la tradición y el magisterio.

Esta definición, como señalamos, se hace tradición y llega hasta nuestros días como si fuera esa su naturaleza.  No obstante, si revisamos el sentido etimológico de la palabra “hereje”, observamos que, para los latinos (romanos) este término corresponde a “hereticus” que significa opción y que proviene del griego “hairesis” que refiere a la acción de decidir, de elegir.

En suma, por “herejía” nos referimos al sentido etimológico que hace referencia a la acción de elegir tanto como al sentido socio-histórico que representa la instauración de la iglesia como autoridad superior en el mundo (es decir, autoridad superior del orden en el que se vivía) y señala como herejes a quienes van en contra de lo que han decidido quienes detentan el poder.

Así pues, el senador Ricardo Monreal se pierde de los frutsis y las tortas (simbolismo referencial a compartir el pan y el vino- el cuerpo y la sangre) porque elige asistir a una reunión que lo requiere inexcusablemente (afán de disculpar lo indisculpable) y, a propósito de su participación en la reunión interpalamentaria en España (país con el que, coincidentemente, el gobierno federal en turno ha tenido diferencias diplomáticas motivadas por asuntos económicos y de interpretación histórica), surge (de la conversación con el diputado Creel) la idea de que nuestro país requiere una cruzada por la unidad; es decir, el reconocimiento tácito de que estamos divididos.

Dígame usted si no existe una carga de formas simbólicas que nos remiten al fondo del asunto político…. Vea usted, casi, al mismo tiempo, se desarrolla la marcha morenista en la capital del país encabezada por los representantes del poder gubernamental (es decir, de quienes detentan el poder), que recrea el sentido de las procesiones (sentido religioso) que significa caminar hacia lo prometido.

El campo político de nuestro país queda así dibujado entre dos instancias que se asumen como verdades (¿absolutas?) una, hereje porque se decanta por otra opción frente a la que recientemente ha conquistado el poder.

Se me figura, considere usted, siguiendo con esta analogía de los simbolismos religiosos, la reforma religiosa del siglo XVI que tiene como figura principal al monje proveniente de una familia minera que expresó sus posicionamientos en las noventa y cinco tesis que cuestionaban la práctica religiosa (que no la religión) y fue a clavar lejos de Roma.

¿Será que nos encontramos en el umbral del cisma del movimiento de regeneración nacional?...

Lo cierto es que, el pueblo que no ha marchado hacia lo prometido pero que, tampoco ve dividido al país, sino diverso y complejo, corre el riesgo de “marchar” como consecuencia de un enfrentamiento de posiciones tan radicales de quienes se arrogan su verdad política como una verdad absoluta.  

Como dicen en mi pueblo “Pal baile vamos”.

joseramonuhm@hotmail.com.mx