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PONGAMOS ATENCIÓN

Por Juan José Rodríguez

Noviembre 16, 2023 03:00 a.m.

A

Están sucediendo cosas en apariencia poco importantes, si acaso anecdóticas, pero no es así. Se trata en realidad de sucesos relevantes, sobre todo porque, a manera de síntomas, avisan de males mayores. Son también frutos del mismo árbol, el de la prepotencia, la impreparación y el brutal desconocimiento de atribuciones, responsabilidades, límites y alcances.

Al profesor Leonel Martínez Sánchez, dice él, lo despidieron injustamente de su trabajo. Perder el empleo no es ganar el ocio, es quedarse sin ingresos, sin sustento. Y si el afectado es jefe de familia, los estragos los padecen también los seres queridos. En circunstancias así, es fácilmente comprensible un intento para hacerse oír.

El jueves pasado, don Leonel decidió abogar por su causa acudiendo al frente del Teatro de la Paz, en cuyo interior sabía que se encontraba el gobernador Ricardo Gallardo Cardona, y mediante el uso de un megáfono pidió ser escuchado. Hasta donde la información disponible permite apreciar, el manifestante estaba por lo menos a cien o ciento cincuenta metros del mandatario. Dudo incluso que sus quejas se escucharan al interior del teatro, lleno de charros y funcionarios.

Lo habitual en estos casos, en tiempos de racionalidad en el poder, era mandarle un operador de la oficina del gobernador o de la secretaría General de Gobierno, de esos de trato suave (no sé si les quede alguno), quien luego de escucharlo pacientemente y mostrarle empatía, le entregaba su tarjeta personal con su número telefónico, con el compromiso de que al día siguiente lo recibiría el secretario de Educación para atender directamente su asunto. Con la promesa de que, si ese funcionario no le resolvía las cosas, tendría acceso al secretario General de Gobierno o llegado el caso al mismo gobernador. Puedo asegurar que de esta manera o parecida se resolvía el 90 por ciento de incidentes similares.

En tanto no afectara los derechos de terceros -obstruyendo la circulación vehicular o impidiendo el acceso a inmuebles- ni estuviera infringiendo la ley -causando daño a bienes ajenos, o injuriando a quien fuera, por ejemplo- el profesor desempleado estaba en todo su derecho, un derecho consagrado en nuestra Constitución, a expresar sus quejas. 

Esta vez, muy con el sello de la casa, en vez del experimentado operador político le mandaron a varios forzudos sin identificación alguna (supongo eran guaruras disimulados) y a fuerza lo retuvieron unos minutos mientras lo alejaban del frente del teatro. Eso, aquí y en China, es un delito, es una forma de secuestro exprés. Además, le arrebataron su altavoz, que fue arrojado más adelante por los gritos de la gente, lo cual es un robo o algo parecido. Imposible no preguntarse qué habría pasado si el afectado se resiste y se defiende tirando golpes o patadas. Así le habría ido. De hecho, los guarros se aflojaron cuando vieron que varias personas los grababan y les gritaban que no fueran abusivos. ¿Su jefe o quien los haya mandado a tan ingrata encomienda no sabrá que todo mundo carga una cosa que se llama teléfono celular y que éste tiene cámara?

Es decir, un incidente nimio, con alternativas de fácil solución legal, pacífica y civilizada, fue resuelta con la arbitraria estupidez que ya parece ser el principal instrumento de gobierno de esta administración.

Y LAS COSAS 

NO PARAN AHÍ

El suceso frente al Teatro de la Paz podía haber salido del foco de la atención pública rápidamente, pero dónde que viene mi general Guzmar a decirnos a los potosinos que según su leal saber y entender hay momentos específicos para poder ejercer nuestros derechos cívicos y humanos. Y como este militar es jefe de unos 3 mil 500 policías armados, no resulta sensato ignorarlo o mandarlo por un tubo. 

Tengo claro que el general no es abogado, pero pasó por la Universidad del Ejército donde, según su currículo, obtuvo la licenciatura en administración, y cuenta también con una maestría en Seguridad Nacional. Imposible no haberse enterado, desde la prepa incluso, de que el ejercicio de derechos y libertades no tienen reloj checador ni horarios al contentillo de ningún funcionario público, presidente de la República y gobernadores incluidos. ¿Qué le habrá pasado a mi general, ya se contagió?

En esta misma línea de sucesos reveladores, premonitorios y ominosos, encontramos la decisión arbitraria e ilegal del Sistema Estatal de Educación Regular, a cargo del indescriptible Crisógono Sánchez, de ordenar, entre otras, a la escuela preparatoria "Antonio Rocha Cordero", que obligaran a sus alumnos -¡en día sábado!- a asistir al campeonato nacional charro que se lleva a cabo en el estadio de beisbol 20 de Noviembre.

El citatorio en papelería oficial con sellos y toda la cosa, no deja lugar a dudas: indica a los padres de familia que sus hijos "deberán" presentarse en el Jardín de San Miguelito a tales horas para de ahí ser trasladados al estadio donde deberán permanecer toda la tarde, les gusten o no las charreadas. Pillados con los dedos en la puerta, funcionarios de la SEER salieron a justificarse con una auténtica batea de babas: que a los jovencitos asistentes les darían puntos de calificación en "materia de cultura". Ya ni llorar es bueno, recordemos que según el Plan Estatal de Desarrollo el principal evento cultural a cargo del gobierno gallardista es la Feria. Encaja bien que ir a ver manganas y pasos de la muerte sea también actividad cultural y no deportiva o artística.

