Documento en blanco

El 2019 es un documento en blanco. Contiene 365 oportunidades de escribir una gran historia. 365 amaneceres que admirar y una docena de lunas para maravillar a cualquier mortal. No importa si tenemos 5 o 50 años. No importa si somos agnósticos o creyentes de una pléyade de santos y mártires católicos. La vida se reinventa cada año y cada día para cada uno de los millones de habitantes que la poblamos.
2019 es para mi generación y las que le quedan cerca, una especie de fecha de ciencia ficción. Un momento histórico futurista que pocos acertaron a describir décadas atrás. Las vueltas de la tierra nos han colocado en un tiempo magnífico para disfrutar la belleza de la madre tierra.
Y aún cuando hoy más que nunca advertimos el peligro de especie y ecosistemas, las nuevas generaciones parecen tener una alerta ecológica mucho más despierta que la de nosotros sus antecesores.
Yo sé que este asueto navideño nos permite desatendernos de la política nacional y mundial y sus efectos. Sé que muchos regresaremos el lunes para recibir toneladas de malas noticias, más a pesar de ello creo que reiniciar la cuenta con un nuevo año, nos inyecta una energía que debe aprovecharse para revertir esos efectos, al menos en nuestro entorno más inmediato.
Hoy más que nunca entendemos que la fuerza del individuo se nutre de su comunidad. Hagamos equipo para tener un país de oportunidades para jóvenes y no tan jóvenes. Una nación que vaya más allá del mariachi y las calaveras de Día de muertos o las piñatas de las posadas. Llevemos el entusiasmo de la fiesta a nuestros centros de trabajo y toda aquella creatividad de la que presumimos, apliquémosla para cuidar no el planeta como algo lejano e inmenso, pero si nuestra calle, nuestras avenidas, nuestras relaciones interpersonales laborales y familiares.
Podemos pensar en ser algo más que el mexicano pachanguero, el mexicano clasista, el mexicano envidioso, el mexicano tramposo imaginando en transformar esos rasgos en virtudes de las que individual y colectivamente podamos sentir orgullo. Que sea legado y herencia; ejemplo y aspiración.
Así que sí hicimos propósitos para este año que inicia, revisémoslo y dejemos los que realista mente podamos cumplir. Además del ejercicio, la alimentación sana y los buenos hábitos de puntualidad y orden, pensemos en proyectos sociales de corto alcance. Involucrémonos para que nuestro país trascienda el nivel de analfabetismo, compartamos nuestros conocimiento no tan solo por caridad, sino con los amigos que lo necesitan. Los menos favorecidos no solo están en los cruceros pidiendo una limosna. Quizá trabajen junto a nosotros.
Que dentro de estas cincuenta y dos semanas que inician hoy, podamos llenar ese documento en blanco con historias cotidianas de grandes logros y satisfacciones.

¡Mis mejores deseos para este 2019!