Familia y escuela Capítulo 72: Ritmos
Un ritmo puede definirse como una sucesión o repetición de elementos, de sonidos, acciones y otras formas que, de manera constante se van presentando entre flujos, pausas, avances y retrocesos, incluso cortes, que dan la idea de dinamismo y movimiento.
Se puede decir que de manera natural, se presentan diferentes ritmos, los cuales podemos apreciar en nuestro planeta, bien sea con la repetición entre el día y la noche, las estaciones climáticas del año, los ciclos lunares y otros más.
De manera general es claro apreciar que los diferentes fenómenos enunciados, están dentro de una dinámica que, los conduce a repetirse a la velocidad y frecuencia con la que se presentan habitualmente, cual si fuera un orden preestablecido, lo que para muchos representa una belleza y una forma inexorable de ocurrencia.
Pero ¿qué pasa cuando las personas y sus actividades cotidianas ingresan a esta dinámica? ¿es posible establecer ritmos sociales y culturales a semejanza de los ritmos naturales? fenómenos como la educación, la crianza familiar, las actividades laborales, las relaciones interpersonales y otras, ¿pueden someterse a tal característica rítmica?
Sin duda, cada sociedad y cultura, cada nación y cada pueblo tiene su propia dinámica, su propio ritmo de crecimiento y desarrollo, el cual se puede apreciar de manera general en sus habitantes, instituciones y grupos, como una forma dirigida y característica de comportarse y lograr objetivos; reglas aveces no escritas, que marcan el paso y su frecuencia. Sin embargo, cada individuo, aunque pertenezca a estos grupos, tiene su propia especificidad, tiene su propio ritmo.
Aunque un pueblo muestre una ideología y costumbres definidas, cada grupo social que lo integra es diferente; por ejemplo: cada familia no es igual a las otras, tanto en composición y sobre todo, en la forma de realizar sus funciones y el logro de sus objetivos.
Pero aún más, cada individuo que conforma a estas familias es distinto; bien lo afirma la sabiduría popular: “…Cada hijo es como los dedos de la mano, todos son diferentes”
Algo similar ocurre al menos con la educación pública, en donde si bien es cierto que todos los planteles están dirigidos por un Plan Nacional y Estatal, en donde se establecen todas las directrices curriculares, pedagógicas, administrativas y demás necesarias para su funcionamiento, de forma tal que se avance con todos ellos “al mismo ritmo”, lo cierto es que cada escuela tiene sus propias características específicas y de su contexto.
De igual forma, en cada grupo escolar, aunque está regido por un calendario y las normas nacionales y estatales mencionadas, por supuesto intentando unificar a todos los alumnos de educación obligatoria al mismo ritmo de aprendizaje y logros; con todo y ello, dentro de él, cada niño y niña es distinto al otro; es decir, cada uno de ellos tiene un ritmo único, diferente, propio.
De hecho cada ser humano tiene su propio ritmo, ni el corazón mismo late con la misma frecuencia en una persona que en otra; así ocurre con la forma de hablar, aunque hablemos el mismo lenguaje es a diferente velocidad, tono, volumen, intensidad y por si fuera poco, hasta una misma palabra la emitimos con distintos significados.
A caminar aprendemos en diferentes momentos y una vez que lo hacemos, cada quien desarrolla su propia forma y estilo para desplazarse, algunos van rápido, otros lo hacen lento; otros más marcan de manera firme el paso y algunos casi sin tocar el piso, los hay encorvados y los erguidos, así como los que caminan arrastrando el calzado.
En las relaciones interpersonales, se tiene la intención de buscar pareja en momentos distintos, de diferente manera y con múltiples técnicas o métodos; incluso sin planearlo, el amor llega aveces sin alguna técnica o plan, mucho menos en algún tiempo definido.
Hay tantos ritmos y géneros musicales, todos ellos con sus características muy definidas; pero no todos los intérpretes los transmiten de la misma manera.
Mientras que a algunos, el teorema de Pitágoras es en exceso simple y se entiende a la primera explicación, para otros, tiene que pasar más tiempo y otras circunstancias para comprenderlo; lo mismo que el encontrar el sentido del para qué de la filosofía, en donde para unos se ve reflejado en la forma estructurada y lógica de pensar y aplicar el conocimiento, mientras que para otros tardan mucho más en entederlo, incluso todavía muchos más siguen sin encontrarlo.
Uno de los ejemplos más claros de no respetar los ritmos individuales ocurrió con el sistema educativo mexicano de hace algunos años, cuando se consideraba como reprobado en primero y segundo de primaria a aquellos que no supieran leer y escribir; como resultó evidente, era como caminar, ocurría en ritmos personales y no todos en el tiempo que alguien externo determinaba.
Es por demás evidente: cada persona tiene sus propias características que se ven reflejadas en un ritmo muy particular.
Si comprendemos lo anterior, entonces ¿por qué existe la firmeza en algunos padres de familia por querer que todos su hijos reaccionen y se comporten de la misma forma? ¿Por qué la mayoría de los profesores están enfocados en transmitir a sus alumnos el programa de estudios en los tiempos predeterminados, de la misma forma, con el mismo texto y hasta con el mismo examen? Los exámenes internacionales estandarizados de conocimientos básicos ¿toman en consideración los ritmos específicos de cada contexto y cada alumno?
Entonces, creo que el ser arrítmico no resulta en una falta grave, porque es una expresión genuina de cada persona; el aprender en tiempos y circunstancias distintas, el ser diferente al resto de los hermanos, el amar a mi estilo; incluso, el bailar sin seguir el paso establecido, habiendo recibido el comentario mordaz de “tener dos piés izquierdos”, el respetar la individualidad de hijos y alumnos; todo ello, debiera ser un cumplido y señal de haber sido coherente con seguir el camino a mi propio ritmo.
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