Migración y derecho a la unión familiar

En razón de las noticias provenientes de Estados Unidos sobre los más de 2 mil niños, niñas y adolescentes separados de sus familiares, el gobierno de México, a través de su canciller, expresó que tal práctica resultaba “inaceptable” y la calificó de cruel e inhumana, y dijo que nuestro país tenía una postura y una política completamente diferente, pues en México no se criminaliza la migración y se respeta como principio fundamental la dignidad de los inmigrantes por encima de cual sea su calidad migratoria.
Muy lejos estamos, en la realidad, y más allá de los discursos, del respeto a la dignidad de los migrantes. En México se viola, de manera recurrente, el principio consagrado en una norma imperativa del Derecho Internacional conocido como “no devolución” a personas que pudieran reunir las condiciones para ser reconocidas como personas refugiadas, principalmente provenientes del norte de América Central. Por desgracia, frecuentemente nos percatamos de que en México existe la aplicación práctica del “candil de la calle y obscuridad de la casa”.
Por eso, el 28 de julio de 2018, la Asamblea Consultiva del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, a la que me honro en pertenecer, emitió un pronunciamiento, detonado por la situación en EU, pero en el que se pone énfasis respecto de la situación que prevalece en nuestro país y el trato que se le da a solicitantes de asilo, personas refugiadas y migrantes.
Es de destacar el llamado que hizo la Asamblea Consultiva en relación con el cese de la detención administrativa, pues aunque el canciller diga que en México la migración no es un delito, y que, como dijo el secretario Videgaray, no se criminaliza, en los hechos a los migrantes se les detiene “administrativamente” y se les “aloja” en “estaciones migratorias”. ¡Puros eufemismos! ¿No se les criminaliza? En los hechos, se les priva de su libertad, se les mantiene en un establecimiento con características idénticas a las de una cárcel y no se les garantizan derechos a un debido proceso legal y a la asistencia jurídica adecuada. En innumerables ocasiones, personas que en realidad son refugiadas, son devueltas a lugares en donde su vida, su integridad o libertad corren inminente peligro.
Luego entonces, México es “candil de la calle, pero “obscuridad de la casa”.
(Profesor de Derechos Humanos en la Ibero)