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De la Ilustración al Ciudadano

Por Alexandro Roque / PULSO

Noviembre 28, 2021 03:00 a.m.

He colaborado desde hace casi 30 años en muchos proyectos periodísticos, informativos y literarios. En diarios y revistas la he hecho de reportero, opinante, fotógrafo, creador o editor. La mayoría de estos medios impresos tuvieron pocos números en su haber. Entre crisis económicas, los pocos lectores y la relación a veces tirante con las fuentes de información, pocos han aguantado (o aguantaron) más de un año y de muchos no hay rastros en bibliotecas y hemerotecas locales, no se diga nacionales. 

La hemerografía potosina, historia del periodismo en San Luis Potosí, de Joaquín Meade (1956) consigna decenas de publicaciones. Las más aparecen un año, dos. De las que algo queda no hay colecciones completas, acaso sobreviven ejemplares, vaya uno a saber si están en bibliotecas particulares o de plano se perdieron. 

Hay periódicos y revistas que dirigieron Ponciano Arriaga (1847), Ramón F. Gamarra (1855), Francisco Zarco (1865), Benigno Arriaga (1869), Primo Feliciano Velázquez (1885), Manuel Muro (1893), Guillermo Aguirre y Fierro (1930), Miguel Álvarez Acosta (1937), Jorge Ferretis (1938) y Manuel Calvillo (1939), por citar algunos.

El Ciudadano Potosino, encabezado por Pepe Alba, fue un periódico que duró 244 números, de noviembre de 1994 a agosto de 1995. En mis recientes visitas al Archivo Histórico, a varias bibliotecas, es difícil no hacer analogías con otros medios, otras épocas, la actual incluso.    

El Mexicano Libre Potosinense, primer periódico publicado en San Luis Potosí, allá por 1828, salía los jueves y los domingos, pero duró poco. Dice el historiador Francisco Pedraza (1978) que fue en realidad un proyecto autopublicitario del gobernador de entonces, Vicente Romero. El periodismo no debería ser justificación ni elogio, y los periódicos que dejaron huella dan cuenta de su impronta crítica y hasta burlesca. 

El temor a la denuncia ante el fiscal de imprenta “además del carácter entumido y medroso del potosino de entonces, temeroso de emitir opiniones, explica, en parte, el porqué los hombres de letras de esta ciudad se abstenían de publicar artículos en el MLP. Esta inhibición tan potosina, esta actitud de prudente hermetismo, tan propia de nuestro medio, que por cierto no ha cambiado, acaso explique algunas actitudes personales y aun algunos accidentes de nuestra historia provinciana”.  

“Animados por el movimiento literario que marca uno de los caracteres de la época presente en la República, nos ha parecido llegada la vez de que este hermoso Estado tome la parte que le corresponde en el cultivo de las bellas letras, dando a luz los ensayos literarios de sus hijos”. 

Lo anterior lo escribió Pepe Cuellar (José Tomás de Cuellar, “Facundo”) el promotor y director de La Ilustración Potosina, “semanario de literatura, poesía, novelas, noticias, descubrimientos, variedades, modas y avisos” en el primer número, que salió al público el sábado 1 de octubre de 1869.   

Durante 40 semanas lo acompañaron en la aventura José María Flores Verdad y el grabador José María Villasana. Hubo poesía, crónica, artículos, la novela por entregas Ensalada de pollos, cuento y entrevistas. Hubo divulgación de la ciencia (geología, botánica, hidrología) y hasta la primera historieta potosina, sin firma pero seguramente obra del mismo Pepe Cuellar. Participaron, entre otros, Benigno Arriaga, Ignacio Manuel Altamirano, Manuel Di´az Miro´n, Guillermo Prieto, Jose´ Rosas, Justo Sierra y Luisa Mun~oz Ledo.  

Escribe Ezequiel Maldonado: “Fue José Tomás de Cuéllar un niño héroe vivo que defendió en 1847 el Castillo de Chapultepec ante la agresión norteamericana. A este bautizo de fuego le siguieron la guerra de los tres años, la intervención francesa, las luchas internas y el periodo de la República Restaurada (1867-1876). En la Pax porfiriana escribe su obra mayor, con su nombre o bajo el seudónimo de Facundo. Animador de veladas literarias y promotor de la literatura nacional, Cuéllar impulsa la profesionalización de su gremio y obtiene algo inusitado en esa época: cobrar sesenta pesos por su comedia Natural y figura (1866)”.  

Como El Ciudadano de Pepe Alba, La Ilustración de Pepe Cuellar duró nueve meses, tras los cuales su editor partió a la ciudad de México. También fue por incertidumbres y cambios políticos. “Seguimos luchando en el revuelto océano de la política en nuestra débil barca […]  los días transcurriendo lentos y pesados entre una esperanza que muere y otra que brota para morir como las ondas…”

Hoy hay decenas de medios electrónicos, de todo tipo, lo mismo en redes sociales que en portales de funcionarios o sus adversarios. Los hay que investigan, buscan marcar el rumbo, incidir en la agenda. Pero hay muchos con peros. ¿Dilemas éticos, ¿qué es eso?, dicen. Se mezcla opinión con información y hasta publicidad, y se replican boletines sin dudar. Poco se cuestiona la separación de poderes, incluido el cuarto. 

En El Ciudadano, Pepe Alba propició un ambiente colaborativo, crítico, buscó la verdad incómoda y nos hizo cuestionarnos, discutir cada información. El otro ángulo, las dudas que hasta hoy persisten. Varias discusiones tuvimos a la hora de armar este número especial. El hubiera no existe, pero ¿hoy El Ciudadano sería Ciudadana, Ciudadane? ¿Qué pasaría si…? Hay elementos valiosos en casi todos los medios, los hay por su cuenta y los hay que apenas se están formando en escuelas o las redacciones que quedan. 

Ciudadanicemos los medios. 

Gracias, Pepe. Hasta pronto.

(Texto que redacté para el homenaje de ayer,

27 de noviembre, en memoria de José Alba de Santos,

Pepe, en el Centro de las Artes de San Luis Potosí.) 

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Correo: debajodelagua@gmail.com

Twitter: @corazontodito

Posdata: Ya empezó la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en formato híbrido como exigen los tiempos, y como cada año pretendo ir. Aunque sea uno o dos días. En el stand de El Colegio de San Luis (Red Altexto de los CPI Conacyt) estarán La bruja guachichil y Fuera de mí.  Ya platicaremos. Si hay oportunidad, algo publicaré de aquellos lares.