Desvergonzados
Es común escuchar de boca de los políticos la palabra “democracia” hasta la saciedad, usándola para referir solo una pequeña parte de lo que este concepto encierra.
El Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia señala como sentidos de “democracia” un sistema político en el cual la soberanía reside en el pueblo, que la ejerce directamente o por medio de representantes; también le atribuye el asignar este sustantivo a una forma de sociedad que reconoce y respeta como valores esenciales la libertad y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.
Sin embargo, quienes hacen de la política su modus vivendi solo se fijan en la parte del sufragio, del voto popular, dejando de lado el sentido más amplio y completo de la palabra.
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos señala en su artículo 3° que la democracia debe considerarse “…no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”.
Así, un demócrata no es nada más quien habla de urnas, votos, campañas, elecciones, etcétera, sino también quien a lo electoral da fondo y sentido como esa ruta para mejorar al individuo en su integridad, en todos los aspectos de su vida.
Recuerdo de mis años e como estudiante en la carrera un libro titulado “Derecho Mexicano de Procedimientos Penales” de Guillermo Colín Sánchez, jurista mexicano nacido en mil novecientos veinticuatro y fallecido en mil novecientos noventa y nueve.
En uno de los capítulos, hablando de la defensa en el proceso penal, decía el autor que hay abogados que defienden casos famosos con “…requiebros nada elegantes a la manera de vedettes de chaquira, lentejuela y pasarela.”
Así muchos políticos en estos tiempos canallas en México.
Tenemos, a guisa de ejemplo, a Dante Delgado y el partido Movimiento Ciudadano que, primero despotrican en contra del frente opositor a la candidatura de Claudia Sheinbaum y deciden ir por la libre con un candidato histrión e incapaz que solo les duró unos cuantos días, luego de dar todo un espectáculo digno de un circo de tres pistas. El señor Delgado, con poca tolerancia a la frustración hizo un berrinche monumental y cobró venganza de las críticas a Samuel García rompiendo el bloque de contención en el Senado de la República.
Luego de la colera de Dante (el veracruzano, no el florentino), pasaron de no considerar que Bertha Alcalde y Lenia Batres tenían idoneidad para ser candidatas a ministras de la Suprema Corte de Justicia de la Nación a estimar que sí la tienen, en apenas una semana. Y eso en el marco de la frase de Delgado: “El ‘Bloque de Contención’ está muerto”. Berrinche y venganza, no democracia.
¿Y que decir del rencoroso Adrián Rubalcava, alcalde con licencia de Cuajimalpa que, por la designación de Santiago Taboada como precandidato único del Frente Amplio por México a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, cargo al que Rubalcava aspiraba, dijo: “Vamos a ratificar a Ernestina Godoy con los diputados que simpatizan conmigo por la traición”. Berrinche y venganza, no democracia, de nuevo.
El general De Gaulle dijo: “He llegado a la conclusión de que la política es demasiado seria para dejarla en manos de los políticos”. Y vaya que tenía razón.
Promesas vacías, incompetencia probada, aferramiento a la nómina y alimento del ego, a la par que las pataletas y las revanchas nos pintan a muchos de nuestros políticos que, retomando al maestro Colín, actúan a la manera de vedettes de chaquira, lentejuela y pasarela.
México está en un encrucijada de capital trascendencia con la elección presidencial de dos mil veinticuatro y no se vislumbra un panorama halagüeño, con ninguna de las dos opciones visibles, Xóchitl y Claudia.
Y con lo que ha mostrado Movimiento Ciudadano, menos. Al declarar que van por la venganza, se descalifican como opción democrática.
Salvo que le digan adiós a Dante y a sus berrinches y recapaciten.
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