No robar, no mentir y no traicionar: El “Segundo piso de la 4T”
“La ambición suele hacer traidores”.
Reina Cristina de Suecia
Responde Altagracia Gómez -abogada y empresaria mexicana, nombrada el año pasado titular del Consejo Asesor Empresarial y asesora en el Gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum- a Enrque de la Madrid hace unos días en conocido programa nocturno de tertulianos donde se intercambian opiniones y puntos de vista sobre el acontecer político, y analizan las políticas públicas que ejecuta el gobierno en turno sobre diversos temas.
Reconozco que mi punto de vista puede estar sesgado, pero la Señorita Gómez repite lo mismo que expertos en administración y/o políticas públicas tienen sobradamente documentando con estudios/diagnósticos desde hace varias décadas sobre las grandes carencias que aún tiene nuestro país relacionadas con la falta de vinculación entre la academia, el sector industrial y la economía en general.
Pero le doy la razón en una cosa: esta desvinculación es anacrónica. No se ha resuelto y/o quizás no hay la voluntad o incentivos para resolver este punto.
Me explico con el siguiente ejemplo: Somos uno de los países del mundo con mayor número de armadoras automotrices. Según del año que se trate, y quien sea nuestra fuente, ocupamos entre el sexto y octavo lugar mundial en la producción de vehículos, ya sea para uso particular, comerciales, o para transporte de carga o pasajeros.
Tenemos plantas armadoras de autos en nuestro país desde hace prácticamente un siglo. A pesar de tener tanto tiempo en territorio nacional, es lógico suponer que tenemos toda la “experiencia” y “conocimientos” sobre esta importante industria. En caso de resultar cierta esta afirmación ¿porque no se ha desarrollado una política pública sostenible y funcional en el tiempo para tener y/o robustecer una industria nacional propia del sector automotriz, pero con clase mundial?
Los pocos esfuerzos conocidos y relativamente documentados que se dieron en este aspecto fue entre las décadas de los 60’s y principios de los 80’s del siglo pasado (asociación del Estado con la francesa Renault, VAM con la extinta American Motors, o DINA con General Motors (GM) o International, por mencionar algunos casos).
Al parecer fue el propio Estado quien abandonó estos proyectos de industrialización que tenían como objetivo tener un Clúster automotriz 100% nacional.
Quienes tenemos al menos medio siglo de vida o más en este mundo, recordaremos que México dio un giro de 180 grados en su modelo de política económica que tuvo su origen con la gran crisis económica de 1982 y culminó formalmente en nuestra asociación con Estados Unidos y Canadá en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC). Pasamos de un desarrollo hacia adentro, que intentó sentar las bases de una industria nacional, a un modelo de economía abierta orientada al sector exportador. El génesis del hoy T-MEC.
Si el modelo económico anterior al T-MEC hubiese continuado, junto con las políticas públicas que lo acompañaban en materia de industrialización, probablemente hoy en la tercer década del siglo XXI tendríamos por lo menos una marca propia de automóviles que nada envidiaría a las norteamericanas, europeas, japonesas, coreanas… o chinas.
De poco me sirve presumir que soy uno de los mayores fabricantes y exportadores de automóviles del mundo, si las armadoras y todas sus empresas satélites que están instaladas en nuestro país son de capital extranjero… soy un simple manufacturero; el único beneficio que ofrezco es materia prima y mano de obra barata, además de grandes exenciones fiscales… a costa del agotamiento de nuestros recursos naturales, contaminación, precariedad laboral, transferencia de capitales, pero sin transferencia de conocimientos o formación de capital humano local que pueda competir a nivel global.
Para agravar el panorama, con el inicio de la segunda presidencia no continua de Donald Trump en Estados Unidos, tenemos el riesgo latente que estas empresas podrían relocalizar su producción ante la amenaza de imposición de aranceles por nuestro principal “socio” comercial.
Esta reflexión viene a cuento, porque hubo un momento durante la tertulia de este programa que la Señorita Gómez “presumió” que tenemos más ingenieros per cápita que Estados Unidos. Excelente dato. Pero para temas prácticos ¿para qué me sirve tanta universidad tecnológica y tanto ingeniero?, ¿los recién egresados se están integrando al aparato productivo?, ¿a la industria automotriz?, ¿en puestos clave que generan valor agregado?, ¿están innovando?, ¿hay formación de capital?, ¿tenemos lo necesario para ahora si tener una industria automotriz propia? Le dejo estas preguntas a usted… y a la Señorita Altagracia.
Corremos el riesgo grave que el sueño de convertirnos en un país próspero termine en pesadilla al desaprovechar las ventajas que el T-MEC nos brindó durante casi 30 años.
Tengo la sensación que hoy somos un país neocolonial con rezagos aún más graves que en 1994, en todos los ámbitos, donde la economía no es la excepción.
Para cerrar, retomo y doy un pequeño giro al tema con un artículo que escribí hace unos meses en esta columna relacionado con el lema “No robar, no mentir y no traicionar”.
Ahora se presume y grita a los cuatro vientos que estamos en el “segundo piso” de la “cuarta transformación”. Por eso me surgen las siguientes preguntas: ¿nuestros representantes políticos son honestos?, ¿nos hablan con la verdad?, ¿honran su palabra y la cumplen?
Cierro con esta reflexión: nuestra Constitución dice que somos una república democrática, representativa y federal. Vamos, somos una democracia. Si esto es así, ¿por qué está en el debate nacional el tema del nepotismo? -utilización de un cargo para designar a familiares o amigos en determinados empleos o concederles otros tipos de favores, al margen del principio de mérito y capacidad- (definición del diccionario de la RAE)
Es justo pedir que estas preguntas las respondan con honestidad nuestros “representantes populares” que emanan del pueblo, no de familias o amigos, o ¿acaso estamos regresando a un régimen monárquico disfrazado de democracia donde los puestos y cargos se heredan?
Por cierto, los personajes de los que hablo son hijos herederos de padre empresario y un ex presidente, respectivamente. Nos dan “lecciones” de economía y administración pública. Son los “cachorros del poder”.
jmanuelrm@msn.com
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