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Necedad

Por Jorge Chessal Palau / PULSO

Octubre 04, 2021 03:00 a.m.

En más de una década que tengo de publicar esta columna, en diversas ocasiones he hecho referencia  a la damnatio memoriae, institución legal romana que consistía en borrar el recuerdo de algún gobernante del pasado, generalmente ordenada por su sucesor, con el fin de que no quedara rastro de su paso por la vida pública.

A Nerón y a Cómodo, por citar algunos casos en Roma, les aplicaron esta ley, de manera que, a su muerte, sucesores ordenaron que las monedas con sus efigies fueran raspadas y sus estatuas decapitadas, de manera que no se pudiera reconocer en ellas al despreciado antecesor.

Esta práctica llegó a su clímax en el siglo IX, cuando el Papa esteban VI ordenó que sacaran de su tumba los restos de su antecesor, Formoso, para enjuiciarlo por supuestos delitos en contra de la iglesia (en realidad la motivación de Esteban era más mundana: venganza pura y dura); durante una semana el cadáver de Formoso, muerto seis meses antes, fue sentado en el trono de San Pedro, ataviado de la ropa y símbolos propios de la dignidad papal y sometido a un juicio en toda forma que, por cierto, fue decidido en sentencia por el propio Papa, condenando al silente imputado a ser mutilado y arrojado al Tíber.

A la manera de un moderno Esteban VI, el palaciego y mañanero señor López ha dado muestras de ser fiel defensor de la damnatio memoriae pues prenden arrasar a su paso con todo lo que recuerde que antes que él ya  había un país, que hubo otros presidentes y que México no nació en dos mil dieciocho, cuando llegó a la presidencia.

No solo canceló el proyecto del aeropuerto de Texcoco: ordenó inundarlo, con la dañada intención de borrarlo de la historia, a la manera de los romanos cuando vencieron a los cartagineses, que no solo quemaron la ciudad de Cartago sino que luego de arrasarla sembraron sus tierras con sal para que nada pudiera crecer ahí nuevamente.

Ahora, vuelve a las andadas tratando de echar por tierra la reforma energética de su antecesor, Enrique Peña Nieto.

El viernes pasado presentó el señor López una iniciativa ante la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión para modificar los artículos veinticinco, veintisiete y veintiocho constitucionales, con el fin de revertir los avances que tuvimos en materia de energía.

La Exposición de Motivos de la propuesta es, sin duda, digna de una detallada lectura: afirmaciones dogmáticas, suposiciones de su autor y acusaciones sin fundamento son la pauta para pretender sembrar con sal el mercado energético y seguir en el camino de una economía centralizada al que pretende llevarnos, como en aquellos tiempos que al parecer tanto añora, del México de los sesentas.

Seguramente sus asesores le han dicho a López que, al tratarse de una reforma constitucional, no corre el riesgo de que los amparos sean un obstáculo a sus aviesos fines de olvido y desmemoria; sin embargo, deberían decirle también que en el ámbito internacional eso no funciona.

De acuerdo con el artículo veintisiete de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, una parte no podrá invocar las disposiciones de su derecho interno como justificación del incumplimiento de un tratado. Por ahí podrá entonces venir una cascada de demandas ante instancias internacionales en contra de nuestro país, que a la postre tendrá que pagar millonarias indemnizaciones que, de no pagarse, nos pueden llevar a la misma situación de Cuba y el embargo en su contra.

Es el momento de la prueba de fuego para la oposición en el Congreso de la Unión: López y sus lacayos legislativos no alcanzan por sí solos las dos terceras partes que se necesitan para este despropósito constitucional; si logran comprar conciencias, la reforma avanza; si se sostienen y resisten las presiones y los billetazos, podrán marcar el inicio del rescate de nuestro país.

El Diccionario define la palabra “necedad” como la cualidad de necio, que, a su vez, se atribuye a quien es terco y obstinado. El señor López sabe de eso.

Por cierto, solo por no dejar: a Esteban VI finalmente lo defenestraron como Papa y lo juzgaron, a raíz del asunto de Formoso, por si estaban con el pendiente.

@jchessal