Pero no es esto lo que interesa. Lo que se debe destacar es que esa imposición extracurricular, además en sábado, es absolutamente violatoria de derechos legales y humanos. ¿Por qué queda en manos de un personaje siniestro como Chógono arrebatar su día de descanso a los jóvenes? ¿Por qué puede disponer que los alumnos vayan en plan de acarreados a un evento que -ya está visto- al único que emociona es a Gallardo Cardona y a sus lamebotas?

Por último, no escapara a la perspicacia de nuestros lectores que esta serie de sucedidos se alinean con los otros rasgos definitorios de esta administración: derroche del dinero público (Arena Potosí y Campeonato Charro, encarecimiento artificial de obras, etc.), disposición indebida de recursos ajenos (Pensiones, Universidad, Fideicomisos); opacidad superlativa (cheques girados, licitaciones, adjudicaciones), y un larguísimo etcétera. 

Si como ciudadanos queremos desentendernos de la realidad, por las razones que sea, cada quien está en su derecho -mientras no vengan Guzmar y guarros a convencernos de que estamos en el error-, pero si como todo apunta las cosas empeoran, después no le echemos la culpa a nadie. Merecido lo tendremos por...

MAL Y DE MALAS

Por lo menos en cuanto hace a su primera semana, el Campeonato Nacional Charro que nos endilgó a la de a huevo Gallardo Cardona, ha sido víctima a partes iguales de las necedades de sus organizadores y promotores, y de la mala suerte. Veamos:

NECEDADES: Ofrecer para su celebración un escenario esplendoroso que era imposible construir en tan corto tiempo, salvo en los delirios del gobernador; sostener hasta el extremo la mentira de que no había plan B y que la Arena se hacía porque se hacía y porque yo digo. Nada. Así, las obras de acondicionamiento del estadio de beisbol comenzaron tarde y mal y sellaron su destino: techumbre chafa y ausencia de un drenaje apropiado para enfrentar lluvias; tampoco hubo buenos corrales ni caballerizas adecuadas, pero la orden fue así nos vamos porque yo digo. Y luego, la dura, terca e inconmovible realidad nos mostró que la charrería atrae a pocos, muy pocos espectadores. La desolación del graderío, con todo y acarreos estudiantiles, produce ganas de llorar.

MALA SUERTE: Las lluvias que en un escenario apropiado, aquí o en cualquier otra ciudad, no hubieran causado mayores contratiempos, obligaron a trabajos urgentes para remediar lodazales y produjeron condiciones de riesgo para animales y jinetes. Un video que muestra lo que en efecto parece un acto de maltrato a un noble bruto, llega a manos de una experta que lo pone a circular en las redes para acreditar que en el evento participa gente inexperta (¿improvisados para rellenos de última hora?), lo cual, obvia y tristemente, demerita y feo la calidad del evento en lo general. Y para rematar, las vísperas de la gran competencia, en la cual se supone participaría, por lo menos en las suertes más facilitas, nuestro Charro Mayor se cae porque alguien lo montó en un cuaco cabrón, se lastima la mano y ni modo, a sólo ver el espectáculo desde las gradas. Lo curioso es que casi no se le ha visto por ahí.

No sé bien a bien dónde acomodar otro elemento de esta tristísima historia, si en necedades o mala suerte. Por eso lo pongo aparte: el campeonato de nuestro deporte nacional obtuvo en su inauguración misma resonancia nacional, pero no por buenas razones, sino por haber arropado otra de las gloriosas muestras de incontinencia verbal de Gallardo, que con su amplia cultura y elevado sentido común no encontró mejor manera de agradecer la solidaridad de los charros que reproduciendo un plagio que exalta la complicidad criminal.

COMPRIMIDOS

No sé si el encarcelado alcalde de Matehuala es culpable o no de lo que se le acusa, y si es, que lo castiguen, pero no deja de llamar la atención que sea quien encabeza el Ayuntamiento más importante en manos del PAN, después de la capital, y que reiteradamente se negó a pasarse al Verde como tantos otros. Muchos pensamos que este asunto sirve de advertencia para otros rejegos.

Perdón el retraso, pero estos días han estado saturados. Me dicen que al concluir su reciente visita a San Luis, doña Claudia Sheinbaum se fue encantada, muy contenta. En particular porque en el evento principal le sentaron en primera fila y justo enfrente de ella a su muy querido amigo Héctor Serrano. Es que aquí en materia política se hila fino.

El fallo de la Sala Monterrey del Tribunal Electoral que favorece a Sara Rocha quedará firme si una vez notificado y dentro de los tres días naturales siguientes sus oponentes, Edmundo Torrescano y Erika Velázquez, deciden no ir a la última instancia en la Sala Superior.

¿Y qué decir de la brillante estrategia de Gallardo para sentar a su amigo, compadre y socio Julión en la mesa de desayuno de doña Claudia, y luego treparlo al vehículo donde viajaba? Puro quedar bien (con el compadre y socio).

Hasta el próximo jueves.