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Mirador

Por Armando Fuentes Aguirre / PULSO

Diciembre 19, 2021 03:00 a.m.

Cuarta posada.

A la puerta de su casa Jesús estaba jugando.

(Igual que todos los niños, Dios juega también a ratos).

         

Soberbio, orgulloso, fiero, el pretor pasa a caballo.

No detiene su galope; a una niña ha atropellado.

Viene su madre, angustiada, y la toma entre sus brazos.

La niña ya no respira. La vida se le ha acabado.

¡Cómo llora la mujer! Igual que un río es su llanto.

Jesús le dice: “No llores”, y luego pone su mano

en la frente de la niña, y la niña ha despertado. 

Ríe la madre; José ríe; ríe todo el vecindario.

Pero la Virgen María a solas está llorando.

“¡Quién tuviera un hijo -dice- que no hiciera milagros!”.