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Evocar a González Casanova

Por Miguel Ángel Hernández Calvillo

Abril 14, 2026 03:00 a.m.

A

El 18 de abril se cumplen tres años del fallecimiento de don Pablo González Casanova y es inevitable recordar su legado como extraordinario científico social y gran humanista. Desde obras como la "Sociología de la Explotación" y "La Democracia en México", don Pablo ofreció formas novedosas de abordar el análisis crítico y sistemático de temas sociales en los que el acopio de datos duros y experienciales provenía más de intelectuales extranjeros. Promovió los estudios interdisciplinarios y fue Rector de la UNAM en una época convulsa y complicada pero siempre asumiendo un compromiso solidario con las causas de los sectores empobrecidos y vulnerados.

En uno de sus textos clásicos, titulado "La nueva metafísica y el socialismo", don Pablo se dolía del simplismo con el que, no pocas veces, fue acometida la lucha ideológica, sobre todo por opciones presuntamente portadoras de un ideal de cambio social y democrático, pero que, en realidad, han servido a los designios de la derecha conservadora. En la región latinoamericana, parte de estos procesos forman parte de lo que don Pablo caracterizó como "colonialismo interno". Pero el cuestionamiento a una metafísica que desdeñaba la relación esencial del capitalismo dominante, en términos de la explotación del trabajo por el capital, exigía la necesaria emergencia de una "nueva dialéctica" que, si bien no descansaría exclusivamente en esa relación esencial, tampoco la perdería de vista en el conjunto de otras relaciones sociales, e incluso políticas, para entender las circunstancias específicas de la lucha concreta por la liberación de los pueblos en distintas partes del mundo. De alguna manera, advertía el riesgo de colapso del "socialismo real", precisamente por ignorar otro tipo de relaciones sociales que se fueron imponiendo a la lógica del economicismo y el burocratismo asfixiantes. Economía y política son mutuamente determinadas, no sólo base y superestructura de viejos manuales.

Bajo una peculiar "dialéctica del triunfo" (capitalista), don Pablo insistió en la teoría y la práctica, en la necesidad de postular una "dialéctica de la imaginación" para confrontar esa tendencia del imperialismo dominante por tener como "anómalo" y peligroso cualquier advenimiento de un régimen distinto a las necesidades del sistema de acumulación imperante, identificado al punto de un lugar que se volvió común... como neoliberalismo "triunfante". Pero esa nueva dialéctica enseña que no se puede sostener siempre un modelo que hace abstracción de la realidad concreta de una mayoría, por añadidura, víctima de la opresión de pocos (no siempre por poco tiempo) y que, junto con la explotación agudiza la crisis de exclusión productiva de amplias capas de la población, pretendiendo descansar, en primera instancia, la dominación política en mera represión. Frente a eso: imaginar siempre que hay salida posible, es la lección.

En su obra emblemática "La democracia en México", de 1963, don Pablo inauguró el abordaje del análisis de la democracia mexicana no únicamente como fenómeno político y de élites, sino relacionado con las posibilidades de acceder a la tierra, el alimento, vestido, techo y demás satisfactores materiales de la población, sobre todo de los oprimidos y explotados. Aquí hemos planteado que, la mística de su actuar en la praxis, se asemejaba a una suerte de orientación preferencial por los pobres y excluidos que le llevó, de manera recurrente, a profesar la solidaridad con legítimas expresiones de inconformidad social, como el caso del movimiento del EZLN, desde que surgió en 1994, apostando siempre a la no violencia, a la cultura de un desarrollo con paz y prosperidad para los más. Pensador crítico, humanista, postulante de una dialéctica de la imaginación que deja como legado para comprender la complejidad de las relaciones sociales y políticas de nuestro tiempo.

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