Mirador

¿Recuerdas, Terry, amado perro mío, a tu primera novia?

Yo aún me acuerdo de la mía -con perdón de mi señora-, por eso pienso que tú no habrás olvidado a la tuya.

Te llevamos a su casa. El veterinario nos dijo que eso era lo mejor para ella y para ti. Y en efecto, fue lo mejor para los dos. Se oliscaron un poco -muy poco, si he de ser sincero- y luego procedieron a hacer lo que debían hacer. 

Lo hicieron -también si he de ser sincero- como Dios manda. A eso, Terry, se le llama perpetuar la vida. Todos los seres vivos, lo mismo la hierba del campo que los peces del mar; igual los perros que los humanos, tenemos esa misión: hacer que la vida continúe.

Meses después de aquella visita a la casa de tu novia ella tuvo cuatro cachorritos. Te llevamos a que los conocieras. Tu novia te dirigió una mirada como diciéndote: "¿Qué tal, eh?". Y tú nos dirigiste una mirada a nosotros como diciéndonos: "¿Qué tal, eh?".

La vida, Terry. La vida, que nunca acabará. Todos los días nos regala un amanecer y un crepúsculo y luego nos pregunta: "¿Qué tal, eh?".

¡Hasta mañana!...