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No lo tires: repáralo

Por Luis González Lozano

Febrero 28, 2026 03:00 a.m.

A

Hay un acto pequeño —casi doméstico— que dice más sobre el mundo que mil discursos: reparar. No "comprar de nuevo", no "tirar y reemplazar", no "actualizar por obligación moral". Reparar. Poner sobre la mesa el aparato, el tornillo, la carcasa, la placa, el cable, la batería; mirar el desperfecto y admitir una verdad incómoda: la basura no aparece sola; la fabricamos. Y la fabricamos con entusiasmo, con tarjeta de crédito, con campañas de "renueva tu vida" y con esa ingeniería sutil que no busca que algo funcione mejor, sino que muera a tiempo.

Por eso me parece tan interesante lo que está ocurriendo en Europa: el "Derecho a Reparar" dejó de ser un capricho de activistas y talleres de barrio para convertirse en norma pública. La Unión Europea adoptó una directiva para promover la reparación de bienes, que entró en vigor el 30 de julio de 2024 y que los Estados miembros deberán aplicar a partir del 31 de julio de 2026. 

La noticia —contada con detalle en Yale Environment 360— no es solo que se reparen más licuadoras, laptops o aspiradoras. Lo relevante es que se está desarmando, pieza por pieza, la ideología de la obsolescencia programada: esa forma elegante de convertir hogares en vertederos y convertir consumidores en rehenes.

La directiva europea trae varias palancas que, juntas, se vuelven un mensaje político: "no todo se resuelve comprando". Entre lo principal:

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1.- Obligación de reparar. En los productos sujetos a requisitos de reparabilidad en derecho europeo (y listados en el anexo de la directiva), el fabricante deberá reparar en un tiempo razonable y a un precio razonable, y además facilitar información sobre sus servicios de reparación.

2.- No obstaculizar la reparación con trucos. Se prohíben cláusulas, técnicas de hardware o software que impidan reparar (salvo justificación objetiva). Y se exige acceso a refacciones a precios razonables.

3.- Garantía extendida si decides reparar. Si el consumidor elige la reparación dentro del régimen de garantía, la responsabilidad del vendedor se amplía al menos 12 meses a partir de la reparación.

4.- Plataforma europea de reparadores. Se creará una plataforma en línea (vinculada a "Your Europe") para conectar consumidores con talleres; la meta es que opere en 2027. 

Todo esto puede sonar burocrático, pero es exactamente lo contrario: es una forma de hacerle la vida más barata al ciudadano, de bajar residuos, de reducir extracción de materias primas y de presionar a la industria para que deje de diseñar productos como si fueran frutas: "cómetelos rápido antes de que se echen a perder".

Lo más fascinante es el ecosistema que acompaña la norma. El reportaje describe talleres comunitarios (Repair Cafés) donde la gente llega con aparatos descompuestos y voluntarios ayudan a diagnosticarlos y repararlos; ya no como rareza, sino como movimiento urbano. 

No es nostalgia: es política climática con manos. Porque cada reparación exitosa es, en términos prácticos, un producto menos fabricado, una cadena logística menos, un empaque menos, un envío menos, un residuo menos.

Y aquí aparece el punto ecológico duro: la basura electrónica y el consumo acelerado no son solo un problema "de limpieza". Son un problema de energía, de minería, de agua, de químicos, de emisiones, de salud pública y de dignidad. La basura es un archivo de nuestras decisiones.

¿Qué tiene que ver esto con México? Todo.

Porque México vive una contradicción diaria: hablamos de sustentabilidad mientras nuestro mercado se llena de productos cuyo "servicio técnico" es un ritual para humillar al usuario:

—"No hay refacciones".

—"Sale más barato comprar uno nuevo".

—"Ese modelo ya no".

—"La batería viene sellada".

—"Si lo abres, lo bloquea el sistema".

Y lo peor: lo normalizamos como si fuera ley natural. No lo es. Es diseño empresarial con consecuencias públicas.

Y sí, esto suena a herejía en un país donde la modernidad a veces se mide por "estrenar". Pero estrenar cada rato no es modernidad: es dependencia.

Europa decidió que la economía circular no se predica: se regula. Y cuando el derecho entra al taller, la ecología deja de ser discurso y se vuelve práctica.

Delirium Tremens.- Del caso Splash en el Tangamanga, como se aprecia en el video que difundimos, las obras avanzan sin que la ciudadanía conozca el proyecto completo, sus alcances reales, ni cómo se afectará la flora y la fauna. Peor todavía: no existe claridad sobre las medidas reales para proteger los más de 700 árboles que el propio gobierno inventarió. Y, como remate, el gobernador ya lo dijo sin pudor: con comité o sin comité, la obra sigue. Es decir: la participación ciudadana estorba, la transparencia incomoda y el acceso a la información se trata como un favor, no como un derecho. Por eso la invitación sigue abierta: compartan la campaña y firmen para proteger el Parque Tangamanga en change.org, y manténganse informados, organizados y activos frente a la opacidad del Splash. 

@luisglozano