Eclipse
Es la primera vez que pongo atención a un eclipse, detener lo cotidiano para percibir el movimiento del planeta y de nuestra luna maravillosa.
Esa noche, durante menos de una hora, ver la sombra de la tierra sobre la luna fue lo más importante junto con la sensación de pequeñez de nuestra vida y a la vez, de la importancia de nuestro paso por este mundo.
En medio del caos nacional, del desmantelamien de las instituciones que nos hicieron figurar en el escenario de las naciones, la luna nos dio un espacio en blanco, un lapso para sentirnos parte de una gran e incomprensible creación, cuyo origen hasta ahora no hemos podido explicarnos.
El eclipse puso en la sombra -por un breve tiempo- las políticas absurdas, los arrebatos de líderes protagonistas y de una nueva estirpe adoctrinada, que aspira a seguir los pasos maduros de un tal Chávez y de otros que pretenden regresar a la sociedades a la época de las tiendas de raya.
La coincidencia de la tierra, su sombra y la luna es una maravilla que no creo poder conocer su dimensión, pero agradezco la experiencia para olvidar un rato la decadencia de nuestro país y las confrontaciones sociales a las que nos vemos sometidas cada 24 horas con un nuevo repique mañanero.




