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Familia y escuela Capítulo 203: Lecciones olvidadas 3: La cultura de la paz

Por Gustavo Ibarra Hurtado

Febrero 28, 2024 03:00 a.m.

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Dentro de las varias lecciones que la educación ha ido paulatinamente dejando de lado y con ello, reducirlas o de plano omitirlas, sin duda tenemos al fomento efectivo de una cultura para la paz.

Esto ha venido sucediendo entre la sociedad del conocimiento, que entre otras cosas, nos ha dado acceso a la difusión instantánea de noticias y acontecimientos, por lo general de hechos trágicos; además de la proliferación de acciones y actitudes de violencia, no solo de luchas y guerra entre diferentes naciones, sino de confrontaciones y acciones de corrupción e impunidad entre los propios individuos pertenecientes a familias, vecinos, lugares de trabajo y hasta en el libre transitar por las calles de las ciudades.

Todo lo anterior, ha creado una serie de lecciones que, lejos de fomentar la paz, ha generado un ambiente de desconfianza hacia los demás, con la creación de una cultura en donde todas esas acciones se han llegado a "normalizar" y a ser aceptadas como un "un mal necesario" de los tiempos que transcurren y en los cuales nos toca vivir y adaptarnos a esta realidad. 

Las lecciones que generan miedo e incertidumbre, en contra de una cultra de la paz, han sido reforzadas de manera muy efectiva por todos los programas y redes de noticias, los cuales, a pesar de difundir los acontecimientos "que más venden" y que por lo general son tragedias, bajo el pretexto de denunciar y alertar a la población; aún así, la programación de dichas cadenas abiertas públicamente, continúan luego de denunciar la violencia, con series y películas en donde estos actos son el centro de su trama, aderezados con escenarios y acciones de grupos de narcotráfico, guerra, asaltos, sexualidad mórbida y demás acciones delictivas, incluso haciendo apología de sus personajes.

Lecciones tan efectivas que han provocado reacciones en todos los habitantes, a grado tal de encontrar ya transitando normalmente por las calles a transportes blindados de ciudadanos que temen ser atracados, a la par de circular entre vehículos del ejército o guardia nacional con efectivos armados y equipados como si fueran a una zona de conflicto.

En las propias calles, encontramos ya, cual, si fueran parte de la decoración urbana, botones de pánico, al mismo tiempo que los transeuntes cargan solo lo necesario entre sus pertenencias y hasta mujeres conteniendo en sus bolsos artefactos que rocían algún tipo de gas u otro material, incluso hasta un arma blanca o de fuego, a manera de defensa personal.

Desconfianza de quien va sentado a un lado en el transporte público, de mirar a otra persona con diferente tono de piel, preferencia sexual, vestuario o lenguaje; incluso de quien va en la misma acera al transitar por la calle; y ya ni el emitir un saludo de cortesía ante alguien que no se conoce.

Los ejemplos son múltiples, no es difícil reconocer lo que es un hecho: la importante lección acerca de promover y difundir una cultura para la paz, ha sido olvidada y de plano dejada a un lado como estrategia de convivencia armónica y su lugar está siendo ocupada, en todos los niveles y espacios sociales, por otra cultura del miedo, alarma y estar todo el tiempo en hogares y lugares públicos en constante alerta e intranquilidad.

Pero, ¿qué es lo que estamos perdiendo? ¿en qué consiste la cultura de la paz? ¿por qué es tan importante rescatar estas lecciones?

De acuerdo con la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) es el resultado de nuestras relaciones humanas, se trata de buscar una armonía, un equilibrio tanto con nosotros mismos y con los demás, como con el medio ambiente. Convivir en paz no es sólo una posibilidad, sino una realidad que poco a poco, despacio, de manera imperfecta, suma de tentativas y ensayos, construimos día a día con el apoyo de la ciencia, la cultura, la educación y la comunicación.

De manera general, la mayoría de las acciones que a favor de una cultura pacífica se han efectuado, han sido de tercer nivel, es decir, correctivas y de confrontación; violencia contra violencia, que provoca una escalada de ésta, así como una carrera frenética cada vez con mayor intensidad, rebasando los límites de lo que normalmente se concibe como acciones humanas; todo ello, sin respeto por familias, mujeres, menores de edad y en general sin escrúpulos ante la afectación de los demás.

La educación integral como generadora original de valores, conductas, habilidades y costumbres proactivas, es la más importante estrategia con la que contamos para recuperar y reiniciar generacionalmente la cultura para la paz.

Debemos comenzar por reconocer que el fomentar esta cultura, no es función educativa única de padres de familia, maestros y maestras de escuela, comunicadores, sacerdotes o ministros de cualquier culto religioso; es deber y obligación de todos.

La postura más cómoda es seguir cobardemente callados, resistiendo y adaptándonos a todas las características que el desarrollo y "modernidad" imponen, mediante las acciones sociales que se van presentando y, entregar, como quien entrega "el alma al diablo", nuestra tranquilidad y convivencia pacífica por la inestabilidad de estar en constante desconfianza con el mundo.

A manera de objetivo a lograr por todos aquellos que proponemos y fomentamos esta educación, dejo alguna de las definiciones que existen sobre la cultura por la paz: "...se basa en la idea de un estado positivo en el cual se promueve la justicia, la igualdad, el respeto mutuo y la cooperación; se manifiesta en diferentes niveles: desde las relaciones personales y familiares hasta las interacciones a nivel internacional. Implica la resolución pacífica de conflictos, el respeto a los derechos humanos, la inclusión social y la promoción de la educación y la comprensión intercultural" (UNESCO).

Comentarios: gibarra@uaslp.mx