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Familia y escuela Capítulo 208: Educar: “La película”

Por Gustavo Ibarra Hurtado

Abril 03, 2024 03:00 a.m.

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No se trata de una de esas películas que tienen un apoyo económico y técnico para presentarse y arrasar con las taquillas en las grandes salas y obtener ganancias exorbitantes que generen la recuperación y plusvalía de lo invertido.

Tampoco es aquel proyecto cinematográfico que intenta ganar el Oscar y los premios más afamados de las diferentes academias y organizaciones que reconocen en recorridos con alfombra roja a lo mejor del cine mundial.

De igual forma, no es aquel filme que cuenta con un reparto estelar, configurado por los grandes actores y actrices que marcaron época, o aquellos que son los ídolos y estereotipos actuales; o de superhérores dotados con cuerpos excelsos y poderes inimaginables.

Sobre la temática, bien pudiera ser que el hacer una película sobre la educación sea de lo más aburrido y hasta poco atractivo y motivante comercialmente hablando; sin embargo, si sobre el amor y el desamor, la violencia y aventuras de superhéroes existen miles de producciones, ¿por qué no sobre el educar?, aún con el riesgo de que nadie acuda a verla o rentarla en las plataformas digitales de paga.

Es altamente probable que con las negativas y aspectos descritos acerca de la creación de una película sobre la educación, no haya inversionistas y creativos interesados en aportar capital económico, tecnológico y humano para llevarla a cabo.

Sin embargo, la película a la que me refiero tiene como punto central el proceso de educar, entendido como esa actividad cotidiana que se realiza, no solamente en planteles e instituciones escolares, sino en todos los ámbitos de la vida social.

Sin grandes sets de filmación, empleando escenarios naturales y tan cotidianos como los hogares que habitamos, los transportes que usamos para nuestra movilidad, las calles por donde nos desplazamos, los lugares de confluencia pública como mercados, escuelas, plazas y almacenes comerciales; los espacios físicos o virtuales de recreación y en general todos los puntos de interacción social. 

Todos estos lugares se convierten en grandes y especiales “aulas de clase” en donde diariamente se llevan a cabo escenas de nuestra película, con lecciones magistrales de conocimientos integrales diversos, desde matemáticos y ciencias, hasta la práctica de valores, costumbres y diversas habilidades personales.

No son necesarios los grandes artefactos tecnológicos para la filmación con ultradefinición y enorme cantidad de pixeles y efectos especiales, puesto que cada acción significativa en nuestras vidas, queda grabada por nuestros sentidos de manera precisa y para siempre en nuestra memoria y recuerdos y, en caso necesario, todo mundo cuenta ya con un aparato de telefonía celular para grabarlo todo.

Sobre la historia y el guión a desarrollar, no hay necesidad de emplear a un especialista, ni mucho menos solicitarlo a algún chat de Inteligencia Artificial, puesto que todos y cada uno de nosotros tenemos nuestra propia historia, la cual es digna de una importante producción fílmica, porque consta de todos los elementos necesarios para crear una película con segmentos de suspenso, drama, alegrías, triunfos, derrotas, amor, tragedias, aventuras y finales inesperados; y lo más importante, todos esos segmentos son verdaderas lecciones mediante las cuales fuimos aprendiendo y a la par, desarrollando nuestra personalidad.

No habría que invertir en la contratación del artista más afamado, con mayor experiencia y aceptación popular o con las características físicas idóneas para representar el personaje central de la película, dado que, si no te has dado cuenta, el personaje principal eres tú, desarrollando y actuando la historia de tu vida.

La relevancia de hacer de tu vida personal toda una película educativa, reside en que puedes aprender que eres quien produce el guión, la estructura, el desarrollo y hasta el cómo elaboras, actúas, vives y culminas tu propia existencia con la escena final.

Al mismo tiempo, la película, tu película, no requiere estar en cartelera durante semanas o en horario estelar en las mejores salas, cadenas televisivas o plataformas especializadas, puesto que cuenta con expectadores: hijos, hermanos, alumnos, compañeros de trabajo y todas las personas con quienes te relacionas, quienes van apreciando tu actuación y aunque no seas premiado con un Oscar, todas tus acciones son una verdadera y didáctica lección para todos los demás.

Más vale ser conscientes que somos los creadores y actores de nuestra propia película y que con ella, aprendemos y educamos.

Comentarios: gibarra@uaslp.mx