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Isla desconocida

Por Jorge Chessal Palau

Enero 13, 2025 03:00 a.m.

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“El cuento de la isla desconocida”, escrito por José Saramago, es un relato breve que forma parte de su obra literaria posterior a haber recibido el Premio Nobel de Literatura en 1998. 

La trama comienza cuando un hombre se presenta en el palacio de un rey para pedirle un barco con el que buscar una isla desconocida. El rey, acostumbrado a permanecer en la “puerta de los obsequios”, ignora al hombre hasta que su persistencia genera un escándalo público, con airadas protestas ante la indolencia del soberano. Ante la presión, el rey lo recibe y, aunque se muestra incrédulo sobre la existencia de islas desconocidas, es decir, islas no consideradas en los mapas existentes, accede a darle un barco bajo la condición de que consiga su propia tripulación.

El hombre se dirige al puerto con la carta del rey que le autoriza a reclamar el barco. Sin que él lo sepa, la mujer de la limpieza del palacio, cansada de su vida rutinaria, decide seguirlo. Ella se convierte en su compañera y empieza a limpiar y preparar la carabela asignada, mientras el hombre intenta, sin éxito, reclutar marineros, quienes rechazan el viaje por considerarlo inútil y arriesgado.

A medida que avanzan los preparativos, el hombre y la mujer desarrollan una relación basada en el compañerismo y la confianza mutua. Aunque el barco carece de tripulación y provisiones suficientes, ambos deciden zarpar juntos hacia la isla desconocida.

La negativa inicial del rey simboliza la indiferencia del poder hacia las demandas individuales, especialmente cuando desafían lo establecido. La burocracia que rodea al rey refuerza esta desconexión, convirtiéndose en un muro entre el gobernante y el ciudadano. Así, el rey no solo es símbolo del poder distante, sino también de un sistema que desprecia a los súbditos y despersonaliza la toma de decisiones.

El rey representa, además, la resistencia al cambio y a lo nuevo. Su incredulidad ante la idea de una isla desconocida, con la frase “ya no hay islas desconocidas”, refleja una visión política limitada, donde lo que no está registrado en los mapas (o en el discurso oficial) simplemente no puede existir. 

Sin embargo, la presión del hombre persistente y el clamor del pueblo llevan al rey a ceder. Aunque lo hace de manera calculada, preocupado por mantener su imagen, este acto revela que incluso el poder más rígido puede ser doblegado por la voluntad colectiva. Aquí, Saramago nos recuerda que el cambio no es un regalo del poder, sino el resultado de la resistencia y la insistencia de quienes buscan algo más allá de lo conocido.

En última instancia, el rey no es solo un villano; es también un desafío necesario. Su negativa inicial obliga al hombre a demostrar la fuerza de su convicción. En este sentido, el rey simboliza los obstáculos que, aunque parecen opresivos, también pueden impulsar la transformación.

Saramago critica la inercia política y nos recuerda que los ciudadanos tenemos el poder de cuestionar y desafiar al sistema. Porque, al final, la isla desconocida no es solo un lugar: es un horizonte político y personal que solo se alcanza con valentía e imaginación.

La política en México, bajo el gobierno actual, refleja muchos de los dilemas planteados en el cuento de Saramago. Como el rey que se aferra a su cómodo lugar en la “puerta de los obsequios”, las autoridades actuales parecen más interesadas en mantener su imagen y sus narrativas que en atender las demandas reales de la población. La centralización del poder, las decisiones unilaterales y la falta de apertura al diálogo con voces disidentes muestran una desconexión preocupante entre el gobierno y los ciudadanos. A pesar de los discursos sobre un cambio profundo, la burocracia sigue siendo un obstáculo, y las transformaciones prometidas a menudo se quedan en el plano de las intenciones, mientras las demandas concretas se diluyen entre retórica y polarización.

Nos toca a los ciudadanos ir a buscar nuestra isla desconocida, pese a los gobernantes.

@jchessal