Mirador

¿De qué color tienes los ojos, lector que ahora me lees, o lectora?

¿Azules? ¿Negros? ¿Grises? ¿Cafés acaso, como los que cantó primero en Monterrey y luego en México y el mundo el doctor Carlos González, autor de esa bellísima canción que se llama "Ojos cafés"?

Si por estos días fueras al rancho del Potrero regresarías a la ciudad con los ojos pintados de verde.

Y es que tras largos meses de sequía llegó la lluvia del Señor. La tierra, que a diferencia de nosotros es agradecida, correspondió al regalo cubriéndose de hierba. Ahora hay verde en el prado; verdor en la montaña; en la labor verdura, verdinegro en los altos pinos y en los nogales de la huerta. Si el cielo no se pintó también de verde es porque ya está muy acostumbrado a ser azul.

Yo me miro las manos y las veo verdes. De ese color seguramente se me ha pintado el corazón. Solía decir Van Gogh que el amarillo es el color de Dios. Eso en el lienzo. En el paisaje campirano el color de Dios es este verde que con la lluvia ha reverdecido.

¡Hasta mañana!...