Pobre independencia

"La independencia siempre fue mi deseo, la dependencia mi destino". 

Alfred de Vigny

Es una palabra mágica: independencia. Nunca nadie dirá que no la desea, que no está dispuesto a luchar por ella, incluso a dar su vida a cambio. La historia nos dice, sin embargo, que no todos saben aprovecharla. 

Los mexicanos estamos celebrando 211 años del grito de Dolores, que siempre se nos ha presentado como fecha de nuestra independencia. La verdad es que no alcanzamos esta condición hasta 11 años después, en 1821. Casi nadie entiende, por otra parte, que la independencia nos quitó un yugo extranjero, pero nos hizo más pobres. 

En 1820, último año de la colonia, México tenía un producto interno bruto per cápita de 759 dólares internacionales Geary-Khamis con valor de compra de 1990. Después de medio siglo de independencia, en 1870, la cifra había caído 11.2 por ciento a 674 dólares (Angus Maddison, The World Economy; Development Centre Studies, 2006). Las guerras, el bandidaje y la falta de derechos de propiedad hundieron a nuestro país en el período más largo de declinación económica en la historia registrada. Tendría que llegar el régimen de Porfirio Díaz, tan repudiado como la colonia por la historia oficial, para que hubiera por fin un avance en prosperidad. 

Los mexicanos no supimos aprovechar la independencia para darnos un mejor nivel de vida. Estados Unidos (que se declaró independiente en 1776, pero siguió peleando una guerra revolucionaria contra la Gran Bretaña hasta 1783) registraba en 1820 un PIB per cápita de 1,257 dólares Geary-Khamis. Para 1870 había duplicado su ingreso promedio a 2,445. México, que tenía en 1820 un PIB por persona 60.4 por ciento del estadounidense, en 1870 alcanzaba ya solo el 27.6 por ciento. 

Algo hicieron bien los estadounidenses con su independencia, mientras nosotros la manejábamos muy mal. Entre 1820 y 1870 la Unión Americana superó en PIB per cápita a naciones tan ricas como Alemania, Francia y Suiza, quedando solo atrás de los Países Bajos y el Reino Unido, a los cuales rebasaría no mucho después. México, en cambio, se empobreció de manera dramática en ese mismo medio siglo. 

El cura Miguel Hidalgo no exigió la independencia de México en la madrugada del 16 de septiembre de 1810; protestó simplemente contra el mal gobierno colonial y pidió preservar la corona de la Nueva España para Fernando VII, el Deseado, legítimo sucesor del rey Carlos IV. Los criollos mexicanos, sin embargo, estaban cada vez más convencidos de que el territorio no podía ya seguir sujeto a la corona española. 

La independencia llegó al final por una alianza entre un grupo de criollos conservadores, representados por el coronel realista Agustín de Iturbide, y otro de insurgentes liberales encabezados por Vicente Guerrero, quien mantenía un foco de resistencia en las sierras del Sur. Al contrario de lo sucedido en Estados Unidos, donde se consolidó pronto un gobierno que pudo, mediante elecciones democráticas, resolver en paz las diferencias entre los revolucionarios, en México conservadores y liberales pelearon una guerra tras otra sin permitir una situación de paz y orden que hiciera posible la inversión y el crecimiento. 

No fue culpa más que nuestra: los mexicanos, con independencia, creamos las condiciones que provocaron nuestra pobreza, mientras los estadounidenses edificaron su prosperidad con diligencia. El hecho es que 50 años después de la independencia México era más pobre que al terminar la era colonial. 

Connaturales

El Tribunal Electoral ha revocado las multas a Samuel García, gobernador electo de Nuevo León, porque consideró que los mensajes en redes de su esposa, la influencer Mariana Rodríguez, son "connaturales" a una relación matrimonial. De acuerdo, pero entonces otros apoyos de cónyuges y familiares tendrán que ser aceptados también. Mejor sería eliminar la censura en las campañas. 

Twitter: @SergioSarmiento