Sí, hoy amanecemos, desayunamos, comemos y cenamos un aluvión de mensajes que no hacen más que reafirmar, en mi caso, la poca fe en los personajes que vemos en espectaculares que decoran las principales vías de comunicación de nuestra ciudad y nuestro país.
Tradicionalmente la fe, es esa maravillosa gracia que algunos de nosotros tiene en las divinidades y su séquito. Es esa condición que nos permite disolver la incertidumbre causada por los eventos de la vida cotidiana. Gracias a la fe, muchos disuelven sus temores o bien, experimentan un estado de satisfacción emanando de la esperanza de ver cumplidos sus deseos, viviendo anticipadamente la alegría provocada de un evento futuro que a pesar de no poder verlo y sentirlo, es posible “palpar” de manera anticipada.
En lo personal he querido alejarme de esos escenarios llenos de promesas y sueños guajiros. He preferido refugiarme en algo quizá más etéreo y a la vez más real y para mí, más confiable.
Un algo o un alguien que no me defraude. Un algo que no se ve ni se toca y que habita en el universo precisamente de la fe.
Ese algo o alguien habita dentro de mí y también dentro de cada persona. Y si bien cada uno lo posee en diferente proporción, todos tenemos acceso a ello.
Me refiero al poder que tiene cada uno para poder diseñar las condiciones de su entorno. El poder que tenemos para reforzar o ignorar aquello que deseamos o bien lo que rechazamos. La capacidad de todos para decidir qué y quiénes queremos que se responsabilicen de dar a cada ciudadano lo que corresponde.
Creo que si todos nos conectamos con ese poder inherente a cada uno, podremos transformar nuestros círculos más próximos y provocar un efecto que impacte con ondas concéntricas los círculos que le siguen. Esta onda expansiva es un pensamiento que resulta de mi propio ejercicio de fe si es que puede llamarse así.
Como persona o ciudadano no puedo entregar mi futuro a otros. No puedo permitir que alguien más diseñe el espacio y las circunstancias de vida que tendré de unos meses en adelante.
Si voy a elegir quién se encargue de tareas tan importantes prefiero dejar ese libreto de falsedades y argumentos sofistas y amañados y optar por la fe en mi misma. No se trata de postularse o competir públicamente. Se trata de evocar o invocar una realidad más propicia, más benevolente, libre de mentiras, de ataques entre cómplices de una pasado que nos ha colocado en el lugar que estamos el día de hoy. Se trata de olvidar la pasarela electoral y hacer nuestro trabajo con todo lo que ello implica ya sea que se dedique a la vida laboral o bien al apoyo en las labores de casa o de apoyo a otros con o sin remuneración económica.
La mayoría de los que tenemos acceso a los medios de comunicación “sabemos” quién es quién y quizá no podemos, honestamente hablando, avalar sus argumentos.
Creo que es necesaria la unión para poder acceder a un mejor país, pero creo que antes debe haber una fe en uno mismo para no movernos como en manada, sin saber bien a bien si nos dirigimos ya sea a la pradera a pastos muy verdes o bien al acantilado.
Invoquemos a nuestras “propias divinidades” internas o a aquellas emanadas de cualquier tradición religiosa, para que podamos discernir en favor de un bien común emanado del bien individual. Invoquemos el espíritu divino para tener paz, seguridad o bienestar.
En este momento es “más realista” invocar esa fuerza inmaterial que mueve al mundo aun siendo invisible o inmaterial. Es por ello más confiable que cualquier estadística, cualquier debate, cualquier argumento, cualquier razón que la lógica tiene.
Invoquemos nuestra fuerza interior y nuestra inteligencia para llevar nuestra existencia a un terreno en donde si no todos, la mayoría pueda experimentar la dicha que supone estar en este mundo.
Sound track para esto: https://www.youtube.com/watch?v=PbE93LEno7Q&feature=share
Tradicionalmente la fe, es esa maravillosa gracia que algunos de nosotros tiene en las divinidades y su séquito. Es esa condición que nos permite disolver la incertidumbre causada por los eventos de la vida cotidiana. Gracias a la fe, muchos disuelven sus temores o bien, experimentan un estado de satisfacción emanando de la esperanza de ver cumplidos sus deseos, viviendo anticipadamente la alegría provocada de un evento futuro que a pesar de no poder verlo y sentirlo, es posible “palpar” de manera anticipada.
En lo personal he querido alejarme de esos escenarios llenos de promesas y sueños guajiros. He preferido refugiarme en algo quizá más etéreo y a la vez más real y para mí, más confiable.
Un algo o un alguien que no me defraude. Un algo que no se ve ni se toca y que habita en el universo precisamente de la fe.
Ese algo o alguien habita dentro de mí y también dentro de cada persona. Y si bien cada uno lo posee en diferente proporción, todos tenemos acceso a ello.
Me refiero al poder que tiene cada uno para poder diseñar las condiciones de su entorno. El poder que tenemos para reforzar o ignorar aquello que deseamos o bien lo que rechazamos. La capacidad de todos para decidir qué y quiénes queremos que se responsabilicen de dar a cada ciudadano lo que corresponde.
Creo que si todos nos conectamos con ese poder inherente a cada uno, podremos transformar nuestros círculos más próximos y provocar un efecto que impacte con ondas concéntricas los círculos que le siguen. Esta onda expansiva es un pensamiento que resulta de mi propio ejercicio de fe si es que puede llamarse así.
Como persona o ciudadano no puedo entregar mi futuro a otros. No puedo permitir que alguien más diseñe el espacio y las circunstancias de vida que tendré de unos meses en adelante.
Si voy a elegir quién se encargue de tareas tan importantes prefiero dejar ese libreto de falsedades y argumentos sofistas y amañados y optar por la fe en mi misma. No se trata de postularse o competir públicamente. Se trata de evocar o invocar una realidad más propicia, más benevolente, libre de mentiras, de ataques entre cómplices de una pasado que nos ha colocado en el lugar que estamos el día de hoy. Se trata de olvidar la pasarela electoral y hacer nuestro trabajo con todo lo que ello implica ya sea que se dedique a la vida laboral o bien al apoyo en las labores de casa o de apoyo a otros con o sin remuneración económica.
La mayoría de los que tenemos acceso a los medios de comunicación “sabemos” quién es quién y quizá no podemos, honestamente hablando, avalar sus argumentos.
Creo que es necesaria la unión para poder acceder a un mejor país, pero creo que antes debe haber una fe en uno mismo para no movernos como en manada, sin saber bien a bien si nos dirigimos ya sea a la pradera a pastos muy verdes o bien al acantilado.
Invoquemos a nuestras “propias divinidades” internas o a aquellas emanadas de cualquier tradición religiosa, para que podamos discernir en favor de un bien común emanado del bien individual. Invoquemos el espíritu divino para tener paz, seguridad o bienestar.
En este momento es “más realista” invocar esa fuerza inmaterial que mueve al mundo aun siendo invisible o inmaterial. Es por ello más confiable que cualquier estadística, cualquier debate, cualquier argumento, cualquier razón que la lógica tiene.
Invoquemos nuestra fuerza interior y nuestra inteligencia para llevar nuestra existencia a un terreno en donde si no todos, la mayoría pueda experimentar la dicha que supone estar en este mundo.
Sound track para esto: https://www.youtube.com/watch?v=PbE93LEno7Q&feature=share

