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Familia y escuela Capítulo 91: No solo piden juguetes

Por Gustavo Ibarra Hurtado

Diciembre 22, 2021 03:00 a.m.

Todos los niños de cualquier clase social, cultura y tipo de familia, tienen como elemento común el deseo y propensión hacia el juego; la curiosidad, el impulso por explorar, manipular y probar lo desconocido, son algunas de las características que acompañan todas sus acciones lúdicas.

De manera casi generalizada y debido a su edad y falta de experiencia, se preestablece que acciones de mayor complejidad no pueden ser encomendadas a ellos; se incluyen tareas y actividades que son peligrosas y requieren de una responsabilidad y madurez que, distan mucho de ser un juego.

De igual forma, de manera tradicional se les ha eximido de conocimientos y razonamientos complejos, como sería el caso de la filosofía, la economía, el desarrollo y aplicación de fórmulas químicas y matemáticas avanzadas, incluso del juicio de acciones morales y otros valores.

Sin embargo, el descalificar a priori estas habilidades, actitudes y valores en los niños y niñas, resulta muy aventurado y hasta cierto punto ingenuo, dado que estamos negando de manera anticipada sus capacidades de apropiación y aprendizaje autónomo, así como su nivel de adaptación al contexto en el cual se desarrollan, además de la evolución del nivel de difusión de conocimientos cotidianos que logran los medios de comunicación.

Ya Matthew Lipman lo anticipaba, en su teoría de “Filosofía para niños”, en donde a su nivel y de manera particular en cada uno de ellos, al analizar un dilema que se presupone para adultos, tienen su propia opinión “...uno puede ser experimental, otro intuitivo, un tercero analítico, y un cuarto escéptico, y así sucesivamente. Aunque ningún estilo debe ser presentado como mejor o peor que cualquier otro”.

En verdad sorprende la forma en que, al darles la libertad para expresar su pensamiento, abordan temas, proponen otras formas de ver y enfocar situaciones que, a algunos mayores ni siquiera se les hubiera ocurrido; pero lo que pasa normalmente es negarlo o simplemente no tomarlo en cuenta, porque proviene de un niño.

En cierto momento, llegada la época decembrina y todo lo que las tradiciones y elementos culturales se presentan, en ese Jardín de Niños,  la maestra les solicitó a sus alumnos, no mayores de cinco años, que expresaran lo que pedirían para esta navidad.

Desde luego que hubo pedimentos de juguetes de moda, artefactos electrónicos: celulares, tabletas y hasta robots parlantes e interactivos; sin embargo, no solo pidieron eso, porque ante sus compañeros, se desarrolló una comunidad de diálogo en donde se expresaron reflexiones morales, familiares, económicas, consejos y hasta resolución de dilemas.

“…yo pido que tengamos mucho, mucho dinero, para que mi mamá no esté preocupada que no ajusta para la comida…”

“…yo pido que en la navidad, ese día desapareciera todo el vino, porque mi papá se emborracha y se la “hace de bronca a todos”, también a mi mamá…”

“…yo quiero conocer a mi papá, porque no lo conozco, mi mamá es madre soltera, pero yo creo que por lógica si debo tener papá…

¿Y por qué no le preguntas a tu mamá quién es tu papá?

Ya lo hice, pero me dice que no es importante; y me dice que a mi abuelo le diga: papá, pero no puede ser, porque también es el papá de mi mamá…

Oye, yo también vivo con mis abuelos y también le digo papá a mi abuelo, él me dice que papá es el que trabaja y mantiene la casa, el que compra todo y nos cuida; ¿tu abuelo también los cuida? Entonces yo te aconsejo que sí le digas papá…

Sí, tienes razón, nos cuida y me quiere mucho (y se fue convencida a su casa)”

“…yo quiero despertar grande, porque si ya fuera grande podría ir y ayudarle a mi mamá, porque trabaja en las casas y llega ya muy tarde y llega muy cansada…”

Tal pareciera que no se dan cuenta de lo que pasa con los adultos, que están “metidos en su mundo de juegos”, que no tienen opinión valida de lo que sienten, juzgan y desean; sin embargo, son muy inteligentes, perceptivos y sensibles.

A su nivel, en su contexto, con sus maneras y medios, son parte de cada situación en la que están incluidos; sin dejar de ser niños, jugar y anhelar juguetes y un sinfín de cosas materiales más, pero la conformación de su pensamiento crítico, de sus incipientes ideas y cosmovisiones filosóficas, además de la interpretación de sus realidades, siempre están presentes.