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GUACAMAYA

Por Juan José Rodríguez

Octubre 06, 2022 03:00 a.m.

A

La pregunta que muchos nos hacemos es ¿Qué o quién sigue? ¿La Secretaría de Gobernación, el antiguo CISEN hoy convertido en Centro Nacional de Inteligencia, el SAT, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana? Y lo que usted guste agregar. La interrogante tiene sentido porque, al menos teóricamente, los equipos informáticos de la Secretaría de la Defensa, con sus inmensos archivos y bases de datos, deberían ser de los mejor protegidos contra intrusiones maliciosas. Y si el grupo de hackers Guacamaya pudo penetrarlos y saquearlos, qué se puede esperar de otros con menos salvaguardas.

Flota en el ambiente una pregunta más: si el saqueo informático de la Sedena es, como se ha dicho, de seis terabytes equivalentes a millones y millones de mensajes, correos, audios, videos y otro tipo de documentos ¿lo que se ha difundido hasta ahora (comparativamente muy poco) es lo más relevante, impactante y revelador, o es lo que se ha encontrado de manera aleatoria? Planteado de otra forma, lo hasta ahora hecho del conocimiento público ¿es el armamento nuclear o son apenas disparos de fusil? La duda vale porque lo conocido del gran público es interesante y está teniendo consecuencias indeseables, pero nada que tenga tambaleándose al gobierno ni amenazando la estabilidad nacional.

Todo mundo asume que lo hasta ahora conocido es apenas la punta del iceberg, pero lo que no se sabe es qué hay en ese gran cuerpo bajo el agua: ¿bombas atómicas o algunos obuses?

El tiempo traerá las respuestas. 

Por lo pronto, el primer efecto perceptible en el cuerpo social es que se despertó un morbo de proporciones mayúsculas que a gritos y a toda hora pide más. Lo mismo, como efecto colateral indeseable, se ha abierto espacio a un sospechosísmo que de ninguna manera puede considerarse inocuo. Quizá el más notorio es ese que se ha filtrado en medios de diverso calibre y, por supuesto, en las redes sociales, que plantea la posibilidad de que el hackeo de la Sedena haya sido un asunto interno; es decir, que lo hayan ordenado altos jefes militares con fines aviesos. En lo personal semejante especie me parece no creíble, insostenible, incoherente y sin ningún apoyo en los hechos. 

Veamos: antes de su intrusión en nuestra Secretaría de la Defensa, Guacamaya había hecho lo mismo en las fuerzas armadas de cuatro países más (Chile, Colombia, El Salvador y Guatemala). En la lógica de nuestro sospechosísmo, en esos lugares debería haber también mandos militares desleales, grillos o hasta traidores para la ejecución de acciones similares. Simplemente es ridículo. Como además los saqueos informáticos en conjunto se dieron en un plazo no mayor de seis meses, tendría que haber existido una especie de conspiración multinacional. 

Si volteamos la mirada a nuestro entorno más inmediato, encontraremos que las filtraciones conocidas hasta ayer, no vinculadas con la criminalidad, que involucran a potosinos y potosinas son de escasa profundidad y en consecuencia aportan poca información realmente valiosa. De hecho, lo que se ha difundido y que tiene que ver con el activismo feminista y algunos actores políticos, es material nutrido de lo que se conoce como Fuentes Abiertas. O sea que se trata de información obtenida de un seguimiento en medios de comunicación y redes sociales. Un botón de muestra: 

El diario español El País, haciendo su propia búsqueda en las filtraciones de Guacamaya, publicó el martes pasado lo siguiente: “El gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo Cardona, tiene uno de los perfiles más detallados (en los archivos de la Sedena). Con 15 páginas, la ficha detalla cosas como que el político del Partido Verde tiene sangre cero positiva o las acusaciones que lo llevaron a la cárcel en enero de 2015, por delitos de operaciones con recursos de procedencia ilícita y nexos con la delincuencia organizada. El documento incluye un análisis de la gestión que hizo en cada cargo que ocupó o del manejo que tuvo de la pandemia de la Covid. La Sedena hizo además un seguimiento de los miembros del Gabinete de Gallardo Cardona, actualmente aliado político de Morena. El informe también desarrolla los comentarios públicos que ha hecho de diferentes temas, casi siempre relacionados con el actuar de las Fuerzas Armadas y las promesas de campaña que realizó”. 

Si el contenido de las 15 páginas aludidas (que seguramente no tardarán en estar disponibles) tiene el mismo tipo de fuentes que la ficha del párrafo anterior, inevitablemente tendrá la misma calidad superficial y poco reveladora. Esta clase de seguimientos resultan sustanciosos y pueden ser determinantes si se nutren de intervenciones telefónicas y grabación de conversaciones reservadas, sustracción de documentos confidenciales, acceso a fuentes sensibles (cuentas bancarias, situación fiscal o delaciones) y seguimiento en campo.

A reserva de nuevas revelaciones más sísmicas, por lo pronto la aparición de Guacamaya y sus seis terabytes de información le ha prestado un servicio a López Obrador: sacó del centro de la discusión pública la reforma constitucional para que nuestras fuerzas armadas sigan cuatro años más en las calles cumpliendo funciones de seguridad pública.

En dos semanas más estará en circulación el libro El Rey del Cash, escrito por la expareja de César Yáñez, escudero fiel y acompañante permanente de Amlo durante más de 15 años. Lo mismo puede ser dinamita que petardo.

