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“…la porquería brinca…”

Por PULSO

Julio 22, 2023 03:00 a.m.

A

oscar g. chávez

La mayoría, si no es que la totalidad, de los funcionarios que integran el gabinete federal carecen de la capacidad para entretejer discursos que les permitan recurrir a las sutilezas simbólicas empleadas por el presidente López Obrador cuando pretende enfatizar de forma discreta alguna idea, un mensaje, o incluso una acusación. Nada, aunque así lo parezca, es descuido en sus discursos o breves intervenciones protocolarias; quizá el mensaje oculto tarde un poco en ser descifrado pero siempre alcanza al destinatario. 

Es entonces poco probable que la frase “mezclar el gobierno y la delincuencia imposibilita avanzar”, uno de los puntos centrales esbozados durante la intervención de Luisa María Alcalde Luján, secretaria de Gobernación, en la Conferencia Nacional de secretarios de Seguridad, llevara como destinatario al gobernador de San Luis Potosí. Consideremos que con todo y sus no limitados recursos lingüísticos al expresarse frente a cualquier auditorio, que sus declaraciones lleven estructura y la improvisación no la toma por sorpresa, la claridad homilética y el uso del simbolismo no son el fuerte de la funcionaria.

Si bien ciertas circunstancias pasadas y presentes por todos conocidas, que resultaría ocioso repetir, hacen de Ricardo Gallardo Cardona un recipiendario perfecto del mensaje, es necesario considerar que no ha existido hasta el momento un rechazo evidente o disimulado de la secretaria hacia el gobernador del estado; por el contrario, su relación ha sido en el marco de la cortesía y el respeto institucional. Sin embargo tampoco podemos pasar por alto que entre los funcionarios de toda la República Mexicana, ahí presentes, Gallardo no es el único con características cuestionables. 

Así que si quisiera buscarse un posible mensaje oculto desencriptado por complejas teorías conspiranoicas, es más fácil que hubiera podido decir: sabemos lo que hacen, con quienes tienen tratos y, aunque es de dominio público, nos podemos hacer los disimulados, pero no abusen ni se engolosinen en esos asuntos porque puede haber consecuencias.

No obstante llama más la atención, y no debe de pasar desapercibido que, tras la intervención de Gallardo en el marco de esa reunión, de entre los presentes no hubiera aplaudido Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Seguridad federal. Al buen entendedor pocas palabras.

No ha pasado ni siquiera una semana de esa reunión, en la que también la secretaria de Gobernación enfatizó la importancia de que las fiscalías estatales cuenten con carpetas de investigación sólidas, cuando un fuerte reclamo y un preciso señalamiento (por ineficiencia y encubrimiento) alcanzaron la tarde de ayer, en Matehuala, al gobernador y al fiscal José Luis Ruiz Contreras cuando inauguraban una Vicefiscalía científica (que seguro y al igual que fiscal y Fiscalía, servirá para nada). 

Un hecho así  ninguno de los dos funcionarios lo hubiera esperado durante toda su gestión, tanto que ni siquiera atinaron a responder de una manera que hubiera matizado los dichos de quienes protestaban por la incapacidad de la Fiscalía. El gobernador perdió el control de su rostro y las expresiones se convirtieron en algo muy distinto a las gesticulaciones que, dependiendo de su estado de ánimo, nos hemos acostumbrado a observar.  

“De qué sirve que abran instalaciones muy modernas?, ¿de qué sirve? Si la porquería brinca de un lado a otro, ¿de qué sirve? Si yo que soy abogada y que 28 años serví en una institución pública en el Poder Judicial, me han visto como  una méndiga basura, ¿qué pueden esperar los demás?, ¿no les da vergüenza venir a aplaudir?...” Dijo la madre de Leonardo Jacobo Lara, víctima mortal de la ebriedad del titular de la Guardia Nacional en Matehuala, aparentemente encubierto por la propia Fiscalía.  

El reclamo fue preciso, nada qué responder más que frases mal articuladas y sin soporte alguno, respaldando al brincador e ineficiente fiscal; ni tiempo hubo de evocar a la herencia maldita, el reclamo fue directo a la presencia maldita. Se rompió la delgada y tensa línea que mantenía al gobernador ajeno a cualquier reclamo y que seguro supuso que ningún ciudadano rompería atreviéndose a confrontarlo. Éste es el principio, vendrán más.