Incendios

La fotografía de José Esquivel, en la portada de ayer en "Pulso" es, ciertamente, elocuente. La gráfica muestra la magnitud del incendio que consume la vegetación de la Sierra de San Miguelito, y que se ha extendido por los rumbos de Cerro de San Pedro. La imagen dice más que mil palabras y la gravedad de los hechos no debería ser minimizada por las autoridades. Sin embargo, como ya parece costumbre en tierras potosinas, distintos personeros del poder público se han mostrado más que incompetentes para encarar el problema, abriendo paso, incluso, a una duda legítima de si no podrían estar auspiciando que se joda la biodiversidad de esa zona para saciar la voracidad comercial y económica de diversos proyectos de negocios, sobre todo inmobiliarios.

     La devastación ambiental es grave. De acuerdo con el recuento de los daños, reseñado por "Pulso" (12 de mayo de 2019), desde el año 2013 no se había registrado una afectación tan grande en la superficie de esa zona y, a pesar de esa magnitud de la tragedia, nuestras autoridades se han mantenido en un estado de abulia que se creía propio de otro tipo de problemáticas sociales, igualmente graves, como las relacionadas con la inseguridad pública. No ha faltado hasta el comentario mordaz advirtiendo que con el fuego que se ha desbordado en la entidad potosina, los huevos tibios ya han pasado a la condición de fritos y, por ende, a una actitud institucional derrotista que, no pocas veces, se asume ante fenómenos trágicos como el de los presentes incendios.

     Afortunadamente, la respuesta de la sociedad, como siempre, resulta más noble y oportuna que la de unas autoridades metidas en otros menesteres que van desde lo superfluo hasta lo tempranamente electorero. Así, la donación de ayuda diversa para brigadistas que acuden a sofocar el incendio ha cumplido las expectativas y hasta el comandante Benavente, del honorable cuerpo de bomberos, pide un receso porque "hay saturación de víveres y herramientas" ("Pulso en línea", 13 de mayo de 2019). Empero, el malestar social queda porque, con sus honrosas excepciones, los variados representantes y personeros del poder público siguen "perdidos en el espacio", haciendo "como que la Virgen les habla" y, sobre todo, evadiendo la cuota de responsabilidad que tienen, cuando menos, por la negligencia mostrada todo este tiempo.

     Los exabruptos en el tema han estado a la orden del día y nada mejor que la caricaturización ingeniosa que se hace de las posturas de algunos servidores públicos, para ilustrar el grado de indolencia en que se han instalado con respecto a la gravedad de los incendios. Así, el destacado cartonista Alfredo Narváez, "Pingo", nos deja la imagen de la titular de la "Segam" (Secretaría de Ecología y Gestión Ambiental Estatal) viendo en el horizonte la quemazón de la Sierra de San Miguelito, al tiempo que una voz le inquiere si le preocupa esa situación, respondiendo la funcionaria que sí está preocupada... pero por el derrotero que habrá de seguir, aquí, el PVEM (Partido Verde Ecologista de México), esa franquicia partidaria tanto tiempo explotada, localmente, por una camarilla ligada a su entorno familiar.

     Y, políticamente hablando, los incendios registrados son una curiosa metáfora de lo que viene aconteciendo en el acomodo de fuerzas y proyectos con miras a la sucesión gubernamental de 2021 en la entidad potosina. Por aquí y por allá empiezan a surgir, o se avivan, movimientos que buscan avanzar o meter ruido en el tablero político, sobre todo aprovechando que, frecuentemente, se manifiestan vacíos de autoridad que no son llenados por la oportuna y eficaz operación de personeros del poder que, consciente o inconscientemente (incluso, deliberadamente), en lugar de sofocar un problema lo contaminan o exacerban. O será que, como sugería Maquiavelo, "¿la virtud queda, aunque los medios cambien?". Quién sabe, pero en calidad de mientras el daño está hecho.