Oposición y salarios
La oposición al gobierno del presidente AMLO evita referirse a temas en los que, evidentemente, sale raspada. Uno de esos temas es el incremento al salario mínimo que, cada año, se acuerda por una comisión tripartita conformada por representantes de los trabajadores, empresarios y autoridades federales. En el actual gobierno se inició la recuperación del poder adquisitivo del salario mínimo, cuando antes, con los gobiernos anteriores, apenas eran unos cuantos centavos de incremento. La depreciación salarial en esos gobiernos llegó a poco más del 70 por ciento y se pedía a los trabajadores que se “amarraran el cinturón” para evitar que las inversiones se vieran en riesgo. Había que cumplir con los requerimientos de un modelo económico depredador, conocido como “neoliberal” que, afortunadamente, encontró sus límites en 2018, cuando la mayoría de la población entendió que más mal no se podía estar y valía la pena arriesgarse a experimentar un cambio que, sin duda, ha sido una transformación sustantiva sin precedente.
En su novela “Auto de fe”, Elías Canetti, ofrece un personaje, llamado Kien, que tiene la bendita costumbre de tomar nota de las torpezas planteadas por otras personas que se encuentra a su paso, no para no olvidar lo que quiere olvidar, sino para demostrarse a sí mismo que hay opciones más razonables con las que hay que contemporizar. Guardadas las proporciones y trasladado a nuestra peculiar circunstancia, algo así nos permite entender las torpezas de planteamientos como el que hiciera, de parte de la oposición, uno de sus más chispados pensadores, como el tal Ricardo Anaya que pedía a la raza ya no consumir más caguamas de cerveza… dizque para ahorrar. A ver, ¿y eso qué? En contraste, en el presente gobierno se resolvió que, a la lógica de crecimiento económico neoliberal había que oponer una lógica más razonable, e históricamente justificada, para que miles de familias pudieran subsistir con dignidad y reactivarse económica y productivamente.
Además, como se ha planteado antes en este espacio, el incremento del salario es apenas una parte de toda una serie de cambios que se requieren para lograr una reactivación productiva plena, orientada al fortalecimiento del mercado interno y el mejoramiento del consumo, sobre todo para los históricamente olvidados. Es la ley de la acumulación que esbozó hace mucho tempo un clásico que causa escozor a la derecha, pero que nadie ha superado para explicar cómo funciona la concentración de riqueza de unos cuantos en un polo y el empobrecimiento de los más en el otro: “pero todos los métodos de producción de plusvalor son a la vez métodos de acumulación, y toda expansión de ésta se convierte, a su vez, en medio para el desarrollo de aquéllos métodos; de esto se sigue que a medida que se acumula el capital, empeora la situación del obrero, sea cual fuere su remuneración; la acumulación de riqueza en un polo es acumulación de miseria en el polo opuesto, esto es, donde se halla la clase que produce su propio producto como capital” (K. Marx. El Capital, tomo III). Y, si de concentración de riqueza se trata, no se puede ignorar que, antes, ni cosquillas a magnates que se resistían a pagar impuestos. No es fácil institucionalizar la transformación, pero ahí va, a pesar de personeros de la derecha que, nomás, no se ve por donde puedan competir con éxito en 2024 para la elección presidencial.




