El costo de votar
¿Sabe el lector cuánto cuesta un voto? No me refiero al valor que representa en dinero a cargo del erario, tomando en cuenta la infraestructura y el factor humano necesario para que se emita cada sufragio. Estoy hablando de las consecuencias que derivan de ese voto en el futuro de la sociedad. Dicho de otra manera, ¿qué tan alto es el precio que pagamos por equivocarnos en las urnas o, por lo menos por votar por quién suponemos el menos malo?
Han arrancado ya las campañas electorales en todo su esplendor, para renovar la Cámara de Diputados y, en varias entidades federativas, gobernadores, diputaciones locales, ayuntamientos y, en la Ciudad de México y alcaldías. Nos quedan por delante dos meses de la más acabada forma de generación de contaminación visual e intelectual hasta que llegue el instante de estar frente a la urna y depositar el voto, para luego dar paso a la etapa de denostación, estridencia, acusación y descalificación que tradicionalmente los perdedores emprenden para tratar de justificar las razones de su derrota.
Ya hemos visto algunos asomos de lo que nos espera: actuaciones ridículas, simpleza, lugares comunes, promesas de futuro tan generales y ambiguas que pueden significar cualquier cosa, degradación del contrincante y encumbramiento en palabras propias, donde cada candidato pretende hacernos creer que nada mejor podemos conocer en el mundo y ninguna mejor acción por nuestro futuro y el de nuestra patria, grande o chica, que votar por él o por ella.
Lo más preocupante es que todos sabemos que solo es oropel y falsedad, pero aun así, hacemos como que creemos, en voz alta, pero de manera soterrada no dejamos de repetir que todos los políticos son iguales y no se puede confiar en ninguno. El voto se anima por empatías personales, deseos de revancha, disciplina o precio justo por el sufragio (en pesos) pero casi nunca (solo por no invocar un absoluto) pensando en que la persona aspirante tiene las calidades y las cualidades para ejercer de manera correcta, responsable y adecuada determinado cargo.
En su comedia “Como gustéis”, William Shakespeare dice: “El mundo es un escenario, y todos los hombres y mujeres son meros actores, tienen sus salidas y sus entradas; y un hombre puede representar muchos papeles”, lo cual nos pinta claramente nuestro presente en los próximos sesenta días.
Pero ¿y luego? Hacen los candidatos como que nos convencen y los electores nos hacemos los convencidos, asistimos a la casilla, consultamos a nuestros asesores (empatía, entrañas o ambición, las neuronas generalmente se quedan en casa) y cruzamos la boleta, regresando a nuestra cotidianidad, en la que las calificaciones y adjetivos para los políticos se colocan siempre bajo el signo negativo.
Entonces ¿para qué votar? Porque así, por lo menos, les cuesta más trabajo ganar a los que se alzan con mayor número de votos, porque la dispersión de la atención del electorado se nota más y surge, aunque de manera incipiente, el temor a una reacción social si no se hacen bien las cosas…aunque luego eso se pasa, la experiencia nos lo ha enseñado, y la soberbia vuelve a ocupar su lugar en el manejo de las riendas de los votados.
En el año 64 antes de la era cristiana, Quinto Tulio Cicerón dirige a su hermano Marco (el famoso de la familia) una carta que ha pasado a la historia con el título de Breviario de campaña electoral (Commentariolum Petitionis) en la que le formula algunos consejos para enfrentar su campaña para el consulado. En este libro, que perfectamente podía ser un manual ejecutivo elaborado por consultores ad hoc, hoy en día, dice “Son las apariencias y las buenas palabras, y no el verdadero provecho, las que encandilan a la gente”.
El precio que pagaremos a futuro será en dinero, en progreso, en seguridad, en estabilidad; hipotecaremos nuestro porvenir por cada voto que emitamos y serán pérdidas y daños aquellos no razonados. Cada sufragio solo por amistad, por un odio o por un pago será un golpe a nosotros mismos.
Basta ver nuestro México hoy, en manos de López, para saber que un triunfo electoral puede ser una derrota para la nación.
@jchessal




