logo pulso
PSL Logo

El cambio climático y las desigualdades

Por Luis González Lozano

Febrero 24, 2024 03:00 a.m.

A

La transición hacia una economía más verde y sostenible se presenta como una solución imprescindible ante la urgencia del cambio climático. Sin embargo, este cambio trae consigo desafíos significativos, especialmente en términos de desigualdad social y económica. La adopción de tecnologías verdes, aunque necesaria, demandará ajustes en nuestro estilo de vida y considerables inversiones para abandonar los combustibles fósiles en favor de fuentes de energía más respetuosas con el medio ambiente. Este proceso no solo implica la adopción de un coche eléctrico, sino también un cambio en el consumo de alimentos, ropa, la rehabilitación de la vivienda, la forma de viajar y otros productos y servicios.

 La expansión de la energía renovable, como la electrificación del transporte, debe llevarse a cabo en los hogares, lo que puede resultar difícil para aquellos con baja capacidad económica debido a su limitado acceso al capital y también por problemas de falta de información. La revolución verde, tan urgente como necesaria, evidencia las brechas ya existentes y produce algunas nuevas. No hacer una transición justa puede conducir a un escenario de mayor convulsión social, pues ante la falta de incentivos adecuados, ayudas eficientes y suficientes, así como medidas progresivas que compensen a aquellos hogares de menores ingresos, la lucha contra el cambio climático se percibe como una restricción a ciertas libertades o la suma de privilegios para unos pocos.

 El reto es cómo combatir el cambio climático y las desigualdades, los dos grandes desafíos más apremiantes de nuestros tiempos, a la vez y sin dejar a nadie atrás.

 El fenómeno del calentamiento global es profundamente regresivo desde el punto de vista económico y social. A mayor ingreso, mayor emisión de carbono, por lo tanto, quienes más contribuyen al problema son quienes más capacidad tienen para adaptarse a los efectos del cambio climático, mientras que quienes menos ganancia tienen, menos capacidad tienen para adaptarse a los efectos del cambio climático que, por cierto, ellos no han provocado. 

La transición energética no puede suponer una disminución del nivel de vida de nadie. La solución pasa por resolver de forma selectiva estos problemas, concentrando y reforzando las medidas de apoyo e información en los segmentos que realmente precisan el capital para hacer la inversión.

  La lucha contra el cambio climático se ha convertido en una de las principales preocupaciones a nivel mundial. La necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y de adoptar prácticas más sostenibles es cada vez más evidente. 

 La adopción de tecnologías verdes, como la energía solar, eólica o la movilidad eléctrica, es crucial para reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles y mitigar el impacto del cambio climático. Sin embargo, estas tecnologías requieren inversiones significativas, tanto a nivel individual como colectivo. Para muchas familias, especialmente aquellas con ingresos más bajos, el costo de estas inversiones puede ser prohibitivo. 

Es por ello que la transición justa se ha convertido en un concepto clave en el debate sobre el cambio climático y la sostenibilidad. Una transición justa busca asegurar que los beneficios de la economía verde se distribuyan equitativamente y que nadie se quede atrás. Esto implica implementar políticas que proporcionen apoyo financiero y técnico a las familias y comunidades más vulnerables, garantizando su acceso a las tecnologías verdes y ayudándolas a adaptarse a los cambios en los patrones de consumo.

En resumen, la lucha contra el cambio climático y la promoción de una economía más verde y sostenible son imperativos de nuestro tiempo. Sin embargo, para que esta transición sea exitosa, es fundamental asegurar que sea justa y equitativa. Solo así podremos garantizar que los beneficios de la sostenibilidad sean compartidos por todos y que nadie se quede atrás en el camino hacia un futuro más verde y próspero.

Delírium trémens.- A pesar de que el pasado 9 de febrero el Gobernador del Estado declaró, ya sea por dolo o ignorancia, que ´en el tema del aire estamos bien... estamos respirando aire totalmente sano´, la realidad es que hemos experimentado varios días con una calidad del aire muy deficiente. Esto es algo que todos podemos percibir debido a la capa de smog que se observa desde cualquier punto de la ciudad. Parece ser que al gobierno no le interesa proteger nuestra salud, pero nosotros, como ciudadanos, debemos tomar conciencia y defendernos de este asesino silencioso que, según reporta la ONU, cobra siete millones de vidas al año en todo el mundo.

@luisglozanov