No abunda el olvidado “Manual de urbanidad y buenas maneras” de Manuel Antonio Carreño en el comportamiento que debería guardarse alrededor de una botella de vino en la mesa u otros espacios (y lo que sí anota parece ya desudado, como no oler los líquidos que van a consumirse); sin embargo, creo que vale la pena reunir algunas observaciones para mejorar nuestros modales, pues, afortunadamente, cada vez es más común que el vino aparezca en reuniones sociales mexicanas y, desafortunadamente, es también común observar cómo hay personas que no se desenvuelven con la mínima propiedad alrededor de su majestad el vino.
Tampoco creo que sea necesario conducirse de una forma poco natural o tiesa: el menos común de los sentidos, el sentido común, como en casi todo lo que tiene que ver con etiqueta, es el que nos indica lo más apropiado en una u otra circunstancias. Los sommeliers tardamos años en aprender y más en dominar (yo sigo intentándolo) todas las reglas del servicio del vino, pero tampoco el aficionado tendría que fijarse en esa cantidad de sutilezas.
Lo primero y principal, pienso, es dedicarle cierta atención a la copa que tenemos delante, aunque sea por unos momentos. Enterarnos sobre la etiqueta que se nos ofrece, observar el líquido, olerlo con curiosidad y circularlo sutilmente dentro de nuestra boca por unos cuantos segundos antes de tragarlo y emitir una breve opinión. Si la botella es común, casi basta una sonrisa y una vuelta ocasional al rito mínimo de la cata de vino para mostrarnos respetuosos y agradecidos; si nos desagrada el vino en cuestión, no hay que hacer caras ni aspavientos, mejor guardar silencio o, en caso de que se nos dirija una pregunta, responder algo sencillo como “me parece correcto” o “no es tanto mi estilo”. Naturalmente, si estamos en un contexto de confianza absoluta o en una reunión que se centra en la evaluación de los vinos, habrá que decir lo que realmente pensamos, siempre tratando de buscar al menos una cualidad o acierto (muchas veces el precio).
He aquí otro punto sensible: el costo de la botella. Hay dos lados de esta moneda: queremos transmitirle a quienes hemos convidado que lo que le servimos es especial, por su precio, por su edad, por la dificultad de conseguirlo, etc., o queremos saber cuánto cuesta la botella que nos están compartiendo. En el primer caso, creo que puede establecerse un parámetro sin que los invitados sientan que se les está haciendo ver lo que uno ha “gastado en ellos”, con ciertas prácticas ceremoniosas de descorchado, como la de traer la botella con extremo cuidado en una canastilla de mimbre y proceder a abrirla sin sacarla del mismo, usando un decantador muy bello, contando una anécdota sobre el día que la adquirimos, etc. Otra forma un tanto más directa es decir algo como “qué gusto que pueda compartir con ustedes esta botella, por supuesto, ha sido un regalo, yo no puedo permitirme gastar esa cantidad en un vino” o “este vino ha subido de precio de una manera descomunal, desde luego, hoy no podría pagar una botella como ésta” o “tuve mucha suerte en encontrar esta botella en x ocasión, hoy es imposible hacerse de una”, etc.
Para conocer el precio de lo que nos ofrecen, basta con preguntar algo así como “Parece que este vino es costoso, si se puede saber, ¿dentro de qué rango de precio se encuentra?”
Continuaremos comentando el tema en la siguiente entrega, pero quisiera antes, con su venia, caro lector, sacarme del pecho la advertencia sobre esta conducta que, le confieso, ha sido lo que en particular motivó estas líneas: por favor, por favor, no se sirva una cantidad excedente de vino en su propia copa de una botella que varias personas están disfrutando, se lo suplico, nada se ve tan mal como eso, especialmente si queda ya poco vino en ella; antes ofrezca a las damas, a quienes tienen la copa por vaciarse. A ver, se espera que el vino se reparta equitativamente entre quienes están presentes, aunque tenga que distribuirse con pipeta, por favor, ¡no apure su copa para alcanzar a servirse antes de quienes la están disfrutando con parsimonia, eso es de villanos, de groseros, de zafios! Si es usted a quien le sirven en esta situación, diga “basta, que los demás también quieren”, la cantidad de vino en las copas debe de ir dosificándose poco a poco, en rondas de 50-60 ml, sobre todo si es un vino especial o si es un grupo mediano o grande. En fin, seguiremos…
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