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Familia y escuela Capítulo 26: Estructura y función

Por Gustavo Ibarra Hurtado

Noviembre 25, 2020 03:00 a.m.

 Una de las más importantes formas de comportamiento y de conductas sociales que mediante la educación integral brindada por familias y escuelas, se puede generar y fomentar, sin duda es lo correspondiente a los roles o funciones que todos desempeñamos en los grupos en los cuales nos desenvolvemos; me refiero a una visión Estructural Funcionalista.

Una “estructura” está integrada por “partes” y depende del buen funcionamiento de cada una de ellas, el que esa “estructura” funcione perfectamente, sin problemas.

Si hablamos de una máquina, por ejemplo, de un vehículo automotriz, está integrado por muy distintas partes y todas con una función específica; depende de todas y cada una de ellas, de su correcto funcionamiento, el que todo el automóvil se desempeñe correctamente; una falla en alguno de sus componentes, provocaría que la estructura (el auto) comience a mostrar funcionamientos inadecuados y descomposturas.

Para el caso de un cuerpo humano, está conformado por diferentes órganos, aparatos o sistemas: todos con su función específica, que provoca el bienestar de ese organismo; y aunque cada uno de ellos es diferente al otro y desempeña funciones distintas, todos lo hacen para su correcto comportamiento vital; la afección que se presente en cualquiera de éstos, impactaría directamente a su salud y desencadenaría una serie de eventos negativos representados en una enfermedad o desajuste que puede poner en peligro a toda la estructura del individuo.

Para el caso de una estructura social, macro como un país o micro como una familia, o cualquier grupo social que esté integrado por individuos; depende de que cada uno de ellos realicen su función de manera adecuada, el que cada quien desempeñe su rol significa: “…que cada quien haga lo que le corresponda, de manera completa, bien hecho y sobre todo asumiendo su responsabilidad en los lugares y los grupos en donde se desenvuelva”.

Puede llegar a pensarse como algo utópico, inalcanzable y hasta con una gran carga idealista el suponer que cada uno de nosotros desempeñemos nuestras funciones adecuadamente, sobre todo por el marco cultural que ha rodeado a los países en vías de desarrollo y claro está, México incluido.

Sin lugar a dudas, el formar y educar personas desde esta visión de realizar adecuadamente las diferentes funciones que se tienen asignadas; debe realizarse como una constante, es decir, como una misión de vida desde las familias, escuelas, medios de comunicación y sociedad en general, sentando las bases de una sociedad con un sentido de compromiso hacia todas las acciones que se realizan, aún las más pequeñas.

“…si vas a barrer o lavar trastes en tu casa, hazlo bien; si vas a divertirte, hazlo bien; si vas a estudiar, hazlo bien; si trabajas en un empleo u oficio en apariencia “pequeño” o en un cargo gerencial o de mayor estatus, público o privado: hazlo bien”.

El entender esta actitud y valor de la responsabilidad, genera, entre otros ejemplos, el por qué no serían admisibles todos los actos de corrupción que en todos los niveles se llevan a cabo: “…México es evaluado por la instancia: Transparencia Internacional, la cual emite la percepción del sector público acerca de la corrupción, ubicando a México en el nada honroso lugar 130 de un total de 180 países y el peor evaluado dentro de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en el año 2019”

La corrupción, lo mismo que las diferentes conductas anómalas que los integrantes de una estructura realizan, desde las catalogadas como las “más graves” hasta las “menos dañinas”, son igualmente importantes en el impacto negativo que propician al funcionamiento de toda sociedad y sus diferentes grupos sociales, entre ellos las estructuras gubernamentales, empresas, escuelas y sobre todo a las familias.

El cumplir adecuadamente con sus funciones, el realizar de manera completa y bien todas las actividades asignadas, ha sido un aspecto que se ha descuidado en exceso; en su lugar y cobijados por una cultura del relajamiento y la falta de compromiso, tenemos frases como: “… hay mañana” “…termino luego” “…hay se va” “…yo por qué” “…nadie se dio cuenta, que así se quede” “…si no tranzas, no avanzas” “…que se friegue el más pendejo”.

Desde esta óptica, los individuos y la estructura de la cual forman parte, presentan un esquema de formación y educación fallidos, que se inicia, se tolera y se refuerza desde muchas de las familias, continuando en las escuelas, medios de comunicación y otras instancias.

El enfoque de estructura y función ¿es idealista en nuestro contexto? Claro que sí; ¿es utópico e irrealizable? Probablemente también; sin embargo, no podemos seguir contribuyendo en reproducir estas conductas y actitudes; por lo que quién más que padres de familia y maestros, sean los encargados de iniciar con un movimiento que respalde el fomento de “hacer completas y bien hechas” todas las funciones que se realizan, colaborando con ello en el adecuado desarrollo de nuestro país y todos los grupos sociales que lo integran

Estoy seguro que si todos los que integramos esta gran estructura de país, estuviéramos desde pequeños, alentados e impulsados a hacer lo que nos corresponde, seguramente no seríamos el país perfecto; pero desde dejar un plato sucio, hasta los casos de corrupción, influyentismo, nepotismo, irresponsabilidades y de más, estuvieran disminuyendo notablemente.

Estructura y función social para prevenir, fomentar y crear una cultura de vida desde su origen; en lugar de ir contra la corriente poderosa, implementando solo medidas de corrección y mitigación contra los problemas y patologías sociales que se presentan.

Comentarios: gibarra@uaslp.mx