Fuchi qué rico
El clima es el tema de ese “small talk” que rompe el hielo en las conversaciones difíciles, con personas difíciles y cuando se han agotado otros temas y el interlocutor sigue ahí frente a nosotros eperando algún comentario inteligente, curioso o chistoso.
Es una expresión que este martes me viene bien para hablar de el clima de los últimos días. Un amanecer de viernes con unas nubes epectaculares por su densidad, su color gris y su poca altura. Ese mismo día un atardecer entre rosas y grises y una luz de media tarde espectacular. Ayer la locura con la luuvia y el granizo tan sorpresivo como efímero y hoy este frío que cala profundo sobre todo en los huesos que ya llevan tiempo en este mundo. Pero que al mismo tiempo era necesario y que me hace decir “fuchi que frío pero que rico y qué bueno que se haga presente el invierno”.
Fuchi qué rico es una frase que me recuerda a una amiga que por cosas de la vida vive lejos de esta ciudad en donde nuestros hijos fueron juntos a la escuela. Así decía cuando por ejemplo probaba algo que le gustaba pero era muy picoso. Yo así siento el clima en estos días: qué frío pero al fin llueve, qué frío pero ya era hora de que llegara, qué mal que no pueda uno salir pero así me quedo en casa. En fin…
De este momento climático creo que podemos sacar provecho y no convertirnos en una queja con un eco infinito que se repite en cada llamada o mensaje, pues los cambios de ambiente y tempertaura tienen su razón de ser y nosotros como especie, si bien lo hemos venido a alterar con nuestra actividad humana, seguimos teniendo que ser nosotros quienes nos adaptemos a sus cambios.
La semana pasada nuestro microclima de los últimos cinco días nos dio argumentos para constatar que el cambio climático no es una construcción publicitaria para vender ropa deportiva o algún otro producto. El cambio climático es un efecto vivo que convive con nosotros y que en el peor de los casos nos lleva entre sus ráfagas, con sus tormetas, sus aludes, avalanchas, tornados, tormentas o erupciones, cobrando vidas o mutilándolas como si se tratara de un proceso natural de eliminación de los eslabones más débiles.
Con estas temperaturas podríamos pensar en quienes las sufren sin un techo, una cobija, o unos calcetines. Podríamos ir a nuestro closet y depurar y elegir prendas poco usadas ya sea por la moda o por gusto y que estando en buenas condiciones pueden servir a alguien más. Podemos hacer una bolsa y traerla en el auto y en algún semáforo o alguna beneficencia ofrecerla a quienes vemos más desprotegidos. Porque quizá, ellos no están en condiciones de apreciar las bajas temperaturas que matan bichos que de otra manera nos enfermarían de otras cosas además de los virus de moda que nos tienen confinados ya casi desde hace dos años.
El clima es un determinante en todas nuestras actividades y vivimos pendientes de él, de sus variaciones y sus excesos. Ya no podemos pensar en tomar el sol sin protector, ni salir sin sombrilla en julio por la tarde. Me da tema para conversar aquí y evitar temas sociales que nos enferman la mente y el cuerpo, dejando el fuchi como una expresión muy corta para manifestar nuestro enojo ante una agenda dictada desde la ignorancia o desde el desdén de quién da órdenes sin mayo autoridad que la de un nombramiento cualquiera.
Ojalá su frío sea como para muchos, solo una temporada y no un momento que lamentar.
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