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Familia y escuela Capítulo 162: La mejor maestra y el mejor maestro del mundo

Por Gustavo Ibarra Hurtado

Mayo 17, 2023 03:00 a.m.

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Normalmente el término: “Maestro” y “Maestra”, ha sido confinado a todos aquellos que se prepararon académica y científicamente para desarrollar, de manera escolarizada, la labor docente.

Todos los niveles educativos, desde el trabajo con pequeños y pequeñas, hasta los niveles superiores, requieren de una preparación que dote al docente de los elementos técnico pedagógicos que faciliten su tarea.

Preparación que debe incluir desde el ser experto en el total conocimiento y manejo de los contenidos que se imparten, de las diferentes formas técnicas de diseminarlos entre los alumnos y de una constante actualización.

Además, desde hace por lo menos un par de décadas, pero necesariamente durante y después de la pandemia del COVID 19, el manejo didáctico de los medios digitales y el aprovechamiento de las características de la sociedad del conocimiento, en donde resulta imprescindible la utilización de aparatos, plataformas, programas y aplicaciones virtuales que han modificado radicalmente el quehacer docente.

Hasta este momento, tal pareciera que estamos describiendo las características del mejor maestro y maestra del mundo; sin embargo, no es así, aunque para muchos el cumplir solo con ello sería suficiente para lograr la excelencia en la docencia.

El ser humano, nuestros alumnos y alumnas están conformados por diferentes dimensiones: cognitiva, axiológica, social, física, emocional, espiritual y otras que, en su conjunto, crean la increíble diversidad personal.

El ser un profesor o profesora que únicamente atiende la dimensión cognitiva de sus alumnos y creer con eso que es el mejor del mundo porque logró que ellos le repitieran exactamente todo lo que les dijo en clase, o que, como síntoma de aprendizaje y comprensión de conocimientos impulsó a que repitieran en una evaluación lo que en un libro se asienta con fechas, eventos históricos, fórmulas químicas o ejercicios matemáticos, logrando la perfección en calificaciones; definitivamente es solo una mínima parte del proceso educativo.

Los mentores que, no importando el nivel educativo y la materia o asignatura que impartan, logran impulsar otras dimensiones formando en sus discípulos, además de conocimientos, habilidades, valores y actitudes; creando en ellos autoconfianza y seguridad, así como resiliencia y emprendimiento para resolver retos, conjuntamente con la atención y escucha de sus inquietudes personales, provocando una autoestima estable; esos mentores habrán dado un paso en la búsqueda de la excelencia.

Por tanto, no basta con dictar técnica y científicamente la clase, se tiene que reconocer que ellos, tus alumnos, son mucho más inteligentes que lo que una calificación numérica pudiera expresar; te observan detenidamente, cómo caminas, cómo hablas, cómo te vistes, te conocen a la perfección; realizan un perfil de tu persona, de forma tal que saben qué y cómo decirte las cosas, con qué tema adularte: “¡Que hermosas uñas trae, maestra…” “Maestro, ¿a usted le gusta el futbol verdad?”; saben cuándo estás triste o con algún problema, te olfatean y se dan cuenta si hueles a perfume, tabaco o alcohol o si apresuradamente te levantaste y llegaste corriendo a tu plantel con la línea de la almohada en la cara.

Para aspirar a ser el mejor, debes entender que todos tus alumnos son diferentes, cada uno de ellos con distintos orígenes, familias, costumbres, miedos y formas de ver y enfrentar situaciones de la vida cotidiana y que, intentar unificarlos y representarlos únicamente con un número, sería omitir la riqueza de sus diferentes dimensiones.

La mejor señal de que vas en rumbo de lograr ser el mejor maestro o maestra del mundo, son precisamente signos y conductas que van más allá de una fría y monótona calificación; cuando al ir por la calle o en algún lugar público y te encuentres frente a frente con ellos y mencionen con orgullo a sus familiares: “él es mi maestro” “ella es mi maestra”, en ese momento podrás corroborar si tu labor es integral y por el camino correcto.

Nada fácil resulta el buscar ser el mejor maestro o maestra; Ya Pablo Latapí lo comentaba: “Creo que ser maestro tiene, como la luna su cara luminosa y su cara oscura… El lado oscuro de la luna lo conoces bien, es el bajo sueldo y, más a fondo, lo que ese sueldo significa: el poco reconocimiento social hacia el maestro. Esto duele; lo percibes todos los días y te acompaña como mala sombra; a veces alguien te ve de arriba abajo; mucha gente no valora ni lo que estudiaste ni lo que haces. (El lado luminoso) Ser maestro o maestra es ser invitado, en ciertos momentos privilegiados, a entrar al alma de un chico o una chica y ayudarle a encontrarse, a afirmar paulatinamente su carácter, a descubrir sus emociones, quizás a superar sus temores y angustias. Y para muchos alumnos el maestro o la maestra son los únicos apoyos con que cuenta”

La mejor maestra y el mejor maestro del mundo eres tú, estás en camino de serlo y lograrlo.

Comentarios: gibarra@uaslp.mx