Familia y escuela Capítulo 151: El eterno aprendiz
Hemos hablado ya en repetidas ocasiones que, la educación no es una actividad solamente conferida a la escuela, sino que es un proceso que se da en todo lugar y circunstancia; hasta en el espacio y momento menos esperado y planeado, se lleva a cabo el acto de enseñar y aprender.
De la misma forma, educar, no solo está facultado a los que se preparan científica y profesionalmente en la docencia, los cuales realizan esta importante labor circunscrita en modelos e instituciones preestablecidas para tal fin; sin embargo, todos los que integramos una sociedad, tenemos, querámoslo o no, la encomienda de ser alumnos y maestros de quienes nos rodean, de enseñar y de aprender desde y con los demás.
Este proceso social se desarrolla con nuestras acciones, actitudes y conocimientos, muchas veces empíricos; es llevado a cabo por los padres de familia, profesionistas y prestadores de servicios, servidores públicos y en general todos aquellos que tenemos interacción con otras personas o familias, convirtiéndonos literalmente en formadores y aprendices.
Un factor más a añadir a este proceso ampliado de educación, sin duda que es el de la temporalidad, puesto que si en las sesiones escolarizadas formalmente se establecen rangos de minutos y horas en los cuales se desarrolla una clase, materia o asignatura; en las interacciones cotidianas no existen esos cortes y delimitaciones, puesto que se enseña y se aprende a toda hora y en todo momento.
Darse cuenta que podemos enseñar, pero, sobre todo aprender en cualquier momento y circunstancia y además, en todo el tiempo de nuestra existencia, es una de las actitudes que debiera practicarse y difundirse como conocimiento práctico y de vida.
Esta manera de ir avanzando, creciendo y desarrollándonos con la actitud de apertura hacia todas las vivencias y circunstancias de éxito o de fracaso a las que cotidianamente nos enfrentamos, adquiriendo de todas ellas el mejor conocimiento posible, resulta de un proceso que es natural y espontáneo, pero que difícilmente lo tomamos en cuenta como parte de nuestra formación.
Desde que somos infantes, en nuestro trayecto de crecimiento, está inscrito como si fuera un código genético, el ansia por aprender de todo lo que nos rodea y de lo que imaginamos y para eso: preguntamos, probamos, olfateamos, tocamos, observamos y hacemos todo lo posible por obtener la información que satisfaga nuestra espontanea curiosidad por conocer.
A medida que pasa el tiempo, la certeza de la información científicamente comprobada, el ingreso a los planteles escolares y el cursar los diferentes niveles educativos, además de la difusión del conocimiento mediante los medios electrónicos y digitales, van menguando y casi extinguiendo esa ansia y necesidad de saberlo e indagarlo todo.
Es por ello que, la importancia de seguir siempre y en todo momento buscando, preguntando, asombrándose e insaciablemente seguir aprendiendo; no solo conformándose con los conocimientos adquiridos “obligatoriamente” en las escuelas, es una cualidad y habilidad que debemos practicar y fomentar.
Además, el sentirse parte e integrante del grupo de personas que siempre se declaran públicamente como aprendices, es la mejor forma de difundir y de rebasar la anquilosada idea de que “lo sabemos todo” o de que “no hay nada nuevo bajo el sol” o de asegurar que “ya terminé mi educación escolarizada” o de bloquear o simplemente no aceptar que, pese a su edad, raza, origen étnico, condición socioeconómica o género puedo aprender algo de ellos.
Es un hecho que a estos conocimientos no se les asigna la categoría de aprendizaje formal y pasan inadvertidos; pero son tan y en ocasiones más importantes que los saberes más especializados; incluso, hay quienes afirman que hasta en los últimos momentos de nuestra exitencia estamos aprendiendo de nuestro trayecto de vida y de la experiencia de pasar a otro plano.
“…estaba revisando un correo electrónico y en el mensaje de presentación decía: Saludos fraternales. El eterno aprendiz” en efecto, declararse siempre, en todo momento, lugar y circunstancia dispuesto a aprender.
Con afecto, reconociendo la labor del Maestro y Amigo: José Guadalupe Martínez Ibáñez “El eterno aprendiz”.
Comentarios: gibarra@uaslp.mx
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