logo pulso
PSL Logo

La manía de renombrar

Por Alexandro Roque

Julio 24, 2022 03:00 a.m.

A

Cada que llega una administración gubernamental es lo mismo: cambio de colores y de nombres en programas, calles y lugares. A veces el mínimo cambio es presentado como “revolución” o “transformación”, lo cual se entiende al ser parte de la “legitimación” de quien llega, pero los cambios de membrete a cada rato contribuyen las más de las veces solo a la confusión. 

Nomina sunt consequentia rerum (los nombres son consecuencia de las cosas) es un expresión latina que ha inspirado disertaciones de Jacques Lacan o Umberto Eco. Van algunas divagaciones sobre esta manía de renombrar. 

Nombramos para que algo exista, porque nombrar es también invocar. Es esencia del lenguaje, que es cambiante, vivo. Nombrar es necesario pero renombrar, cuando no es vital, puede obedecer a prejuicios o intereses. Un nombre artístico —”Georges Orwell”, “Pablo Neruda” o “Meche Carreño” (qepd)— o una identidad de género (él, ella, elle) son decisiones propias, obedecen a una forma de ser/estar en el mundo, no así (o no siempre) los límites o fronteras, las calles. Los nombres de los pueblos originarios han sido mayormente impuestos por las naciones dominantes (los españoles o antes los mexicas) como apodos despectivos. Así con los chichimecas o el pueblo diné (apache, que significaría ‘enemigo’), tének (huasteco), xi’oi (pame), hñähñu (otomí) o tu’un savi (mixteco).  

Nominar es proponer y todos tenemos derecho a un nombre propio. A veces no nos basta un nombre propio o dos, y siempre hay uno que preferimos (Rubén casi no lo uso, porque en la familia hay varios, en honor a mi abuelo materno), cuando no los dos (Manuel José, Joaquín Antonio) que se vuelven uno (Marijó, Joserra, Carmenchu) Hay quienes exigen que se les anteponga el “Lic” o el “Dr”, para adquirir personalidad. Se nombra de una forma especial a la pareja, al hijo, se crea un lenguaje propio, único. Nomenclatura es “una lista de personas o cosas” y también “conjunto de las voces propias de una disciplina”.   

Lo mismo si se quitan los “segundos nombres” (de políticos) del Parque Tangamanga o el Archivo Histórico, o si se imprimen los recibos del agua como “Nuevo Interapas” aunque siga la escasez del líquido. Los lemas o eslóganes de cada grupo en el poder se presentan como “filosofía”, sea “Potosí” o “la capital del sí”, y se imprimen en todo lo imprimible, aunque eso haya llevado al extremo de pintar las patrullas de “la capital del Sí” con la horrible palabra “PoliSía”.

Ojalá pusieran los nombres completos de quienes “tienen nombre de calle”. Hay quienes creen que Zapata es por Emiliano y no, es por Nicolás (a muchos más no les importa un nombre u otro). Si quieren más “vistosidad” las autoridades podrían poner pequeñas biografías (o hasta códigos QR) en sitios estratégicos. Nomás digo.

Esta semana, el cabildo de San Luis Potosí aprobó “de manera unánime” cambiar la denominación del primer cuadro de la ciudad de “Colonia Centro”, “Centro Histórico” o simplemente “Centro” al rimbombante nombre de “Centro Histórico Patrimonio de la Humanidad CRTA (Camino Real de Tierra Adentro)”, que “para darle la relevancia y la distinción que se merece”. 

México cuenta con diez declaratorias de Patrimonio Mundial de parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), lo que lo coloca en cuarto lugar mundial, luego de Italia, España, Francia y Alemania. Esas diez declaratorias incluyen 16 lugares: la de “itinerario cultural del Camino Real de Tierra Adentro” o “Camino de la Plata”, dada en marzo de 2018, abarca “cinco sitios ya inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial y otros 55 sitios más situados a lo largo de 1.400 de los 2.600 km de esta larga ruta que parte del norte de México y llega hasta Texas y Nuevo México, en los Estados Unidos. Utilizado entre los siglos XVI y XIX, este camino servía para transportar la plata extraída de las minas de Zacatecas, Guanajuato y San Luis Potosí”.

¿Los demás sitios de esta ruta también habrán cambiado su nombre?

Si de cambiar nombres se trata, ojalá cambien el de la avenida Hernán Cortés por Miahuasal, que es el nombre que la comunidad huachichil ha adoptado para la “mujer medicina”, la llamada “bruja guachichil”, a quien rendimos homenaje hace unos días como la primera insurgente potosina.

Y si a esas vamos, en lo personal tengo varias propuestas en cuanto a la nomenclatura metropolitana. Que la calle de Vallejo, entre los jardines Guerrero (San Francisco) y San Miguelito, se llame Ramón López Velarde, y Zamarripa, en el tramo del Jardín de la Rosa a Salvador Nava, se renombre Brígido Roque. Tengo otras en mente y me gustaría oír opiniones. 

En fin. Me voy a tomar una semanita de descanso, nos leemos el próximo 7 de agosto, si Dios nos da licencia y si la economía lo permite. Hasta entonces.

http://alexandroroque.blogspot.com

Correo: debajodelagua@gmail.com

Twitter: @corazontodito 

Posdata 1: este miércoles 27 de julio, un servidor y mis colegas de talleres literarios acompañaremos a la narradora Pily Pelusa y al músico Chipuli en su actividad “En orden alfabético: San Luis de cuento, canción y verso” en el Chau Resto (Iturbide 913, Centro, SLP), a partir de las 8 de la noche, para compartir algo de nuestra creación.

Posdata 2: ayer, sábado, comenzó el XLII Festival Internacional de Danza Contemporánea Lila López, el primero en esta administración estatal. Mándenme comentarios de las funciones, las exposiciones y el programa académico.