Familia y escuela Capítulo 134: ¿Calaverita o calabaza?
Se conoce como un proceso de “aculturación” cuando en un pueblo, grupo social o hasta una persona practica o hace suya cultura que no es de su lugar de origen, es decir, se apropia de cultura extranjera; por su parte se conoce como “deculturación” al proceso de pérdida o desaparición de la cultura originaria.
Tal parece que este fenómeno de apropiación y pérdida cultural está ocurriendo paulatinamente con la tradición del día de muertos y la irrupción del denominado Halloween, también llamado “noche de brujas”.
De inicio, habría que reconocer que ambas festividades tienen orígenes con ciertas similitudes, existe una coincidencia en fechas, dado que la propia iglesia católica trasladó la festividad del “día de todos los santos” al inicio del mes de noviembre, concordando con la noche de brujas.
Otra similitud ocurre con el simbolismo otorgado, dado que el fundamento de la festividad de Halloween tenía el sentido de celebrar el final de las cosechas, además de comenzar con los periodos de otoño e invierno con noches más largas, invitando para ello a personas que ya habían fallecido, abriendo un portal de luz para que regresen al mundo terrenal; siendo esto último muy similar a la derivación que se hizo en varios lugares con la celebración católica de los santos que dieron la vida por su fe y posteriormente extendido hacia todos los difuntos, permitiéndoles regresar a convivir terrenalmente durante un día.
Al extenderse por el mundo, estas celebraciones adquieren diversas adaptaciones, fusiones y particularidades que, dependiendo de la visión y prácticas culturales de cada pueblo, fueron provocando una separación tajante entre ambas.
Para los países que adoptaron la práctica cultural de la noche de brujas, además de adornar con calabazas con forma de rostros iluminados, paulatinamente se fue encaminando hacia una celebración en donde al convivir los vivos con los muertos, estos últimos se hacen presentes con personajes destinados a causar temor, miedo y francamente el terror entre quienes visitan; lo anterior se fue enfatizando con la aparición de toda serie de películas, disfraces y caracterizaciones excelentemente realizadas, logrando el objetivo de asustar y causar pánico.
“Muchos de los asistentes que en 1973 acudieron a ver por primera ocasión la película de “el exorcista”, al presenciar cómo la artista Linda Blair hacía voces y sonidos demoniacos, al tiempo que rotaba la cabeza, francamente quedaron traumados con las escenas… de igual forma, con algún niño pequeño que, como ocurre actualmente en diversas familias, al estar solo en su habitación viendo la programación televisiva, cuando de repente, aparece sorpresivamente en pantalla el rostro de un monstruo, demonio o payaso terrorífico, estoy seguro que ese día ya no pudo ir al baño por la noche…”
Para su parte, el caso de México y de diversos países de América Latina, el culto a la muerte tenía un significado especial, místico y con un simbolismo de emigrar hacia el Mictlán para un descanso eterno; posteriormente, al fusionarse las culturas precolombinas con la religión católica y mezclarse con el día de todos los santos, se crea lo que ahora por tradición conocemos como día de muertos, repartido el 1o de noviembre para el retorno terrenal de los que fallecieron siendo niños y el 2 de noviembre para el retorno de adultos; todo lo anterior, enriquecido con distintos rituales, oraciones, altares y ornamentos, comida, bebida y por supuesto, las tradicionales calaveritas de dulce.
Una de las grandes diferencias entre ambas festividades sin duda es el carácter simbólico, dado que mientras una persigue el causar miedo, la otra es el afecto, amor y nostalgia por los seres queridos que partieron a otro plano; incluso, aún el esqueleto tradicional mexicano conocido como “la catrina” no tenía la intención de causar temor sino una crítica hacia la diferencia de clases sociales, acompañada de las llamadas “calaveritas” como esos dichos, refranes y estrofas que usando a la muerte como tema central, hacen burla para quien se les dedica.
Ambas celebraciones están presentes en nuestro pueblo; una, luchando por permanecer y esperando a ser fomentada y preservada por familias, escuelas, medios de comunicación y redes sociales; en tanto que la otra comienza a arraigarse; sin embargo, ante el carácter festivo del mexicano, se ha incorporado a nuestra cultura reduciendo y hasta transformando el objetivo de causar miedo por el de burla y hasta con carácter cómico y alegre, por lo que no es nada raro ver desfilando por las calles o bailando al ritmo de una cumbia o canción folklórica a una turba de zombies, vampiros, monstruos, momias y demás seres terroríficos, mostrando sus mejores pasos.
Y tú, ¿qué prefieres? ¿calaverita de dulce o calabaza en forma de rostro iluminado?
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