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Democracia en la Desigualdad

Por Jorge Andrés López Espinosa

Abril 01, 2024 03:00 a.m.

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Cuando en las Universidades se estudian las formas de gobierno planteadas por Aristóteles, se coloca en el lado de la forma pura a la Democracia y en la impura a la Demagogia, una idea que suena absolutamente lógica en la narrativa occidental donde las mayorías mandan a través del sufragio universal, libre y directo, sin que el triunfo electoral se convierta en un cheque en blanco para el ganador, pues aquellos que siendo minorías, en democracia nunca perderán su espacio de interlocución frente al poder y hablarán por el segmento que representan. 

Sin embargo, lo que poco se explican son las condiciones sine qua non, que requieren las democracias para que funcionen y no lleguen a pervertirse de modo que se conviertan en la terrible demagogia, que ya sin freno alguno escala si o si a oligarquía primero y luego a las temidas tiranías. 

Una de esas condiciones a que me refiero, donde la democracia florece como una forma de gobierno por todos aceptada, que es capaz de generar instituciones sólidas, auténtica división de poderes, respeto a los derechos fundamentales, es, sin lugar a dudas la condición de igualdad entre los individuos tomadores de decisiones. 

En tiempos electorales todo mundo habla(mos) de democracia, nos llenamos la boca en lo público y lo privado de la importancia de tener elecciones libres, de participar, de defender al árbitro que debe ser imparcial e independiente, pero poco, muy poco hablamos del juego de la democracia y esa necesaria condición de igualdad que, de no existir, coloca en grave riesgo enunciar que una nación vive en democracia. 

En las naciones que se asumen democráticas son los seres humanos masa (millones), -a los que muchos politólogos se refieren bajo esa denominación-, quienes, al adquirir el derecho al voto se convierten en los potenciales tomadores de la gran decisión: ¿quién nos gobernará?.  Ahora bien, son millones de esos indiviudos masa los tomadores de decisiones, quienes sus propios sistemas educativos los colocaron en contextos de analfabetismo funcional, que según la UNESCO, son las personas que no puede participar en todas aquellas actividades en las cuales se requiere adquirir competencias específicas para la actuación eficaz en su grupo y comunidad, pues a pesar de que saben leer y escribir de forma elemental, son incapaces de manejar la información de manera adecuada. 

Es decir, la gran responsabilidad que implica el emitir un sufragio verdaderamente “libre” pasa en lo indiviudal por un proceso de comprensión absoluta que implica procesar la información que se le presenta, discernirla, evaluarla y finalmente tomar una decisión; aunque las mediciones sobre este tipo de analfabetismo en países de latinoamerica son recientes, se afirma que más de la mitad de la población adulta en naciones como México pudiera estar en condiciones de analfabetismo funcional; sume Usted además el dato que arrojó el censo INEGI 2020, donde el 4.7% de la población no saben leer o escribir en absoluto. Si a estas preocupanetes cifras le agregamos los datos de CONEVAL en la medición de la pobreza, nos da un total de 55,7 millones de mexicanos en esa condición, factor que coloca a esta población en la antesala de ser víctimas de practicas abusivas como la compra del voto. 

Y ya ni le platico, -sólo le comento-, lo que decía el gran Norberto Bobbio en su libro: El futuro de la Democracia, cuando se refería al poder invisible, conformado por las mafias que cohabitan paralelamente con el poder legalmente instituido. 

Luego entonces, le dejo a Usted estos datos duros, poco alentadores, pesimistas si así quiere, pero necesario conocerlos para hacer una autocrítica seria, en un presente donde exigimos que el árbitro sea imparcial, -y esta bien-, pero muy poco hicimos antes, mucho antes por darnos un sistema educativo de alta calidad, del que emanaran hace décadas personas con las capacidades de transformar el país de las desigualdades, superar la pobreza y evitar lo que nos pasó. 

Diría Amado Nervo:  fuimos arquitectos de nuestro propio destino, o si prefiere Sor Juana: no vemos que fuimos la ocasión de lo mismo que culpais. Que necesario resulta un humilde acto de contrición. 

Lo cierto estimado lector es que la Democracia, ninguna, florece en la Desigualdad. 

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jorgeandres7826@hotmail.com.