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Familia y escuela Capítulo 146: Educación y humanismo; ¿cuál de todos?

Por Gustavo Ibarra Hurtado

Enero 25, 2023 03:00 a.m.

A

Cuando hablamos de que la educación, como proceso social, tiene a uno de sus fundamentos el ser humanista, desde luego que no estamos diciendo nada nuevo; es más, estaríamos refiriéndonos a conceptos que se corresponden por naturaleza siempre, en todo momento, circunstancia y contexto.

De hecho, desde que el hombre inicia su despegue de manera racional hacia su separación de las sociedades animales, creando cultura, adelantos científicos y tecnológicos, diferentes formas de organización, costumbres y comportamientos; todos los conocimientos derivados de esta carrera, implícita o declaradamente, estaban conformando a un tipo de persona: el humano.

Cuando se toma conciencia de esa separación, comienzan a aparecer una serie de pensamientos y cosmovisiones de lo que implica “ser humano”, desde aquellas que cuestionaban e imaginaban su origen, en algunos casos de manera divina, religiosa o mitológica.

En otros, cuestionando su proceso, desarrollo y objetivos: “Quién soy, de dónde vengo y para qué estoy aquí”; incluso, imaginando su camino y trascendencia despues de esta vida: “al morir, mi alma seguirá el camino hacia otro lugar”.

Algunos más, creando en las personas la idea de estar integrado con  la naturaleza, como parte de sus seres vivos y por tanto, la visión humanista de protegerla; mientras que otros difunden la idea de ser soberanos y seres supremos “cuasi dioses”, que tienen el derecho de hacer y deshacer, modificar, mutar y hasta reproducir los designios naturales, mediante el uso de la tecnología y sus avances, provocando una autodestrucción y retroceso natural de la humanidad, en contraposición de lo que diría Edgar Morin: “Ciencia con conciencia”.

Seres humanos agrupados herméticamente, salvaguardando su preciada cultura y costumbres, cobijados por históricas murallas o en lo más intrincado de los reductos selváticos que aún quedan en el planeta; o aquellos que se consideran con la soberbia racial, económica o militarmente superiores a los demás y con el derecho que ellos consideran “humano”, de someter a otros con sus incursiones bélicas, sacrificando vidas propias y de los pueblos invadidos; o de dominar con “cañonazos de dinero” o de empresas y productos comerciales que provocan el mismo control que las de origen bélico.

En México, lo mismo que en otros países del mundo, hablar de humanismo implica una serie de diferencias regionales, en donde ese concepto se apropia e interpreta de muy distintas maneras, desde y hacia diferentes fines; norte y sur, costas y montañas, contextos indígenas, rurales y urbanos industrializados; clases sociales marginadas, intermedias y encumbradas; situaciones con altos índices de violencia e inseguridad; incluso, el presidente de la república en turno, ya enunció públicamente al nuevo “humanismo mexicano”.

Por si no fuera poco, además del diverso y complicado uso de la palabra, todavía tenemos a aquellos que consideran al “ser humano” como alguien siempre puro, sin errores, bondadoso, compadecido de las carencias y sufrimiento de los demás, a manera de mártir: “…qué humano es, siempre da limosna y apoyo a los necesitados”.

Desde luego que existen entonces, mil formas de concebir al humanismo, es por ello que cuando se presenta una “nueva” escuela mexicana, tomando como uno de sus fundamentos filosóficos a este concepto, lo primero que viene a la mente es que no es necesariamente nuevo, dado que la educación formal o informal en los distintos grupos sociales, ha tenido siempre como objetivo principal, el desarrollo de una particular forma de “ser humano”.

Considero un acierto y enteramente necesario el retomar el origen natural del término, sobre todo dadas las condiciones imperantes en las que se desarrolla el proceso educativo, con las características de estar generalmente mecanizado, alejándose de las cualidades integrales del ser humano; pero, además, es urgente el determinar la manera en que se va a fomentar, entender y aplicar en un proceso educativo formal en escuelas, familias y sociedad en general.

Comentarios: gibarra@uaslp.mx