Familia y escuela Capítulo 136: ¿Cantidad o calidad?
Resulta muy común el asociar que la calidad de algún proceso, situación o hasta el prestigio y nivel de vida de las personas, se da con respecto a la cantidad del mismo.
Para ayudar a clarificar esta correlación que se hace de manera natural y directa, bastaría con revisar los conceptos de “crecimiento” y “desarrollo” de los cuales, el primero es de características totalmente cuantitativas y el segundo, obedece a criterios y formas cualitativas.
Muchos de los paises, pueblos y ciudades que han experimentado un gran crecimiento urbano de servicios, industria y todas las comodidades posibles, no siempre acarrean consigo niveles de bienestar y calidad de vida en el sentido integral, por lo que han tenido que pagar costos muy altos el pertenecer a ellas, reflejado en el sobrevivir con estrés y las enfermedades derivadas, angustia, miedo y hasta la reclusión en los hogares y reducción de actividades sociales por la presencia de la violencia e inseguridad, entre otros tantos indicadores.
La calidad de vida y los niveles de bienestar de las personas, han sido medidas generalmente cuantificándolas, agrupando por niveles y porcentajes los ingresos y la situación laboral, el acceso a educación, salud y servicios, así como el tipo de vivienda, transporte y alimentación.
Solamente de manera complemetaria, se han identificado niveles que, aunque expresados cuantitativamente, dan un reflejo de la percepción que se tiene de la calidad de vida; estos niveles dan muestra de que la acumulación de bienes y servicios no siempre se refleja de manera directa sobre el bienestar cualitativo y en ocasiones es contradictorio, explicado solamente desde ámbitos culturales y de la ideosincracia de los pueblos latinos, como el caso de México, en donde no obstante de los 55.7 millones de pobres para 2020 (CONEVAL), una reciente encuesta arroja que un 65% de los consultados consideró sentirse “feliz”.
Para el caso del proceso educativo, resulta muy interesante observar que se ha interpretado la calidad por diferentes factores cuantitativos: porcentajes de eficiencia terminal, fracaso escolar (abandono, reprobación, intermitencia), falta de maestros y de infraestructura adecuada en diferentes regiones y otras cifras más.
Todo lo anterior se recrudeció ante las medidas adoptadas durante el periodo pandémico, en donde se implementó un plan de educación a distancia, el cual se realizó de manera muy irregular por las condiciones sociodemográficas y económicas que guardan múltiples zonas del país, lo que generó para muchos expertos y autoridades la pérdida y retraso escolar, por supuesto, medido por la cantidad de conocimientos que no se abordaron o simplemente se hicieron de manera poco efectiva, agravado todo ello por la necesidad de aprobar a todos los alumnos de ducación básica inscritos regularmente.
Muy pocos académicos hiceron énfasis real y significativo en las consecuencias cualitativas de la calidad educativa ante la pandemia, ante el embate arrollador de quienes atribuyen el valor numérico a este proceso.
No solo se perdieron contenidos, conocimientos y aprendizajes clave, los cuales por cierto, luego se podrían recuperar; se perdió mucho más que eso, me refiero al tiempo precioso de convivencia escolar, ese que da sentido a la educación en comunidad, al sentimiento de pertenencia grupal, el estar frente a frente maestro y alumnos, a un lado de compañeros compartiendo su presencia física, sus diálogos en vivo y no virtuales, el estrechar sus manos, escuchar sus voces y sus risas y miles de cosas más que ocurren al interior de una escuela y el aula de clases.
Este proceso ya no tiene reposición y es por ello que existieron generaciones con miles de alumnos de diferentes niveles educativos que fueron privados de estas experiencias, teniendo una pérdida sociocultural irreparable, al llevar cursos enteros de forma virtual.
Sin desconocer los elementos que aportan las diferentes formas cuantitativas, debemos también de reconocer y fomentar la importancia que tienen los factores cualitativos para dar cuenta de la calidad de un proceso o persona.
Ni todos los contenidos del mejor programa de estudios, llevados con la mejor tecnología virtual, son capaces de suplantar la experiencia maravillosa de estar presencialmente en un salón de clases.
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