NUESTROS PINOCHOS

Cuando un funcionario miente en público y lo cachan en la mentira, en automático está comprometiendo su credibilidad futura. En la medida que la gente lo ubica como un pinocho vernáculo, deja de creerle. Podrá darle el avión para divertirse o sacarle algún provecho, pero la relación ya 

se envició. 

Esta realidad tan simple no ha podido ser entendida por el gobernador Gallardo Cardona y sus principales colaboradores. Mienten como respiran y luego piden el aplauso. 

El historial de falsedades de este gobierno es abrumador. Ya habrá ocasión de hacer un recuento lo más detallado posible. Estas líneas son una especie de adelanto porque cada vez con mayor frecuencia surgen momentos estelares en la mitomanía oficial, que alcanzan niveles de cinismo de gente que quiere vernos la cara de pendejos a todos los potosinos. 

Apenas unas horas después de haber tomado posesión el domingo 26 de septiembre del año pasado, Gallardo Cardona acudió al parque Tangamanga I para anunciar su remozamiento y remodelación. En ausencia de un proyecto ejecutivo con su correspondiente presupuesto, inexistentes ambos documentos, se habló ahí de una inversión del orden de los cien millones de pesos. Pocos meses después se hablaba ya de entre 120 y 150 millones.

La acuciosidad de nuestro coordinador editorial Jaime Hernández encontró que según uno de los anexos del primer informe de gobierno gallardista, las obras en el Tangamanga I costaron (o por lo menos eso cobraron, que no es lo mismo) más del doble de lo estimado: 336 millones de pesos.

Preguntado al respecto el célebre Uñas Largas, damo de compañía de Gallardo Cardona y aspirante enfebrecido a sucederlo, se destapa con una respuesta tan falsa como cínicamente desafiante: “Es un cierre de números”. ¿What? Lo que la salud de nuestra vida pública reclama es que este mitómano irredento cierre la boca.

Debo insistir: esa respuesta, igual que muchas otras que ya traeremos a colación, sobrepasa los linderos de la mentira y viene a ser una falsedad cínica, desafiante, ofensiva. La premisa detrás es “los potosinos son tan brutos que se tragan todo”. ¿Será?

El caso de la Feria que surgió horas después, es idéntico: luego de afirmar (porque este gobierno es alérgico a los proyectos y presupuestos en forma) todavía en agosto que las obras de remodelación y modernización de las instalaciones costarían unos 50 millones de pesos, el documento oficial que es el Informe de Gobierno establece la erogación real en 364 millones. Ocho veces más.

Todo este maratón de falsedades y cinismo tiene su propio ecosistema, conocido como Opacidad Gallardista, cuya administradora parece ser alguien de nombre Sandra Sánchez Ruiz.

Al final del día Servidor se queda convencido de que la única e insustituible política de este gobierno es aplicar puntual y enjundiosamente el apotegma hankista: “Entre más obra, más sobra”. ¡Por supuesto!

COMPRIMIDOS

El gobierno estatal le debe a la Universidad más de 130 millones de pesos, comprometidos desde inicios del año en un convenio en el que intervino también la SEP. Le piden respetuosamente al gobernador Gallardo Cardona que pague lo que debe y responde que así lo hará, que con mucho gusto. Pero enseguida lo dominan sus pulsiones caciquiles y añade que va a dar el dinero pero que la institución debería abstenerse de “reciclar personajes obscuros” y de “ser casa de desobligados”. ¿Habrá que entender que ha retrasado la entrega de los fondos como presión para que la UASLP corra a tal o cual funcionario, catedrático o estudiante? Y no olvidar que días antes había emplazado al alcalde Enrique Galindo a hacer cambios en su policía. Yo creo que Villa, con todo y bypass gástrico, debe llevar una caja de chocolates a Palacio de Gobierno en agradecimiento porque le aseguraron la chamba un buen rato. 

Tarde pero sin sueño, podría decirle la Sedena al mandatario potosino, ahora que finalmente ha enviado varios centenares de soldados y elementos de la Guardia Nacional a reforzar la lucha contra la delincuencia en estas tierras. Ya Gallardo debe haber sentido menos frio de la federación. Su felicidad será completa cuando consiga, si es qué, que López Obrador lo reciba en privado y visite en plan de trabajo esta capital.

Efectivamente, el lunes pasado los mandos nacionales de Movimiento Ciudadano aprobaron la expedición de la convocatoria para elegir nueva dirigencia en nuestro Estado, pero al menos hasta ayer a mediodía no la habían publicado. El último obstáculo para autorizar el documento desapareció cuando Eugenio Govea desistió de su loco afán de completar 15 años en el liderazgo local (anda en 13) y aceptó la gloriosa distinción de ser nombrado “Coordinador Nacional de Exlegisladores”.

 Nos dicen en el Ayuntamiento que la convocatoria publicada hace unos días no es para ejecutar obras sino para realizar un estudio a fondo de las ciclovías, tanto de las que existen como de las que se están solicitando. Y vaya que hace falta, comenzando por una medición de aforos todos los días de la semana y las 24 horas; una actualización estadística de bicicletas y motocicletas, y diferenciar entre las primeras las deportivas, las de trabajo y las de transporte.

Hasta el próximo jueves.