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Familia y escuela Capítulo 152: Educar desde y para la responsabilidad

Por Gustavo Ibarra Hurtado

Marzo 08, 2023 03:00 a.m.

A

Responsable: dícese de la persona que es consciente de sus obligaciones y actúa conforme a ellas, buscando el bienestar personal en equilibrio con el bienestar social; además de tomar las decisiones correctas y ser capaz de responder por sus actos.

Tal pareciera que hablar de educar desde personas que actúan responsablemente, hacia personas de las cuales se les forma para realizar y asumir sus acciones en el mismo sentido, es algo que no se debe planear, mucho menos tomar en cuenta como un contenido formal.

Lo anterior es afirmado por quienes aseguran que este tipo de principios sociales y cívicos se reproducen de manera espontánea, bien sea por imitación o por imposición conductual entre grupos, sobre todo los familiares.

Sin embargo, el rumbo que han seguido las acciones cotidianas en las distintas sociedades, ha llevado a depreciar este valor en los seres humanos; de hecho, se ha llegado hasta casi instaurar como algo normal el que se actúe de manera irresponsable en los distintos órdenes de la convivencia social.

La lista de estos actos es tan amplia y ha llegado a estar presente de manera increible en todos los niveles sociales y actividades productivas, políticas, familiares, educativas, laborales y en general en todas en las que se requiere demostrar este valor.

De manera macrosocial, al utilizar los adelantos científicos en física, química y farmacéutica, los cuales fueron creados para el bienestar general; pero que, irresponsablemente son usados para la creación de armas o compuestos que destruyen masivamente a los seres vivos, como la bomba atómica y todas las drogas de origen sintético como el fentanilo.

Desde acciones tan cotidianas, como el simple hecho de tirar la basura, la goma de mascar o la colilla de cigarro en la calle o por la ventana del carro, hasta derramar desechos químicos hacia drenajes, ríos o a cielo abierto, desde las casas, industrias y otras actividades agrícolas y pecuarias.

El desvirtuar, por algunos individuos, el sentido original y de bienaventuranza que plantean la mayoría de las religiones, brindando el necesario apoyo social, espiritual y de fe; tergiversado para fines personales económicos, de poder o perversiones sexuales.

De igual forma, la manipulación irresponsable que se hace de la política, pasando de ser esa ciencia que procura la administración y gobernanza para el equilibrio y bienestar social, hasta desvirtuarse hacia el uso de ese poder para beneficio personal o de algunos allegados, alcanzando también a desvirtuar a la democracia.

Los niveles de violencia alcanzados, con acciones de odio hacia migrantes, minorías étnicas y grupos raciales con tonos de piel distintos al blanco, preferencias de género y sexuales diferentes a las establecidas culturalmente; de igual manera, hacia mujeres y familias enteras, incluyendo niños y niñas.

Los medios de comunicación, que anteponen los intereses comerciales y de la difusión de la violencia, a los del fomento de preceptos de nutrición y salud pública adecuada, influyendo en la audiencia a consumir productos alimenticios y culturales poco saludables.

El gran incremento de los niveles de corrupción, instaurando alarmantemente acciones totalmente irresponsables como si fueran “naturales” o hasta “necesarias”; como el hecho de pagar por trámites que debieran ser gratuitos (coyotaje), o de buscar y aceptar el soborno con agentes de vialidad; o el ingreso a una institución educativa o laboral mediante la recomendación de algún familiar, amistad o persona con ostensible poder social o político.

La lista de estas acciones es interminable y como nos hemos dado cuenta con esta mínima muestra, se encuentra permeando todos los niveles y actividades en sociedad, llegando a ser una característica de las debilidades del ser humano; pero también, se muestra como un área de oportunidad que se manifiesta como urgente e insoslayable.

No me sería sorpresivo, sino más bien necesario, el que se incluyera en una agenda educativa nacional el fomentar este valor, iniciando por las familias, como un tema a incluir en las conversaciones y actitudes que se desarrollan en este grupo y alentadas por los distintos medios de comunicación.

En lo que respecta a la educación formal, no resultaría extraño incluir en las distintas materias, no importando que fueran del área de las “ciencias duras”, el que se fomente de manera transversal, desde los niveles iniciales hasta los superiores, el ser responsable; sobre todo recordando que los valores no se enseñan, sino que se practican y se fomentan.

Padres de familia, maestros y medios de comunicación responsables, fomentando en hijos, alumnos y audiencias, actitudes también responsables

Comentarios: gibarra@uaslp.mx