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Golpe al ego

Por Óscar G. Chávez

Octubre 21, 2023 03:00 a.m.

A

La humildad, la templanza y la honestidad, queda demostrado, no son virtudes que tengan aceptación por la personalidad megalómana del gobernador de San Luis Potosí. No hay día, desde el inicio de su gobierno en que no surja un ejemplo que nos permita ejemplificar esta conclusión a la que se ha podido llegar después de los acontecimientos de las últimas semanas. 

Por otro lado, también se confirma, que la coordinación entre él y su gabinete (de general de Gobierno para abajo) es completamente inexistente; de otra manera no podría explicarse por qué existen una variedad de opiniones, todas distintas entre ellas, con todo y que se trate del mismo asunto. Así, el gobernador dice una cosa, Lupe –el pajecillo palaciego– dice otra y el secretario X  (ponga el nombre que usted desee) dice lo opuesto; la única similitud es la disparidad en esta administración estatal en la que (como ya se ha dicho en varias ocasiones) todo lo controla un individuo que no sabe escuchar otra voz que no sea la suya.

El caso de la arena charra, del gobernador charro de gustos charros, para un evento charro, quedará como muestra de que no siempre se podrá, por más que el señor gobernador diga que sí, hacer lo que le venga en gana; curiosamente en este caso no hubo otro obstáculo, ni opositor alguno, que su propia soberbia. La obra no se concluyó más que por la mala planeación y, como siempre –o al menos hasta ahora–, por hacerla a la carrera.    

Pasando por alto el caprichoso origen de la innecesaria construcción, la permanente oposición que generó y la enorme cantidad de recursos que a ella se destinó, descuidando otros objetivos (esos sí de primera necesidad) dentro de la obra pública y el lamentable suceso en ella ocurrido que le hizo mostrar su desprecio por todo aquello que se le interpusiera, incluida una vida humana, era evidente que ni aun encomendándola a la Santa Cruz o a San Antonio de Padua la construcción sería acabada a tiempo. 

Nada quiso ver ni quiso escuchar, incluidas las voces de la comunidad charra que explicaron los riesgos que podría generar en un evento de este tipo, una obra construida y puesta en funcionamiento con esa premura. Luego, a la terca sinrazón de la cerrazón siguió el aplazamiento, después la negación y por último la resignación; no obstante nunca reconoció las fallas de la planeación y lo nocivo de sus caprichos que tanto daño provocan al erario.  

Desafortunadamente el escarmiento no llegó, y lo que hubiera podido resolver admitiendo las fallas de un proyecto mal planeado, reprogramando a San Luis como sede para una mejor oportunidad, continuó en la destrucción del estadio de béisbol cuyas adaptaciones y posterior reconstrucción (si es que se llega a hacer) evidentemente se harán de nueva cuenta con cargo al presupuesto del estado, con todo y que el gobernador se empeñe en afirmar que estos últimos gastos serán pagados por la Asociación nacional de charros. Es decir, bajo esa lógica, los invitados acabarán pagando los desaciertos de su mala gestión no como gobernador sino como anfitrión y organizador de un evento; nadie lo cree.         

Lo cierto es que en los últimos días ha circulado de manera cada vez más insistente una invitación de algunos miembros de la propia comunidad charra, para no asistir a este evento que por el improvisado espacio y nada decorosas condiciones en que se realizará, no sólo los denigra a ellos, sino a todo el llamado deporte nacional. De ocurrir esto, será un muy fuerte golpe (otro, sumado a la obra inconclusa) para el ego del gobernador que quizá ni así comience a darse cuenta de sus limitantes, pero que acabaría demostrando que el “te educas o te desnucas” utilizado frecuentemente por el finado y perverso Cándido Ochoa, no pierde vigencia.   

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Nota al margen: Circula en redes sociales un patético video en el que el gobernador llama burlonamente a Mario García Valdez, flamante secretario de Cultura, “osito panda” mientras literalmente lo obliga a sacarse una degradante foto con un híbrido personaje funerario. ¡Vaya humillación!